martes, 19 de febrero de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (NELSON MERENTES)

Nelson Merentes
EL ALGORITMO DE UNA REVOLUCIÓN
Era su segundo café con un toquecito de cognac, este combinación le daba un sabor afrutado, que con el amargo del café, constituía uno de sus brebajes favoritos para soportar el grueso frío que acaecía en las riveras del Danubio. Veía por la ventana de su apartamento en la calle Andrássy, todas aquellas riquezas y ruinas que contenía Budapest como sombras de su pasado. Ese día había hallado otra posible solución a su problema favorito dentro del espacio de Hibert: dx(t)={Ax(t)+Bu(t)+f(t,ω,x(t),u(t))}dt+{Σ(t)+σ(t,ω,x(t),u(t))}dw(t) un espacio donde U,A:D(A)⊂X→X los unía en semigrupos logrando al final reducir todo a dx(t)=Ax(t)dt+Bu(t)dt+Σ(t)dw(t) obteniendo así crear una interesante fórmula para comenzar otras investigaciones matemáticas. Estaba contento con lo que escribía en esa tarde asoleada de invierno, pero también quería salir, ir de compras, quizás cenar en Kéli Vendémo, aquel restaurant con más de cien años de historia y que estaba situado bajo el puente de Arpad, allí podía saborear platos húngaros que sólo podían existir en las pulsiones de los más sibaritas; pero desde que, en varias ocasiones, viendo la iluminación del Parlamento desde el Bastión de los Pescadores, grupos de venezolano lo atacaban, salía cada vez menos. En su mente recuerda las imágenes de profundo odio en las caras de sus conciudadanos, le llamaban ladrón, hijo de puta, mal parido y especialmente coño de madre; una vez le lanzaron un gran vaso que se estrelló en su mesa salpicándolo de vidrios y cervezas. Alguna vez intervino la policía, pero no entendía nada de lo que ocurría, entre los gritos de los venezolanos que insultaban y quería golpearlo y el regular húngaro que Nelson Merentes había aprendido en su estada doctoral en la universidad Eötvös Loránd. Cuando dejó Venezuela, antes de la caída del régimen, decidió renunciar a su cargo, el problema había sido la imposibilidad de complacer al nuevo líder. Cuando Chávez gobernaba y él era el presidente del Banco Central de Venezuela, sólo tenía que ajustar cuentas con algunos algoritmos para darle el dinero y complacerlo. Llegó a pensar en tener una vida cómoda al jubilarse y para ello consideró que el arte de complacer abriría todas las oportunidades y ganancias, así que complació al presidente, a sus amigos, a sus familiares, especialmente a Adán Chávez, a los colegas revolucionarios de otros países y por supuesto se complacía a sí mismo, por lo que no era extraño que con unos amigos, en cada oportunidad y desde el Club Puerto Azul, salían en algunos de sus yates que siempre colocaba al nombre de un amigo que lo complacía para ir a la Tortuga, aquella legendaria isla que ocultaba piratas, con algunas botellas de cognac, whiskey o tequila y por supuesto, con algunas animadoras y aspirantes a Miss Venezuela que le divertían y le hacía olvidar sus penas de juventud. También dio caprichos a todas sus novias, donándole operaciones de senos o cirugía de nariz, pero luego de que Hyser le robara 300.000 mil dólares creando un petit scandale en la prensa nacional junto con una investigación a su pupila, Mariana, luego de su Miss Venezuela, lo habían cabreado. Al final logró parar los escándalos de su avatar como sugar daddy, complaciendo con dólares, porque ya los billetes en bolívares que firmaba valían cada vez menos, a algunos enemigos y periodistas sin escrúpulos. Pero no fueron sus pequeños caprichos, cabreos o complacencias lo que lo hizo renuncia sino la cantidad de personas alternas que asesoraban al presidente Maduro; desde Luis Salas, quien fue su Ministro de Economía explicando que: "la inflación no existe en la vida real", pasando por los españoles Serrano Mancilla quien escribió un texto titulado Las pruebas del crimen económico contra Venezuela, donde enfatiza las orquestaciones internacionales para quebrar la economía del país y especialmente a Juan Carlos Monedero, al quien no soportaba porque en varias reuniones repetía que Venezuela es un laboratorio de donde nacerán las nuevas consignas para la trasformación de la humanidad, hasta individuos del gobierno como Tareck El Aissami quien siempre tenía uno o dos amigos sirios o libaneses que podían arreglar la economía del país con bonos o advertirle a Maduro que con el Consejo Nacional de Economía Productiva todo se solucionaba, pero lo que realmente le molestó, es que a diferencia de Chávez, Maduro no entendía lo más elemental de las matemáticas, ni colocándoles las cifras en notación científica para que no se perdiera entre la cantidad de ceros que agobiaba la economía. Así que hizo sus cuentas y renunció ante las certezas matemáticas del que el país se iba al carajo y su estatus de sugar daddy menguaría. Ahora, a veces, se reúne en su casa con algunas adolescentes húngaras a las que le enseña matemáticas gratis y entre sonrisas y algunos pagos en florines húngaros, trata de divertirse, pero ve últimamente que algunas vienen acompañadas hasta la puerta de su casa con alguien con aspecto de matón a los que llaman hermanos, y a veces, algunos policías miran a su vivienda desde la calle señalándo sus ventanas, en fin, siempre teme que un anónimo termine su vida o robe su dinero, así que trata de regresar a las formulas matemática para olvidar sus miserias que nacieron un día en su Naiguatá natal.


lunes, 18 de febrero de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (MARIO SILVA)




MARIO SILVA GARCÍA
METAFISICA REVOLUCIONARIA.
Mario Silva se toma su vaso de ron mientras mira el mar desde su cuarto de seis metros cuadrados que le alquila la familia Valdés, lo hermoso de esa habitación es que  puede verse la Bahía de la Habana y a lo lejos su faro. Es un cuarto pequeño pero lleno de libros, especialmente de metafísica y de teoría revolucionaria, en una esquina algunos libros del Ché Guevara, Gramsci y un ejemplar del libro IMPERIO firmado por Negri y Hardt. En la mesa hay unos cuatro discos duros portátiles, aquellos que guardó para su seguridad y que no entregó en el lote de veinte discos duros que cedió a la CIA para que le permitiera llegar a La Habana y no terminar en la cárcel de Guantánamo como lo consiguió Padrino López al no permitirse detener las matanzas. Recuerda de pies, mirando por la ventana, cuando el mismísimo Chávez lo llamó el Robin Hood comunicacional, que robaba y se burlaba de las ricas empresas de comunicación, sus verdades, para contarle al pueblo la realidad de la revolución. Él nunca se ha sentido un personaje oscuro, manipulador, maquiavélico, cínico y charlatán como lo quisieron vender sus enemigo, él se sentía como maestro que tenía que educar al pueblo para que no fueran ignorantes y lograran reconocer los bulos y los fakes news con los que atacaron la revolución bolivariana, por eso siempre daba la cara, por eso siempre decía que verdugo no pide clemencia. Mario Silva se sienta frente a su computadora portátil, la cual no tiene Internet, así que no sabe lo que ha ocurrido en Venezuela en los últimos años, pero por los rumores que le llegan se imagina una Venezuela totalmente distinta a la que dejó. A veces, le han comentado por las calles y en reuniones por La Habana, que la Revolución Bolivariana del siglo XXI fracasó, pero eso es falso según él porque en realidad nunca la dejaron Ser. Desde que está en La Habana ha tratando de explicar esa función metafísica del Ser dentro del quehacer de una revolución; por eso abre el documento en su portátil que ha titulado: Metafísica Revolucionaria, un ensayo que lo alarga, mes a mes, para tratar de llevarlo a un libro. Lee y escribe, y reescribe el capítulo siete, trata de tomar el argumento principal de Aristóteles de que si el Ser se dice de varios sentidos, pero que sólo hay un sentido propio de éste, y según Aristóteles es la esencia. Mario Silva se toma otro trago de ron y se sigue preguntando cuál era la esencia de la Revolución Bolivariana, ¿sería como aseguraba Norbeto Ceresole, que la esencia de la revolución era Chávez porque el pueblo Venezolano le dio un mandato “claro y terminante” a una persona física y no a una organización genérica o una idea abstracta?, o ¿quizás, sea esa idea de substancia que Aristóteles define en su Metafísica, libro XII, y que se caracteriza porque es inmóvil en y para sí, pero que al mismo tiempo infunde movimiento a todo lo demás, por lo que su esencia es la actividad pura sin materia? Mario Silva escribe sus reflexiones pero cuando está a punto de termina cinco páginas de análisis y teoría derivada de aquella esencia que es actividad pura sin materia, se va la luz. Mario Silva se levanta y golpea la mesa, recuerda cómo su mal humor se disparaba al igual cuando hablaba con Diosdado sobre Cuba y éste se reía sarcásticamente jurando que sería el último país que visitara. Mario Silva quiere saber por qué se fue la luz, sale del edificio y al frente están: Luisito, Carmencita y Celestina, le pregunta si la luz se fue en toda la cuadra, responden que sí. Mario Silva se siente en el rellano de la entrada, recuerda que cada vez hay más apagones, para algunos, porque cada vez hay menos petróleo para los generadores eléctricos. De repente algunos amiguitos de Luisito entran juntos con él. Se reúnen cerca de Mario Silva, éste con su mística pedagógica le comienza a explicar metafísica revolucionaria. Uno de los amiguitos de Luisito le pregunta si en verdad conoció en persona a Fidel Castro. Mario Silva saca un smartphone y le enseña fotos de él con Fidel, de él con Chávez y de él sólo con una gorra de béisbol. De repente le cuenta un partido de béisbol entre Cuba y Venezuela donde el presidente Chávez fue pitcher, tercera base, cuarto bateador y casi madrina del equipo; ¿y Fidel?, preguntó Luisito. Fidel fue manager, desde el dugout hacía señas y cambiaba los jugadores, he inclusive engañó a Chávez mandándole unos negritos anónimos barrigones y barbudos pero que eran Orestes Kindelán, Germán Mesa, José Ariel Contreras. ¡Cuba ganó! Sentenciaron al unísono la voces de los niños luego de oír con alborozo las tácticas de Fidel y los nombres de esos jugadores. Sí, Cuba ganó y Mario Silva regresó a su cuarto después de subir los ocho pisos de un edificio cuyo ascensor dejó de funcionar una generación atrás. 

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (NICOLÁS MADURO)


NICOLÁS MADURO MOROS
CUENTOS MADUROS
Maduro está en un lugar alejado en Siberia, en un apartamento sólo, le acompaña unos perros pequeños y un ruso alcohólico pero que habla español y fue de la policía secreta, y que ahora todos los días le pide la bendición mientras bebe un poco de vodka. Su mujer se quedó en alguna playa paradisíaca en el Caribe con sus mejores amigos, vendiéndoles a los turistas socialistas historias de revolución. Maduro entre el frío siberianos escribe sus memorias en forma de cuentos y lo titula: Cuentos Maduros, porque lo único que aprendió a escribir y a decir son cuentos cortos ficcionales que buscaron ser realidad porque sentía que tenía el don de la palabra. Hace mucho frío en Siberia pero sabe que esa tarde irá a visitarlo unos jóvenes comunista de Eritrea del Sur para tomarse fotos y saludarlo, a veces le llevan regalos como un kilo de azúcar o un aguardiente de la región, pero lo tiene que esconder porque el ruso borracho que lo atiende y vigila siempre le roba el alcohol. Ha adelgazado y eso lo hace sentir mejor. Escribe capítulo a capítulo su obra para exorcizarse del agobio que le hicieron Diosdado, los hermanos Rodríguez, Aristóbulo, Arreaza, Padrino, que lo volvieron títeres, pero que es esos momentos de gloria revolucionaria, él pensaba que era el iluminado de un pensamiento que Chávez había parido sin tintas ni argumentos. En los primeros cuentos Maduro relata cómo y dónde realmente murió Chávez y cómo fraguaron la última firma del caudillo para declararlo vicepresidente y así allanar sus pasos a la presidencia, también recuerda su Cúcuta natal y cómo nadie fue capaz de ver su partida de nacimiento y aunque es un documento público él pudo esconderlo de todos para siempre. También en estos primeros capítulos recuerda su admiración a la película Dr. Dolittle y sus momentos de epifanías cuando habla con pájaros, gatos y en la actualidad con sus perros, aunque estos le contesta en ruso. Los siguientes cuentos son cuentos de poder, de cómo atar conciencia con la ayuda de Shangó y menguar la economía, de cómo amalgamar fuerzas con Oshún en una asamblea constituyente, de cómo defenestrar intereses con Obbatalá y países cuyos presidente se han declarado inmortales, de cómo crear sumisión con la ayudas de Eleggúa y la repetición de una mentira, de un programa, de un cuento o por lo menos Andollo Valdés y varios miembros de G2 le explicaron y ejecutaron. Maduro pensó en escribir su historia de amor con Cilia, pero decidió prescindir de esas páginas donde su mujer le exigía a cada rato que tenía que ser un hombre, que tenía que ser fuerte, que era el hijo, el heredero del antiimperialismo, que era como un personaje de Marvel que ella admiraba, pero a la vez de cómo debía de ayudar a todos aquellos que le hacían la pleitesía a ella, mientras a veces, lo dejaba masturbar mientras ella hacía actos sexuales con algunos miembros de su guardia personal, la mayoría hombres negros cubanos de grandes penes, y mientras se la follaban ella le hablaba de Gala y Salvador Dalí, pero él no entendía mucho de metonimias y lo que siempre quería era correrse lo más rápido posible para luego fumarse un habano que le llegaban del gobierno de los Castro. Los últimos cuentos fueron sobre cómo le hicieron un jaque mate por malos cálculos de sus amigos y enemigos, de cómo al final los revolucionarios chinos se acostaron con el mejor postor capitalista y por algunas miles de hectáreas de terreno fértil para su soya, de cómo los turcos se contentaron con algunas toneladas de oro y a cambio le enviaron un avión con Salt Bae para que le cocinaba una carne de cordero en menta mientras huía del país, rumbo a Rusia, donde Putin pedía su culo, cientos de cuentas en paraísos fiscales, oro, diamante y coltán por las pérdidas que hizo a las empresas de sus amigos en Rosneft, Lukoil, Kaláshnikov. Ahora escribe los últimos capítulos de su libro de cuentos, mientras ve por Internet un país llamado Venezuela que no reconoce, pero eso sí, desde hace años tiene la costumbre de acostarse agradeciendo a cualquier Dios de turno que lo escuche el no haber terminado como Mussolini, Ceaucescu o Gadafi o con una vida miserable, aunque un cáncer de colón no lo deja evacuar bien por las mañana y a veces su mierda se desparrama en sus manos, en fin, Maduro debe terminar de escribir las últimas estrofas de su libro para pasar a la historia como otro bufón más.     

jueves, 3 de enero de 2019

HVA VIL FOLK SI - DOMIGO DE CINE (16)

Película Hva vil folk si
País Noruega
Titulo en inglés What will people say
Titulo en español El viaje de Nisha
Año 2017  Duración  106 minutos
Directora Iram Haq
Actores Maria Mozdah, Adil Hussain, Ekavali Khanna, Rohir Safard, Ali Arfan
Sinopsis
En plena adolescencia, Nisha vive pliegues de dos culturas, por un lado la Occidental escandinava marcada por el cristianismo, el individualismo y una filosofía pragmática de búsqueda de la felicidad; por otra parte, la Oriental pakistaní, marcada por las tradiciones de la lengua urdu, la religión musulmana y el pensamiento hindú de castas y familias, así en casa y con su familia, ella se presenta como una hija que acata la cultura pakistaní, pero por otro lado, con sus amigos, es una adolescente noruega normal. Cuando su padre la atrapa en su cuarto con su novio, los dos mundos de Nisha chocan brutalmente. Como medida disciplinaria los padres de Nisha deciden llevarla con familiares en Pakistán, un país en el que nunca ha estado, mostrando así lo complejo que son las adaptaciones culturales que sufren millones de personas en el mundo.

Pensar la película. 
En principio este tipo de película de choques culturales has sido presentadas en innumerables ocasiones en diversos formatos culturales, así como ciento en diversos tonos y perspectivas. En el cine fue quizás Los dioses deben de estar locos, 1980, de Jamie Uys, la primera película que me hizo percatarme de los distintos niveles y visiones que existen en los choques culturales, me acuerdo especialmente el momento en que Xixo, el bosquimano, describe la fealdad de una mujer que bajo los cánones de belleza de Occidente representaría un tipo de beldad, así como cuando entra en la cárcel y una persona explica que morirá allí porque no entiende los espacios cerrados. Esta película en categoría de humor muestra este tirar y encojer de las percepciones de la realidad derivados de los pensamientos culturales en los cuales nos hemos desarrollado y habitamos, y sí nos produjo risa, es porque descubrimos con el tiempo que todo aquello que es distinto a nuestras visiones culturales reaccionamos con risa... o miedos. Podemos hacer una lista donde la percepción del amor ( La masai blanca, 2005, de Hermine Huntgeburth ), de la sociedad ( Good by, Lenin, 2003, de Wolfgang Becker ), de la dignidad ( Casa de arena y niebla, 2003, de Vadin Perelman ), o inclusive sobre los sentidos de vida ( Borat, 2006, de Larry Charles ), son mostradas desde distintos ángulos culturales, mostrando así diferentes narrativas cinematográficas, esta lista es corta, muy corta cuando sabemos que hay miles de películas cuyo eje son precisamente los choques culturales con sus aciertos, aburrimientos y estereotipos, así como los innumerables ensayos que hay al respecto y donde resaltan desde los colonialismos culturales hasta las revoluciones del alma, de lo femenino, de Dios; por lo tanto qué nos propone El viaje de Nisha al respecto. Posiblemente su parte más seductora es que la película plantea este eje de choques culturales como un boomerang, por un lado una cultura que nos es familiar como la europea escandinava, donde el individuo busca su felicidad sobre cualquier otro paradigma, donde las instituciones protegen y alientan este paradigma con normativas y leyes derivadas desde el pensamiento griego y la ley romana. Una síntesis gruesa diría que la Europa escandinava plantea una sociedad de control donde no hay margen para la libertad sino para la consolidación del individuo dentro de un bienestar material, donde existen diversos mecanismos que controlan y diseñan nuestras actividades y deseos desde la mañana hasta la noche y desde que se nace hasta que morimos. En estas sociedades se ha desplegado todo un arsenal digital de monitoneo a través de la tecnología y el marketing que se ajustan dentro de una política pública uniformada acorde con un estado de bienestar establecido por el consumo y el éxito. El sujeto es observable, necesitado de guías, de sugerencias, propias de un Estado de control y regulación; esto lo observamos cuando una vez que el padre golpeó al novio de Nisha, las autoridades noruegas muestran como supieron de lo ocurrido ( el monitoneo de los vecinos), además de cómo protegen a Nisha de sus familia residenciándola en una institución de albergue. Hasta aquí habría una aceptación políticamente correcta y racional dentro de los parámetros de las sociedades modernas del siglo XXI; pero por otro lado, la película mostrará cuál lejos está éste estado de bienestar en relación con otras posibilidades culturales. El viaje que comienza Nisha, se inicia con la pérdida de la tecnología de monitoneo y control, es decir, se le destruye su móvil, las redes sociales y las instituciones que resguardan su individualidad para adentrarse al lugar cultural de donde provienen sus padres, una sociedad disciplinaria, donde el concepto de familia y tradición son los principales ejes de significados y sentidos, donde se manipula al individuo a través de una educación sustentada en metafísicas religiosas, buscando su sometimiento, la obediencia para lograr la docilidad de los cuerpos que serán el transfondo de un producto público que armonice con políticas propias de las sociedades de vigilancia y castigo. Este ir y venir tan crudo entre estas dos sociedades, de la sociedad de control a la sociedad disciplinaria y viceversa, esta dos propuestas culturales donde en una se enaltece al individuo y su albedrío para hallar la felicidad, mientras en la otra la felicidad son cristalizaciones de una serie de hechos colectivos indicados desde la tradición y la familia, estas dos orillas donde mutuamente se acusan, la una, la de los padres de Nisha, de ser bárbara, arcaica, machista, asfixiante al pensamiento plural a la vez de ser cercenante al sentir individual, mientras la otra orilla, aquella donde se ha educado Nisha, la escandinava, la acusan de deshumanizada, superficial, insensible a la historia, religión, herencia, moral que se hallan en el núcleo del concepto familiar, devaluando así su función y perspectiva política en algunas sociedades modernas, presentando a veces a las familias como encubadoras de donde saldrán los técnico de las sociedades de control. En el fondo la película muestra bisagras que nos conforman, mostrando el doble fondo de nuestra psiquis y que abarca a millones de individuos en el mundo que vive entre dos culturas, entre dos herencias, entre dos sociedades, entre dos éticas, quizás por eso en la actualidad las personas están más perdidas aunque mejor informadas, más estudiadas pero más embobadas con las modas, más abiertas pero más manipulables, más críticas pero más superficiales, más escépticas pero más inestables, más realistas pero más narcotizadas, más solitarias pero más influíbles, más libre para expresar los deseos pero más masturbatoria. Podemos pensar que las críticas que se realizan desde una orilla a la otra obvian lo largo que es cada orilla, a la vez de desconocer la profundidad del río que hay que atravesar para buscar un equilibrio crítico entre ambas. Obvian que el mundo se ha conformado culturalmente a lo largo de la historia con el concepto de familia como uno de sus ejes fundamentales, que no es fácil deconstruírlo con argumentos de bienestar individual o políticas de la felicidad egoístas, pero también las tecnología tratan de implantar un concepto de familia con cientos de metominias como Facebook, Twitter, Instagram, etc. que socavan y crean la bisagra de dualidad en que nos estamos convirtiendo. En el fondo esta película es una metáfora que nos habla, tal cual muestra en su inicio y en su final, de una carrera sin fin para hallarnos entre meandros culturales y meditaciones intranscendentales.   
 
TRAILER

 
 

viernes, 2 de noviembre de 2018

NIETZSCHE JAPONIZADO


Dionisio y Apolo son las dos figuras míticas que engranan los motores del drama existencial para Nietzsche. El germen de la voluntad de poder está en el devenir de esta particular dialéctica, entre las formas, la mesura, el control y el orden que representa Apolo; y la exuberancia, la potencia, la prodigalidad, los remolinos sin norte que conforman la representación de Dionisio. Este proceso dialéctico no deben ser visto como una lucha de fuerzas opuestas, sino como encuentros complementarios que permiten al ser humano vivir y hallar su plenitud. Viviendo en Venezuela estudié filosofía y terminé mi formación realizando una tesis de grado sobre Nietzsche, una tesis de grado en la cual trataba de entender las propuestas morales del filósofo, pero en ese entonces no me percaté de que vivía en medio de fiestas saturnales, en un constante encuentro y renacer con y en lo dionisíaco; mis estudios de filosofía apostaban por las desmedidas, por las exageraciones, por las arrogancias y lo orgiástico, así que mi tesis tenía los tintes propios de lo dionisíaco, una moral anquilosada de heroísmos y grandes metas, una búsqueda de dejar de ser un camello para llegar a ser un niño, pero estancándome argumentativamente en la metamorfosis del león; esa tres metamorfosis que Nietzsche nos habla en su Zaratustra: camello, león, niño; pero ahora, a la distancia temporal y espacial, pienso que uno de los errores que circunscribe a Venezuela es que está resemantiza por una constante atmósfera dionisíaca, quizás debido a una serie de desarrollos míticos como aquel que nos explica que somos una nación rica gracias al petróleo, un país lleno de hermosas y voluptuosas mujeres y donde los amigos se reunen a beber whisky y hacer parrilla, porque lo más normal y corriente de hacer en una reunión de amigos en Venezuela era  beber whisky y comer parrilla, quizás como en muchos lugares en el mundo los amigos se reunen a beber y comer, pero el whisky era algo tan vital y normal que no nos permitíamos otras bebidas, whisky escocés costosos cuyas botellas adornaron muchos basureros por Caracas; además de visualizar como el mayor logro venezolano realizar la sentencia: "Dios no me des, ponme donde haya" o "Señor, tú ponme donde haya, que yo me serviré", como si estas sentencias representaran una guía cultural y social en Venezuela, similar a lo que es The American Dream para los estadounidenses, así que todo el mundo busca la forma de aferrarse a una "teta" hinchada que lo hiciera vivir en grandes casas, comprar vehículo todo terreno, organizar fiestas opulentas, orgías divinas y realizar viajes exóticos, porque esa "teta de abundancia" que se mueve por el inconsciente colectivo del venezolano, en el sello de nuestro mito dionisíaco, sin importar si esa "teta" es de "guisos" políticos, corrupción de valores y ética, engaño a consumidores o vendedores, o simplemente ejercer la mafia armada entre drogas y robos. En el trasfondo del devenir reflexivo del venezolano está patente las imágenes de la abundancia, la opulencia, la exageración, inclusive en los inicios como nación, en nuestro símbolos como el escudo nacional, siempre ha tenido dos cornucopias, (igual que Colombia pero sobre ellas hay un buitre, lo que indica precausión y desconfianza), sin importar si el caballo blanco va hacia la izquierda o hacia la derecha, siempre ha estado presente en el escudo de Venezuela, desde 1830, (el caballo no, éste ingresó en el escudo en 1836), este talante dionisíaco delata a muchos venezolanos en muchas partes del mundo, un talante que anula cualquier posibilidad de orden, de control a aceptar nuevas reglas y estructuras culturas, a elaborar formas de igualdad, jerarquías, equilibrio o cualquier intuición de algún impulso apolíneo, como lo podemos apreciar en la actualidad, en las desmedidas y desmesuras políticas que ha hundido a Venezuela a lo largo del siglo XXI.
Llegar a Japón fue arribar y congestionarme con la fuerza opuesta de la que provenía, un país totalmente apolíneo, amante de las formas y del orden, donde las desmesuras o la opulencias es automáticamente desechada e inclusive mal vista y donde The American Dream japonés, para los hombres (ya que hasta los sueños están jerarquizado por género y estatus social en este país, ¿obvio?), es entrar en una empresa a trabajar, porque el trabajo es el principio  y fin de cierta perspectiva de vida muy acentuada por esta isla, y el de las mujeres, ser una ama de casa cuidado dos o tres niños, administrar el dinero del esposo y consumir en tiendas de descuentos o descubriendo nuevos café o restaurantes. Venir de un país atmósfericamente dionisíaco para residir en un país atmósfericamente apolíneo, fue alabar las carencias del primero, así en mis primeros años en el país del Sol Naciente, fue sorprenderme por el orden, por la eficiencia en las actividades rutinarias que van desde tomar el autobús hasta el pagar una factura de luz, por las formas mesuradas en que las personas realizan sus vidas cívicas, ya que nadie habla alto, no hay música estridente ni toque de cornetas en la calle, nadie te empuja y si lo hace te pide disculpa, todos hacen cola y toman su turno con resignación, te devuelve algo que pierdes o se te cae, te sonríen al entrar a una tienda, y todos, absolutamente todos, consideran las molestias que pueden generar a una persona en la calle, y si las genera por algún tipo de necesidad, te vuelven a pedir disculpa, igualmente uno se maravilla por la exatitud del uso del tiempo, del dinero, de las conversaciones, así como las jerarquías para apreciar la vida y la belleza, y por supuesto, sorprenderse por el minimalismo de sus artes como el origami que usa una simple hoja u hojas de papel coloreadas o de su gastronomía (qué más mínimo que un poco de arroz y un trozo de pescado crudo para realizar un boccone di cardinali), pero al igual que en Venezuela donde hay un desprecio hacia lo apolíneo, por aquí cualquier indicación al impulso dionisíaco, parece una broma de mal gusto, por lo que mi existencia ha ido de borde en borde y con el tiempo lo apolíneo cansa, mecaniza, atormenta cualquier forma de crítica, creación o bienestar. 
En el mundo dionisíaco de Venezuela todos han leído a Nietzsche, o por lo menos eso predicaban por los pasillos de la universidad, en las ferias de comida de los centros comerciales; claro, también han leído a Marx, Freud, Bolívar, Diderot, o cualquier otro escritor u obra que esté de moda, o sea, opacar con un conocimiento supino pero constante una conversación de café o en cervezadas, es uno de las principales creaciones en las atmósferas dionisíacas en Venezuela. Es quizás esta particularidad una de las exageraciones del venezolano que lo delata: conocer de todo sin haber leído nada, como hacía el presidente Chávez, así como muchos profesores que tuve y colegas de academia; toman una idea, una cita, unas líneas y la explotan hasta diluirla, sin mesurar o sin dar la real forma a la interpretación que se necesita. Por este mundo apolíneo, sólo dos de mis conocidos japoneses saben, o quizás creen saber, quien fue Nietzsche, Marx y extrañamente Freud, advirtiendo que no han leído ninguno de sus libros, sino han leído en algunos libros de divulgación sobre la Historia de la Cultura Occidental sus aportaciones; lo curioso es que en Venezuela, en pocos lugares, se venden las obras de Nietzsche, y a veces conseguir todos sus libros y los de sus comentaristas como Deleuze, es un trabajo de meses, paciencia, gasto económico y paseos por varias librerías, por lo menos en mi época de estudiante, cuando uno iba a una librería real y no virtual, quizás ahora sea más simple con Internet, pero Japón, si bien por Internet se puede comprar cualquier libro, a veces, cuando voy a tomar un café en el centro de Kagoshima para luego, en la noche, reunirme con unos amigos en el restaurante de uno de ellos, durante ese intervalo, ese hábito de recorrer librerías me carcome, así que entro a una de ella, voy a ver libros, siendo esta actividad una forma silenciosa de pasar mi tiempo, por lo tanto, una vez al mes, desde que vivo en esta ciudad, realizo dicha rutina. A diferencia de las librerías a las que iba en Venezuela, por aquí casi no compro libro, los principales obstáculos son, por supuesto, la imposibilidad de leer fluido en japonés y en una segunda instancia, algo banal, es que los libros de literatura no son atractivos, todos son mas o menos cortados bajo el mismo formato, con el mismo tipo de papel, impresión y similares portadas, no hay algún atractivo visual, el libro lleva un aura de aburrimiento que aún no logro superar (¿será por esto el énfasis y el éxito de las mangas como alternativa de los aburridos libros japoneses?), claro, hay ediciones impresionante, pero igual de impresionantes son sus precios. Hay ciento de decenas de libros en la principal librería de Kagoshima, de todas las áreas y temas, pero los de literatura son quizás los más aburridos en general, en cambio los de filosofía poseen mejor portadas, diversidad de tamaños y diversos tipos de letras y papel, y son mucho mas económicos que los de literatura. Sí, en definitiva ir a los estantes de arte, con innumerables libros de artistas y estilos, y el de filosofía, son las mejores áreas donde uno puede estar por un largo tiempo por aquí, donde además puedes tomar el libro, ir a una silla y leerlo, acción que era considerado una herejía en las librerías en Venezuela.
Cuando realicé la tesis leí casi todo lo que se había publicado en español sobre Nietzsche, fueron dos años buscando libros, leyendo, subrayando, comparando y escribiendo, por lo que me fue natural en algún momento de mi ocio librero buscar obras de Nietzsche en Japonés, y sí, están sus principales obras, en varios formatos y estudios, pero al lado, y casi siempre en la misma proporción, hay una cantidad de libros en contenidos y formatos curiosos, llenos de dibujos, recetas y consejos donde Nietzsche actúa de sensei como el libro: El Nietzsche de Hello Kitty "Acerca de lo importante de la fortaleza de la vida". (?). Aunque cuesta entender, el estante de filosofía de una de la más cardinales librerías de Kagoshima, tiene las principales obras que un estudiante promedio de filosofía necesitaría, desde los presocráticos hasta Derrida, y cuesta entender porque en éste país, la filosofía es una área de estudio tan yerma como los estudios de arqueología en Venezuela. Lo más curioso, es que uno de los estantes que posee más libros es el de Nietzsche, hay varias traducciones de sus obras, libros de comentarios realizado por especialistas clásicos y japoneses, es decir, el mundo nietzscheano está al alcance de cualquier curioso, lo particular de este estante, a difirencia de otros, como el de Descartes o Heiddeger, es que muchos libros tienen formato de revista y otros de manga, productos editoriales llenos de dibujos e historias, donde, de vez en vez, aparece el rostro de Nietzsche, explicando o precisando algo. Obviamente no explican que durante la vida de Nietzsche la técnica prometía liberar a la humanidad para dejar el oscurantismo religioso, creando un optimismo en la racionalidad, hacia el progreso ilustrado y en este devenir, Nietzsche busca replantear la moral que se balanceaba entre la ciencia y la religión, pervirtiendo así la vida y la libertad del hombre. Tampoco en estos productos editoriales plantea que Nietszche no aceptaba la moral como algo derivado desde una metafísica, ejerciendo así una presión de unicidad, bien sea por un Dios, una ideología  o por una teoría evolutiva, sino la moral como resultado de complejos procesos culturales, donde el  ser humano debe despojarse de cierta trascendentalidad para ubicarse como un ser mundano, lejos de dualidades, bisagras o dialécticas donde los valores se marquen únicamente como verdad o error, para Nietzsche los valores son relativos a una determinada situación histórica y determinadas a estructuras culturales, lejos de cualquier eternidad o leyes divinas, replateando los intintos y visualizando las figuras de Apolo y Dionisio, como procesos que logran desarticular las metas trascendentes mostrándola como una ilusión de un ser intrascendente, y es que la trascendencia a la vida es dejar de vivir destruyendo por lo tanto la vida; debilitándola, quebrándola volviendo la vida un valor negativo en el pensamiento. Para Nietzsche por tanto, la moral debe adoptar la vida como criterio, que es la que lo hace perfeccionarse, superarse, así que todo lo que decae la vida es un criterio moral negativo. La genealogía de la moral, libro del cual parte estos pensamientos, es un rescatar de los impulsos vitales, que implica la vida y desde ahí reconfigurar la moral en su relación cultural-vida, pero todas estas reflexiones que se pueden tener leyendo atentamente algunos de sus libros, son anulados, dispersados, especialmente lo dionisíaco como propuesta necesaria para la realización de una vida plena, y esto es el Nietzsche japonizado por editoriales que ofrece productos donde Nietzsche es el personaje principal, así todos estos productos editoriales en forma de manga o revistas con dibujos de la obra de Nietzsche son manuales coaching y en algunos casos, libros de autoayuda declarado abiertamente; a diferencia de otros filósofos como Kant, Hegel, Gadamer, sólo en la estantería de Nietzsche aparecen este materia de coaching y/o autoayuda, realizandos en cientos de viñetas para exacerbar sentimientos de superación y de competitividad, y es quizás porque Nietzsche usa palabras como superhombre, voluntad, poder, creación, siendo estas las que mantienen una especie de mercacherding que siempre consigue consumidores en este siglo de perdidas no asumidas, Internet, de "hacerlo uno mismo" (aunque no tenga herramientas), y de cientos de frases mimosas que junto al tiempo usado en videos virales donde la estupidez humana se acrecienta, han transformado al individuo en un cazador coaching, de gente que "sabe", de personas con aura o mística, que le plantee una metafísica del buen ciudadano explicándole que el autoesclavizarse por sus metas transendentales derivadas de lo "políticamente correcto" y de un bienestar seudoburgés es el fin del Ser Humano en la tierra. 
La cultura venezolana banaliza las obras de Nietzsche, el constante vivir en lo dionisíaco bestializa al hombre, así el pensamiento de NIetzsche va entre bromas como: "lo que no mata engorda" o estableciendo argumentos descontextualizados como "Dios ha muerto" para discutir con cristianos de cualquier índole o fanatismo, o pensando de que somos superhombres, porque carecemos de miedo y poseemos cuatro testículos, de ahí que a cada rato, políticos, estudiantes, malandros, ama de casas y prostitutas griten: "quién dijo miedo, carajo", "Yo no tengo miedo, carajo". Todas las prudencias, todas las mesuras, todas las formas de interpretaciones se desvanecen por mostrar arrogancia o poderes supuestos (¡usted no me conoce, usted no sabe quién soy yo!). En Japón es lo contrario, hay tantas formas y mesura que el constante vivir en lo apolíneo automatiza la conciencia, siendo la bestalización y la automatización para Nietzsche, elementos propios de la domesticación del hombre, las principales estrategias de la cultura Occidental para controlar al hombre y su vida, así en lugar de tener un ser humano cretivo, feliz, crítico, se les desvirtúa y debilita tanto, que sus instintos creativos merman, su castración gnoseológica es evidente imposibilitándolo discernir entre el mundos real y los aparentes que crea la economía, la política, con ejes trascendentales que buscan establecer un "deber ser" que nunca se alcanzará, creando desánimos, frustraciones y en última instancia fabricando nihilismos como se producen en Venezuela y Japón. Para Nietzsche el nihilismo es el querer la nada, es decir, querer lo inaccesible, lo inalcasanble, como vemos constantemente en la realidad venezolana por los medios de comunicación, y en la japonesa cuando hablamos y conocemos esta cultura de líneas rectas y categorías.  Volver a la vida para Nietzsche es vivir la felicidad entre su nacimiento y muerte, pero la felicidad la venden en los libros japoneses de Nietzsche como una meta, como un esfuerzo para lograr un éxito que subrepticiamente encarna el trabajo, y en los medios de comunicación venezolano la felicidad la presentan como el fin de una era (el fin del la partidocracia adeca-copeyana, el fin del chavismo, el fin del madurismo, fin de una relación amorosa, fin de la carrera universitaria, etc), creando en el fondo, gente neurótica que se les impide ver el lugar en que están, esquizofrénicas que no poseen capacidad crítica sino miedos y aullidos, deprimidos que divagan entre refugios simbólicos de drogas, Netflix, Internet, e impotentes cuya potencia se materializa en suicidios y/o asesinatos.

Para terminar, ¿es posible vivir en una atmósfera totalmente dionisíaca y apolínea al mismo tiempo, es decir, que las fuerzas estén pero que no interactúen? Podría decirse que aunque Venezuela es principalemnte dionisíaca y Japón apolínea, no implica que no se deslice, entre grietas y en algunos circulos y personas la posibilidad de dinamizar dialecticamente las fuerzas, produciendo cosas creativas, elaborando crítica, alcanzando cierto bienestar, pero que se mantenga separado como si hubiera una fuerza invisible que no permita su encuentro, en principio pensaba que no, hasta que vi hace unos dos años una serie que se llama El Profesor Nietzsche, que originalmente era una manga. Sí, en Japón se produjo una serie de humor, donde unos jóvenes universitarios trabajan en una tienda de 24 hora, y uno de los trabajadores, que es estudiante de budismo, ante la insistencia de aceptar que el cliente es un Dios, declara que esto es falso porque Dios ha muerto, como dice Nietzsche. Toda la serie es un bodrio, todo está tergiversado, pero respirando profundo se puede estudiar el humor infantil japonés, las concepciones filosóficas superficiales de los empleados mostrando el alto nivel de prejuicios que se maneja en Japón, el uso del Nietzsche japonizado, las maneras en que las personas y su dinero se desenvuelven en la sociedad capitalista japonesa, así como concepciones sin críticas del amor, la felicidad, la fidelidad, así como un constante mostrar de seudovirtudes y convicciones. Eso sí, la serie es mala, es un bodrio completo, sólo bajo una mirada de curiosidad y estudio se puede ver esta serie, para pasar el tiempo es mejor salir a pasear y reencontrarse con la naturaleza y a veces  con uno mismo o un buen libro.



Link para ver algunos minutos de la comedia El profesor Nietzsche. (ニーチェ先生)


     

miércoles, 17 de octubre de 2018

SEARCHING - DOMINGO DE CINE (15)

PELICULA.  Searching
PAÍS. EE.UU. / RUSIA
AÑO. 2018    DURACIÓN. 102 minutos
DIRECTOR. Aneesh Chaganty
ACTORES. John Cho, Debra Messing, Joseph Lee, Sara Sohn, Michelle La.
SINOPSIS. Margot, una joven de 16 años e hija de David Kim (John Cho) desaparece, desde ese momento se abre una investigación llevada a cabo por la detective Vick (Debra Messing), durante las pesquisas el padre interviene y busca en la computadora de su hija claves que le ayuden a resolver la desaparición. Pasan los días y las claves se vuelven más turbulentas e inesperadas. Básicamente la película es un thriller, pero con una narrativa hipermoderna, una sucesión de eventos contados a través de los dispositivos de tecnología que usamos todos los días para comunicarnos, este tipo de narrativa pasa desapercibida por la abrumadora cotidianeidad tecnológica en que estamos instalados, creando una atmósfera que se caracterizará por lo vertiginozo de las vorágines de imágenes y que el film rescata y presenta.

PENSAR LA PELÍCULA. 
En 2014 se estrenó la película Unfriended (Eliminado) de Levan Gabriadze, una película de terror que se generaba y producía por la WEB, obligando así a mostrar constantemente las pantallas de los usuarios y lo que ocurría a cada momento, en Searching se presenta esta misma estética pero con la suma de todos los dispositivos tecnológicos que hemos usado desde los noventas hasta la actualidad, creando una composición barroca de ventanas de los diversos dispositivos presentes. Una de las particularidades de esta estética es la velocidad de film. Cuando uno lee las críticas de películas en algunas páginas de opinión sobre cine, una de la mas repetitivas es que una película es lentas, quizás porque en el fondo las nuevas generaciones asumen lo paradójico de la rapidez en este siglo como un valor positivo y que Giacomo Leopaldi explicaba en uno de sus Zibaldone a este respecto: "La rapidez y la concisión del estilo agradan porque presentan al espíritu una multitud de ideas simultáneas, en sucesión tan rápida que parece una sola, y hacen flotar el espíritu en tal abundancia de pensamientos o de imágenes y sensaciones espirituales, que éste no es capaz de abarcarlos todos y cada uno plenamente, o no tiene tiempo de permanecer ocioso y privado de sensaciones. La fuerza del estilo poético, que en gran parte es una con la rapidez, no es placentera sino por estos efectos y no consiste en otra cosa. La excitación de ideas simultáneas puede derivar de cada palabra aislada, o propia o metafórica, y de su ubicación, y del giro de la frase, y de la supresión misma de otras palabras o frases, etc". Creo que la estética de los dispositivos electrónicos se basa en esta premisa de Leopaldi, abruma y sólo es placentera por los efectos, por lo finales resueltos, por lo acabado, por lo concluido, así por esta estética de la rapidez, la película Searching se transforma en un vorágine de imágenes que constantemente buscan resolución, pero todas ellas al final son efectos de los dispositivos, algunos ingenioso como cuando el padre va ha buscar a la hija en el bosque, y en lugar de mostrano su ir en el vehículo, nos presenta el ir de un vehículo virtual dentro de un mapa GPS. Pero si bien la velocidad es una estética que está inundando los filmes y artes en general a principio del siglo XXI, lo cierto es que esta película replantea toda nuestras tradiciones sociales y filosóficas profundas y muchas veces dada por obvia, como son la amistad, la familia, el amor; cada una de estas palabras quedan desbancada de sus significados en una sociedad de pantallas, de incomunicación, de culpas, de superficialidades. Todo lo que aparece en la pantalla es tan verdadero como cualquier teoría sobre la existencia de los ángeles, no hay un criterio de verdad, de reflexión, de duda, de crítica, todo se asume, todo puede ser, todo es posible porque nuestros prejuicios nos lo permite. Esta es una sociedad que le cuesta pensarse, no porque sea más complejas que la industrial o la medieval, sino porque todo se acumula sin criterios, sin horizontes, sin posibilidades técnica y temporales para revisarlas. Las personas atesora miles de bites de información que rara vez revisarán, se enlazará en amistades sin reales conexiones emocionales, pero amistades en fin, se unirán a redes sociales que le indicaran cuándo celebrar, cómo celebrar, qué hacer y a veces hasta qué pensar sobre tal o cual situación e inclusive generar rebeldías que se alinean a veces por su vacuidad, con cualquier dispositivo despótico. Se abren puertas de una sociedad que todos los pensadores anteriores no pudieron visualizar, puertas donde los extremos tienen cabida, los miedos, las banidades, las ignorancias, todo, donde absolumentamente todo está permitido si se sabe usar los dispositivos electrónicos. Este último elemento ha hecho que este thriller al final presente elementos de horror, de pensar lo endeble que es visualizar un futuro con ideas y teorías del siglo XIX y XX que siguen pululando en las universidades y redes, con ideas de la ilustración, del enciclopedismo, del pragmatismo, del utilitarismo, del liberalismo, del existencialismo, del materialismo dialéctico, de diversas religiones y así otras muchas de las cuales no pueden aplicar un pizca de sentido a esta sociedad y menos al filme presentado. Pareciera ser que la única constante humana no es ya la racionalidad, sino la emocionalidad, la película presenta como las emociones y su fluir son las que encausan las posibilidades de éxito de la WEB, de las redes sociales, del uso de los smartphone; las redes no dan criterios de pensamiento sino estados emocionales que constantemente buscamos y tratamos de apoderarnos, quizás porque la racionabilidad no pudo explicar nuestras pulsiones, y sólo confesándolas a un gran anonimato llamado redes sociales podamos hallar algún sentido a nuestra existencia, o sólo en la asistencia virtuales a espectáculos, podremos ubircano de nuevo como seres gregales que necesitan exhibirse, consumir, agruparse, siendo estos últimos eslabones al consolidarlo lo que nos permitan llamarnos humanos, por eso el horror que pienso se imbrica en esta película si nos ponemos a pensar desde cualquier reducto de pensamiento de los siglos XIX y XX, horror que está constante y se asoma cada vez que reflexionamos un futuro omnisciente, omnnipotente y omnipresente entre pantallas y dispositivos tecnológicos.


TRAILER 


 

lunes, 3 de septiembre de 2018

EL SUEÑO DE LA POSMODERNIDAD PRODUCE FANÁTICOS

Atardecer a 10 minutos de mi casa (1)
Preámbulo. Vil copia escrita de una siesta representada gráficamente por Goya y Lucientes elaborada en algún descaso del años de gracia de 1799.

Tuve un sueño… o pesadilla.., simplemente ocurrió, quizás su origen fue que en algún momento, en un discurso en el 2013, Nicolás Maduro citó a Derrida, y a otros pensadores, en aquel momento lo único que me dije es quien le escribió el discurso debería haber colocado la pronunciación fonética de los citados entre paréntesis. Mi sueño o pesadilla fue oír de nuevo a Maduro en una conversación con los jerarcas del gobierno tiránico de Venezuela. Maduro charlaba con Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez entre otros, también con intelectuales como Luis Britto García. El presidente citaban a Deleuze pero también a Vattimo y a Fredric Jameson; pero a diferencia de lo que podía esperar de una charla entre posmodernos, Maduro indicaba como el posmodernismo era un error, una vil mercancía cultural e intelectual traída desde el “Imperio” para afectar la sabiduría de los pueblos, de hecho y con cierta sorna explicaba que ya los títulos mostraban la aberración. ¿No es el libro de Jameson: El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado, una pista en sí mismo de la guerra económica?, comentó Maduro, a la vez que increpaba que en la raíz del posmodernismo vive el capitalismo mas salvaje, de ahí su necesaria anulación y la obligación de solidificar el pensamiento socialista de Bolívar, Gandhi, Miranda, Cristo, Mahoma y Muhammad Ali, o cualquier otro mártir popular para superar el posmodernismo. Creí oír argumentos que definían una nueva época en mi país y quizás en el mundo, pero en el fondo el presidente Nicolás Maduro Moros usaba imágenes, ciento de ella donde un pueblo sonreía a la vez que Fidel Castro y Mickey Mouse les abrazaban, sólo imágenes nunca argumentos. En el fondo oía a fanáticos, a aquellos que describía Voltaire como personas que consideran que las ideas que tienen, que consideran excelentes, no son simplemente un derecho suyo, sino que creen un deber suyo imponerlas a todos los demás. La fórmula volteriana de “piensa como yo o muere” es bastante simbólica de lo que es el fanatismo y también me mostraba cómo los despojos de décadas de estudios posmodernos, que precisamente buscaba frenar los fanatismos para evitar llegar a cualquier dictadura de la verdad, por la cual ya no podemos llamar (pos)moderna sino (pre)idolátrica, se ha vuelto arenas en el desierto del pensamiento mientras las imágenes consolidan atardeceres inspiradores y divinos; pero ¿cómo llegamos a esta etapa?
Atardecer a 10 minutos de mi casa (2)

Origen teóricos de jóvenes amantes de lo cubano, botella´e ron tabaco habano, chicas por doquier, ponche en café guano y una vida para los mareaos.

Durante mis estudios universitarios, varios nos dedicamos a entender la posmodernidad porque, era el tema a pensar dentro de los diversos artefactos culturales que nos inundaban en la universidad. Los profesores de filosofía, letras y artes, a cada rato, nos hablaban de escritos que trataban de explicar nuestra contemporaneidad y muchos de ellos estaban catalogados con el índice de posmodernidad. Vattimo sobresalía entre esos escritores y durante esa década de los ochenta y noventa del siglo pasado, el turinés fue el gurú, además fue el único que se declaró absolutamente y abiertamente posmoderno (yo también, en alguna noche de whiskey y pizzas con mi amigo César Roussian, pero no trascendió). Muchos de mis profesores y colegas hablaban de Rorty, Derrida, Foucault, Baudrillard, Lipovetsky, Lyotard, así como de todos los posestructuralistas como si fueran posmodernistas, citándolos en discursos, ensayos y tesis de grados, aunque estos últimos escritores nunca se declararon posmodernos. Años leyendo y discutiendo con amigos como: Luis Bracho, Jonatan Alzuru, Miguelangel Mata y Rafael Hurtado, horas conversando, yendo a congresos y tratando de entender las opciones que nos presentaba la posmodernidad en un clima tropical como es Venezuela y por supuesto, incentivando a los estudiantes a usar estos métodos para que pudiéramos entender nuestra realidad y resignificarla. Escribimos, tuvimos la oportunidad de conversar en simposios con personajes como Michel Maffesoli o Nelly Richard, de los que guardo interesantes recuerdos entre comida y vino. Mis amigos y yo estuvimos años pensando cómo aplicar todos los principios posmodernos a la cotidianeidad del venezolano, a la política venezolana, a la educación venezolana, con revisiones críticas de libros, en conferencias, escritos y seminarios, pensando que cada vez nos acercábamos más a un núcleo teórico que explicara la vida cotidiana del venezolano dentro de un esquemas posmodernos y cómo desde ahí vivir una cotidianeidad donde todos se sintiera libres y respetuosos de los otros; en algún momento comenzaba la metamorfosis del cuento del Silbón, cuando lo oyes cerca significa que está lejos y si lo oyes lejos significa que está cerca…  siempre oímos cerca los silbidos de la posmodernidad en Venezuela pero al final siempre estuvo lejos… ¿no?.  
Atardecer a 10 minutos de mi casa (3)

Principal argumento derivado de una mala interpretación de la física de Dirac, Oppenheimer, Einstein, Tomonaga, Yang, Nambu, Weinberg y Higgs.

Discutíamos cómo superar el argumentos Todo Vale que siempre me pareció una mala interpretación de los estudios físicos sobre la relatividad general. Este argumento se invocaban a cada rato en las discusiones de clases. Casi todos los alumnos y muchas personas en el devenir de la Venezuela de los años ochenta y noventa le encantaba usar este término para descomprimir las normas constituyentes que se vivía, pero que en el fondo pienso que era una exigencia para la realización de cambios profundos de nuestra identidad, pensamiento, política, economía y futuro. Necesitábamos desarraigarnos de una política bipartidista que no daba, ni respuestas, ni razones a la crisis nacional y mantenía la insensatez y la incongruencia y aunque en algún momento pensé que en Venezuela se daba algún tipo de posmodenidad por la abundancia de los pastiches religiosos como un cristiano rezándole a Chango, de prolijidad en la elaboración de kitsch político como ocurrió con el chiripero, en los constantes avances de la paraliteraturas, paraperiodismos y todos aquellos paralelismos que infligían rupturas con la lógica moderna, permitiendo resignar la realidad, para quizás volverla mas agradable; pero en algún momento llegué a pensar que la posmodernidad fue una construcción irónica de la realidad, porque pareciera que la posmodernidad de una u otra manera diluye los valores y por lo tanto nada es suficientemente serio y de ahí el “valor” de Todo Vale. Nietzsche como primer posmoderno según Vattimo, aunque para mi siempre ha sido Duchamp o Voltaire, depende a qué se critique, advierte que nuestra única corporalidad es la errancia, el bailar entre las diferentes máscaras de lo real, convirtiendo así el principio de la posmodernidad como la falta de compromiso con la realidad, volviendo todo lúdico, por eso Habermas piensa que el posmodernismo agota las fuerzas utópicas y al no tener esas fuerzas, lo utópico se transforma en una puesta de escena, en un espectáculo, donde la cultura, política, metafísica y educación, es decir todo lo que envuelve cualquier núcleo argumentativo, se vuelve un escenario, una puesta que no busca cambiar mundo sino mantener las emociones, los sentimientos, tal y como nos afecta frente a una particular máscara de la realidad. Vattimo en cambio trata de ir más allá del espectáculo, en su obra la Sociedad Transparente nos avisó que los medios se volverán máscaras de la realidad, así que un no tiene sentido decir que un medio de comunicación miente, porque al no haber una verdad nuclear, los medios sólo hablan a partir de creencias ideológicas y de acercamientos a medias verdades doctrinarias, por lo que en el fondo nadie puede decir que un medio miente, sino que trata de buscar una efectividad del discurso, es decir, a mayor eficiencia de una mentira, mayor será la creencia de una “verdad”; de aquí que al ver los noticieros de oposición del gobierno o los noticieros que apoyan al gobierno, podemos ver cómo las ironías aparecen en el espectáculo, manteniendo la fascinación que desarrolla un embotamiento que abre una adicción a la insensatez, ante esto Vattimo afirma una resignación que resignifica, siendo éste el fin último de un posmoderno. Así en principio la posmodernidad busca acabar con los dogmas, evitar los caminos de las verdades, de las revoluciones, de la veneración del poder, en el fondo es una crítica a cualquier discurso que trate de instaurar en una ideología que se apropia de una verdad o de algún tipo de verdad. En algún momento esta idea nos parecía noble, libertaria, maleable para encontrarnos, para descubrir quienes somos, pero parece que en el fondo y luego de tantas discusiones, la posmodernidad nos enseñó que los seres humanos necesitamos aferrarnos a algo que evite que todo puede ser de otra manera, para así encerrarnos en un método, en una visión, en un objeto, en una fe, en una única manera de precisar e indicar el cómo y el ser y hacer de las cosas y de los seres humanos. No podría imaginarme que al final de tantas discusiones y lecturas la posmodernidad se resumiera en una ironía que muestra lo débil de las fronteras, de los catálogos, de las categoría; por lo que en esa medida, la sociedad necesita más límite, más aislamientos, más ortodoxias. 
Atardecer a 10 minutos de mi casa (4)

Cambio de azimut: la posmodernidad institucionalizada en Japón o por qué un fans paga 50.000 dólares para pasar 10 minutos con sus idols que son una quinceañeras que no hacen rimas sino únicamente sonrisas. 

Lo cierto es que la posmodernidad fue una explosión que rodeó al Caribe, siempre irreverente y soberbio, por supuesto, permitía el desarrollo de la transgresión, ya Foucault nos aseguraba que la transgresión es un gesto que concierne al límite; es ahí, en esa finura de la línea donde se manifiesta el destello de su paso pero quizás también de su trayectoria total, su origen mismo. El juego de los límites y de las transgresiones parecen estar regidos por una obstinación simple: la transgresión franquea y no cesa de traspasar una línea que detrás de ella pronto se cierra en una ola de poca memoria retrocediendo así nuevamente hasta el horizonte de lo infranqueable. Por consiguiente la transgresión no es en últimas como lo negro a lo blanco, lo prohibido a lo permitido, lo exterior a lo interior, lo excluido al espacio protegido de la morada, está ligada más bien según una relación en espiral en la que ninguna acción simple de romper puede llegar a sus últimas consecuencias, o por lo menos podemos tener conciencia de ello. Es posible que antes de sentarme de hablar de la posmodernidad en los medios académico, por aquí en Japón ya se había instalado, no cómo ironía, porque la metafísica de la cultura japonesa implica que la ignorancia de los límites es una falta de educación, sino como seriedad, una seriedad institucional. La posmodernidad de Japón se instaló como un espectáculo de seriedades y guasas bobaliconas que nunca buscan transgredir la seriedad. La seriedad es el horizonte del límite de la posmodernidad japonesa, de ahí que sus noticieros se llenen de escándalos, muchos de ellos tontos y de hombres y mujeres pidiendo disculpas. La política, la cultura, la religión, la farándula, los deportes, se llenan de escándalos y de personas pidiendo disculpa a un público fantasma, todo de forma seria. Hay posmodernidad “seria” en Japón, que ha diferencia de la Caribeña, carece de ironía, de transgresiones, de desmontar centros, de desarrollar pastiche porque no lo ejerce el individuo sino las instituciones culturales manteniendo así la lógica de capitalismo avanzado. La posmodernidad japonesa se revela en su economía individual donde aparecen infinitos gasto estúpidos, en su propia incapacidad para asumir el futuro que se salpica de incredulidades e impotencias, en el descrédito en el individuo y en su inoperancia para resignar la realidad, en principio estas diferencia podría hacer del país una excepción a la posmodernidad, pero son en sus grietas culturales enroscada con una economía de mercado y que se presenta en su cine, literatura, anime, mangas, donde cientos de máscaras aparecen, donde la posmodernidad tiene mas fuerza, donde las críticas se solapan y soslayan; los japoneses bailan entre máscaras de una realidad que su cultura presenta y vende como tradicional, pura, incólume, toda estas ideas dentro de posturas lúdicas que carecen de imaginación, de conciencia, de empatía, siendo la seriedad la que corporeiza la principal máscara que hace que sus poseedores carezcan de núcleos críticos, de independencia, de certezas, haciendo de la teoría posmodernas sucursales de pensamiento a libre uso del mercado cultural. 
Atardecer a 10 minutos de mi casa (5)

Sentando conclusiones que están de pies porque soy las sobras de lo que se robaron entre líneas, colores, dolores y miserias, siendo el peyote y el rakú los únicos que lo anulan.       

En algún momento uno de los gurúes de la posmodernidad como lo fue Lyotard, apuntaba que una de las característica de la condición posmoderna es la incredulidad en los metarrelatos. Derribar los mitos que evitan mirar y acercarse a perspectivas de lo bello, lo bueno y el bien de una manera cruda y diferente a la que poseemos o heredamos, es quizás una de las bendiciones del pensamiento posmoderno, pero los productos hiperrealistas y crudos que derivamos de esta teoría explica mas el mundo que crearlo, implica que cualquier construcción de una narrativa que nos de confort y seguridad siempre será endeble y posiblemente falsa pero necesaria. La posmodernidad no provee centros sino posibilidades de resignificación de allí su belleza y el porqué ha sido tan usada y reusada por la estética, porque uno de sus objetivos es descentrar la realidad, la verdad, lo objetivo, al igual que el arte. La modernidad disuelve el orden, a partir de la muerte de Dios, la  modernidad cambió el centro donde Dios reinaba por un templo politeísta lleno de hombres y ciencia, pero al final parece que se volvió insoportable el ir a ese templo, por eso en los ochenta y noventa del siglo pasado nació el boom de los conceptos posmodernos donde ir al templo pierde sentido, aupando así cientos de tesis y de ensayos que buscaron resignificar la realidad para consolidar un pensamiento dinámico, distributivo, democrático y libertario, sin afianzas ni anclaje, pero todo mermó, las personas se han vuelto más crédulo a viejos y nuevos mitos, se aferran más a los límites creando outside e instauran nuevos templos, como en Venezuela con respecto al mito socialista del siglo XIX y Japón con el mito capitalista de competitividad del siglo XXI. Pareciera entonces que la política venezolana es el resultado del fracaso del posmodernismo; la necesidad de consolidar un núcleo fue mayor que la libertad de criticar la realidad y a diferencia de lo moderno o premoderno, esta necesidad de hacer un núcleo me hace pensar que esta época se podía llamar (pre)idolátrica, que implica desarrollar toda una serie de teorías y prácticas que permiten la iconodulia. Así la política de Venezuela ha desarrolla toda una serie de ejercicios espirituales donde Chávez, Bolívar, Castro, La Virgen del Valle, Changó y hasta Rómulo Betancourt, generan una iconodulia que se posesiona del centro de las creencias y de la fe de los venezolanos, siendo imposible que un pensamiento escrito melle las imágenes, la política venezolana, así como en muchas partes del mundo, no argumentan, crean imágenes y a partir de ellas manipulan el imaginario del pueblo, de los individuos, ambos considerando las imágenes como sagradas, como benditas, como necesarias (el muro de Trump es una imagen no un argumento). Esta época (pre)idolátrica se ramifica en diferentes formas, en Japón la política quizás carezca en estos momentos de ésta necesidad, pero los medios culturales crean a cada instante: idol, (アイドル Aidoru ), cientos de ídolos que se mueven desde los espacios mas claustrofóbicos de Shibuya y Akihabara, hasta una televisión y cine serios y concisos que drenan ídolos hacia las mangas, anime, deportes, músicos e idiotas del momento; en Japón todo se vuelve Idols gracias a la economía capitalista avanzada, Idols que se introducen como núcleos en las emociones y pensamientos de los japoneses, inhibiendo ciertas capacidades criticas e inclusive sociales, convirtiéndolos a los espectadores en fanáticos. Por lo tanto la posmodernidad como conjunto de teorías que buscó interpretar la realidad y resignificarla, en la actualidad ha sido mermada, no por argumentaciones y teorías en divergencias, sino  porque pareciera que careciera de una finalidad política clara; de este modo, la finalidad política se empezó a desplazarse hacia la consolidación de imágenes, desarrolla lo idolátrico, y sustentando el poder en las imágenes. Es posible que en la actualidad dos personas no argumenten ideas en un café como fue durante siglos, sino muestran links y canales de Internet, donde los videos de sus iconos comienzan a anclar fidelidad. Los ídolos exigen a sus fans, a sus fanáticos, mantenerse fiel mientras aprenden a aborrecer todo aquello que pueda disminuir el poder, certezas y/o verdades de aquello que se transforman en sus ejes de pensamientos, de aquí que todo fanatismo pueda provenir de una imagen que la razón no puede desmontar porque sus herramientas se mueven en los discursos y no en la exaltación y frenetismo que derivan de las imágenes, quizás por eso tantas guerras entre los iconoclastras contra los iconódulos…  ¿quién ganará? Pregunta bizantina con más de 1500 años y ahora está mas vigente que nunca y más si lo analizamos con algunas líneas de las teorías posmoderna que cada día es mas exigua pero que marcó el pensamiento de una generación que ahora se pierde en los rizomas de sus propios pensamientos.