lunes, 3 de septiembre de 2018

EL SUEÑO DE LA POSMODERNIDAD PRODUCE FANÁTICOS

Atardecer a 10 minutos de mi casa (1)
Preámbulo. Vil copia escrita de una siesta representada gráficamente por Goya y Lucientes elaborada en algún descaso del años de gracia de 1799.

Tuve un sueño… o pesadilla.., simplemente ocurrió, quizás su origen fue que en algún momento, en un discurso en el 2013, Nicolás Maduro citó a Derrida, y a otros pensadores, en aquel momento lo único que me dije es quien le escribió el discurso debería haber colocado la pronunciación fonética de los citados entre paréntesis. Mi sueño o pesadilla fue oír de nuevo a Maduro en una conversación con los jerarcas del gobierno tiránico de Venezuela. Maduro charlaba con Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez entre otros, también con intelectuales como Luis Britto García. El presidente citaban a Deleuze pero también a Vattimo y a Fredric Jameson; pero a diferencia de lo que podía esperar de una charla entre posmodernos, Maduro indicaba como el posmodernismo era un error, una vil mercancía cultural e intelectual traída desde el “Imperio” para afectar la sabiduría de los pueblos, de hecho y con cierta sorna explicaba que ya los títulos mostraban la aberración. ¿No es el libro de Jameson: El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado, una pista en sí mismo de la guerra económica?, comentó Maduro, a la vez que increpaba que en la raíz del posmodernismo vive el capitalismo mas salvaje, de ahí su necesaria anulación y la obligación de solidificar el pensamiento socialista de Bolívar, Gandhi, Miranda, Cristo, Mahoma y Muhammad Ali, o cualquier otro mártir popular para superar el posmodernismo. Creí oír argumentos que definían una nueva época en mi país y quizás en el mundo, pero en el fondo el presidente Nicolás Maduro Moros usaba imágenes, ciento de ella donde un pueblo sonreía a la vez que Fidel Castro y Mickey Mouse les abrazaban, sólo imágenes nunca argumentos. En el fondo oía a fanáticos, a aquellos que describía Voltaire como personas que consideran que las ideas que tienen, que consideran excelentes, no son simplemente un derecho suyo, sino que creen un deber suyo imponerlas a todos los demás. La fórmula volteriana de “piensa como yo o muere” es bastante simbólica de lo que es el fanatismo y también me mostraba cómo los despojos de décadas de estudios posmodernos, que precisamente buscaba frenar los fanatismos para evitar llegar a cualquier dictadura de la verdad, por la cual ya no podemos llamar (pos)moderna sino (pre)idolátrica, se ha vuelto arenas en el desierto del pensamiento mientras las imágenes consolidan atardeceres inspiradores y divinos; pero ¿cómo llegamos a esta etapa?
Atardecer a 10 minutos de mi casa (2)

Origen teóricos de jóvenes amantes de lo cubano, botella´e ron tabaco habano, chicas por doquier, ponche en café guano y una vida para los mareaos.

Durante mis estudios universitarios, varios nos dedicamos a entender la posmodernidad porque, era el tema a pensar dentro de los diversos artefactos culturales que nos inundaban en la universidad. Los profesores de filosofía, letras y artes, a cada rato, nos hablaban de escritos que trataban de explicar nuestra contemporaneidad y muchos de ellos estaban catalogados con el índice de posmodernidad. Vattimo sobresalía entre esos escritores y durante esa década de los ochenta y noventa del siglo pasado, el turinés fue el gurú, además fue el único que se declaró absolutamente y abiertamente posmoderno (yo también, en alguna noche de whiskey y pizzas con mi amigo César Roussian, pero no trascendió). Muchos de mis profesores y colegas hablaban de Rorty, Derrida, Foucault, Baudrillard, Lipovetsky, Lyotard, así como de todos los posestructuralistas como si fueran posmodernistas, citándolos en discursos, ensayos y tesis de grados, aunque estos últimos escritores nunca se declararon posmodernos. Años leyendo y discutiendo con amigos como: Luis Bracho, Jonatan Alzuru, Miguelangel Mata y Rafael Hurtado, horas conversando, yendo a congresos y tratando de entender las opciones que nos presentaba la posmodernidad en un clima tropical como es Venezuela y por supuesto, incentivando a los estudiantes a usar estos métodos para que pudiéramos entender nuestra realidad y resignificarla. Escribimos, tuvimos la oportunidad de conversar en simposios con personajes como Michel Maffesoli o Nelly Richard, de los que guardo interesantes recuerdos entre comida y vino. Mis amigos y yo estuvimos años pensando cómo aplicar todos los principios posmodernos a la cotidianeidad del venezolano, a la política venezolana, a la educación venezolana, con revisiones críticas de libros, en conferencias, escritos y seminarios, pensando que cada vez nos acercábamos más a un núcleo teórico que explicara la vida cotidiana del venezolano dentro de un esquemas posmodernos y cómo desde ahí vivir una cotidianeidad donde todos se sintiera libres y respetuosos de los otros; en algún momento comenzaba la metamorfosis del cuento del Silbón, cuando lo oyes cerca significa que está lejos y si lo oyes lejos significa que está cerca…  siempre oímos cerca los silbidos de la posmodernidad en Venezuela pero al final siempre estuvo lejos… ¿no?.  
Atardecer a 10 minutos de mi casa (3)

Principal argumento derivado de una mala interpretación de la física de Dirac, Oppenheimer, Einstein, Tomonaga, Yang, Nambu, Weinberg y Higgs.

Discutíamos cómo superar el argumentos Todo Vale que siempre me pareció una mala interpretación de los estudios físicos sobre la relatividad general. Este argumento se invocaban a cada rato en las discusiones de clases. Casi todos los alumnos y muchas personas en el devenir de la Venezuela de los años ochenta y noventa le encantaba usar este término para descomprimir las normas constituyentes que se vivía, pero que en el fondo pienso que era una exigencia para la realización de cambios profundos de nuestra identidad, pensamiento, política, economía y futuro. Necesitábamos desarraigarnos de una política bipartidista que no daba, ni respuestas, ni razones a la crisis nacional y mantenía la insensatez y la incongruencia y aunque en algún momento pensé que en Venezuela se daba algún tipo de posmodenidad por la abundancia de los pastiches religiosos como un cristiano rezándole a Chango, de prolijidad en la elaboración de kitsch político como ocurrió con el chiripero, en los constantes avances de la paraliteraturas, paraperiodismos y todos aquellos paralelismos que infligían rupturas con la lógica moderna, permitiendo resignar la realidad, para quizás volverla mas agradable; pero en algún momento llegué a pensar que la posmodernidad fue una construcción irónica de la realidad, porque pareciera que la posmodernidad de una u otra manera diluye los valores y por lo tanto nada es suficientemente serio y de ahí el “valor” de Todo Vale. Nietzsche como primer posmoderno según Vattimo, aunque para mi siempre ha sido Duchamp o Voltaire, depende a qué se critique, advierte que nuestra única corporalidad es la errancia, el bailar entre las diferentes máscaras de lo real, convirtiendo así el principio de la posmodernidad como la falta de compromiso con la realidad, volviendo todo lúdico, por eso Habermas piensa que el posmodernismo agota las fuerzas utópicas y al no tener esas fuerzas, lo utópico se transforma en una puesta de escena, en un espectáculo, donde la cultura, política, metafísica y educación, es decir todo lo que envuelve cualquier núcleo argumentativo, se vuelve un escenario, una puesta que no busca cambiar mundo sino mantener las emociones, los sentimientos, tal y como nos afecta frente a una particular máscara de la realidad. Vattimo en cambio trata de ir más allá del espectáculo, en su obra la Sociedad Transparente nos avisó que los medios se volverán máscaras de la realidad, así que un no tiene sentido decir que un medio de comunicación miente, porque al no haber una verdad nuclear, los medios sólo hablan a partir de creencias ideológicas y de acercamientos a medias verdades doctrinarias, por lo que en el fondo nadie puede decir que un medio miente, sino que trata de buscar una efectividad del discurso, es decir, a mayor eficiencia de una mentira, mayor será la creencia de una “verdad”; de aquí que al ver los noticieros de oposición del gobierno o los noticieros que apoyan al gobierno, podemos ver cómo las ironías aparecen en el espectáculo, manteniendo la fascinación que desarrolla un embotamiento que abre una adicción a la insensatez, ante esto Vattimo afirma una resignación que resignifica, siendo éste el fin último de un posmoderno. Así en principio la posmodernidad busca acabar con los dogmas, evitar los caminos de las verdades, de las revoluciones, de la veneración del poder, en el fondo es una crítica a cualquier discurso que trate de instaurar en una ideología que se apropia de una verdad o de algún tipo de verdad. En algún momento esta idea nos parecía noble, libertaria, maleable para encontrarnos, para descubrir quienes somos, pero parece que en el fondo y luego de tantas discusiones, la posmodernidad nos enseñó que los seres humanos necesitamos aferrarnos a algo que evite que todo puede ser de otra manera, para así encerrarnos en un método, en una visión, en un objeto, en una fe, en una única manera de precisar e indicar el cómo y el ser y hacer de las cosas y de los seres humanos. No podría imaginarme que al final de tantas discusiones y lecturas la posmodernidad se resumiera en una ironía que muestra lo débil de las fronteras, de los catálogos, de las categoría; por lo que en esa medida, la sociedad necesita más límite, más aislamientos, más ortodoxias. 
Atardecer a 10 minutos de mi casa (4)

Cambio de azimut: la posmodernidad institucionalizada en Japón o por qué un fans paga 50.000 dólares para pasar 10 minutos con sus idols que son una quinceañeras que no hacen rimas sino únicamente sonrisas. 

Lo cierto es que la posmodernidad fue una explosión que rodeó al Caribe, siempre irreverente y soberbio, por supuesto, permitía el desarrollo de la transgresión, ya Foucault nos aseguraba que la transgresión es un gesto que concierne al límite; es ahí, en esa finura de la línea donde se manifiesta el destello de su paso pero quizás también de su trayectoria total, su origen mismo. El juego de los límites y de las transgresiones parecen estar regidos por una obstinación simple: la transgresión franquea y no cesa de traspasar una línea que detrás de ella pronto se cierra en una ola de poca memoria retrocediendo así nuevamente hasta el horizonte de lo infranqueable. Por consiguiente la transgresión no es en últimas como lo negro a lo blanco, lo prohibido a lo permitido, lo exterior a lo interior, lo excluido al espacio protegido de la morada, está ligada más bien según una relación en espiral en la que ninguna acción simple de romper puede llegar a sus últimas consecuencias, o por lo menos podemos tener conciencia de ello. Es posible que antes de sentarme de hablar de la posmodernidad en los medios académico, por aquí en Japón ya se había instalado, no cómo ironía, porque la metafísica de la cultura japonesa implica que la ignorancia de los límites es una falta de educación, sino como seriedad, una seriedad institucional. La posmodernidad de Japón se instaló como un espectáculo de seriedades y guasas bobaliconas que nunca buscan transgredir la seriedad. La seriedad es el horizonte del límite de la posmodernidad japonesa, de ahí que sus noticieros se llenen de escándalos, muchos de ellos tontos y de hombres y mujeres pidiendo disculpas. La política, la cultura, la religión, la farándula, los deportes, se llenan de escándalos y de personas pidiendo disculpa a un público fantasma, todo de forma seria. Hay posmodernidad “seria” en Japón, que ha diferencia de la Caribeña, carece de ironía, de transgresiones, de desmontar centros, de desarrollar pastiche porque no lo ejerce el individuo sino las instituciones culturales manteniendo así la lógica de capitalismo avanzado. La posmodernidad japonesa se revela en su economía individual donde aparecen infinitos gasto estúpidos, en su propia incapacidad para asumir el futuro que se salpica de incredulidades e impotencias, en el descrédito en el individuo y en su inoperancia para resignar la realidad, en principio estas diferencia podría hacer del país una excepción a la posmodernidad, pero son en sus grietas culturales enroscada con una economía de mercado y que se presenta en su cine, literatura, anime, mangas, donde cientos de máscaras aparecen, donde la posmodernidad tiene mas fuerza, donde las críticas se solapan y soslayan; los japoneses bailan entre máscaras de una realidad que su cultura presenta y vende como tradicional, pura, incólume, toda estas ideas dentro de posturas lúdicas que carecen de imaginación, de conciencia, de empatía, siendo la seriedad la que corporeiza la principal máscara que hace que sus poseedores carezcan de núcleos críticos, de independencia, de certezas, haciendo de la teoría posmodernas sucursales de pensamiento a libre uso del mercado cultural. 
Atardecer a 10 minutos de mi casa (5)

Sentando conclusiones que están de pies porque soy las sobras de lo que se robaron entre líneas, colores, dolores y miserias, siendo el peyote y el rakú los únicos que lo anulan.       

En algún momento uno de los gurúes de la posmodernidad como lo fue Lyotard, apuntaba que una de las característica de la condición posmoderna es la incredulidad en los metarrelatos. Derribar los mitos que evitan mirar y acercarse a perspectivas de lo bello, lo bueno y el bien de una manera cruda y diferente a la que poseemos o heredamos, es quizás una de las bendiciones del pensamiento posmoderno, pero los productos hiperrealistas y crudos que derivamos de esta teoría explica mas el mundo que crearlo, implica que cualquier construcción de una narrativa que nos de confort y seguridad siempre será endeble y posiblemente falsa pero necesaria. La posmodernidad no provee centros sino posibilidades de resignificación de allí su belleza y el porqué ha sido tan usada y reusada por la estética, porque uno de sus objetivos es descentrar la realidad, la verdad, lo objetivo, al igual que el arte. La modernidad disuelve el orden, a partir de la muerte de Dios, la  modernidad cambió el centro donde Dios reinaba por un templo politeísta lleno de hombres y ciencia, pero al final parece que se volvió insoportable el ir a ese templo, por eso en los ochenta y noventa del siglo pasado nació el boom de los conceptos posmodernos donde ir al templo pierde sentido, aupando así cientos de tesis y de ensayos que buscaron resignificar la realidad para consolidar un pensamiento dinámico, distributivo, democrático y libertario, sin afianzas ni anclaje, pero todo mermó, las personas se han vuelto más crédulo a viejos y nuevos mitos, se aferran más a los límites creando outside e instauran nuevos templos, como en Venezuela con respecto al mito socialista del siglo XIX y Japón con el mito capitalista de competitividad del siglo XXI. Pareciera entonces que la política venezolana es el resultado del fracaso del posmodernismo; la necesidad de consolidar un núcleo fue mayor que la libertad de criticar la realidad y a diferencia de lo moderno o premoderno, esta necesidad de hacer un núcleo me hace pensar que esta época se podía llamar (pre)idolátrica, que implica desarrollar toda una serie de teorías y prácticas que permiten la iconodulia. Así la política de Venezuela ha desarrolla toda una serie de ejercicios espirituales donde Chávez, Bolívar, Castro, La Virgen del Valle, Changó y hasta Rómulo Betancourt, generan una iconodulia que se posesiona del centro de las creencias y de la fe de los venezolanos, siendo imposible que un pensamiento escrito melle las imágenes, la política venezolana, así como en muchas partes del mundo, no argumentan, crean imágenes y a partir de ellas manipulan el imaginario del pueblo, de los individuos, ambos considerando las imágenes como sagradas, como benditas, como necesarias (el muro de Trump es una imagen no un argumento). Esta época (pre)idolátrica se ramifica en diferentes formas, en Japón la política quizás carezca en estos momentos de ésta necesidad, pero los medios culturales crean a cada instante: idol, (アイドル Aidoru ), cientos de ídolos que se mueven desde los espacios mas claustrofóbicos de Shibuya y Akihabara, hasta una televisión y cine serios y concisos que drenan ídolos hacia las mangas, anime, deportes, músicos e idiotas del momento; en Japón todo se vuelve Idols gracias a la economía capitalista avanzada, Idols que se introducen como núcleos en las emociones y pensamientos de los japoneses, inhibiendo ciertas capacidades criticas e inclusive sociales, convirtiéndolos a los espectadores en fanáticos. Por lo tanto la posmodernidad como conjunto de teorías que buscó interpretar la realidad y resignificarla, en la actualidad ha sido mermada, no por argumentaciones y teorías en divergencias, sino  porque pareciera que careciera de una finalidad política clara; de este modo, la finalidad política se empezó a desplazarse hacia la consolidación de imágenes, desarrolla lo idolátrico, y sustentando el poder en las imágenes. Es posible que en la actualidad dos personas no argumenten ideas en un café como fue durante siglos, sino muestran links y canales de Internet, donde los videos de sus iconos comienzan a anclar fidelidad. Los ídolos exigen a sus fans, a sus fanáticos, mantenerse fiel mientras aprenden a aborrecer todo aquello que pueda disminuir el poder, certezas y/o verdades de aquello que se transforman en sus ejes de pensamientos, de aquí que todo fanatismo pueda provenir de una imagen que la razón no puede desmontar porque sus herramientas se mueven en los discursos y no en la exaltación y frenetismo que derivan de las imágenes, quizás por eso tantas guerras entre los iconoclastras contra los iconódulos…  ¿quién ganará? Pregunta bizantina con más de 1500 años y ahora está mas vigente que nunca y más si lo analizamos con algunas líneas de las teorías posmoderna que cada día es mas exigua pero que marcó el pensamiento de una generación que ahora se pierde en los rizomas de sus propios pensamientos.


lunes, 30 de julio de 2018

ツレがうつになりまして - DOMINGO DE CINE (14)

PELICULA ツレがうつになりまして
PAÍS  Japón
TÍTULO EN INGLÉS MY SO HAS GOT DEPRESSION
AÑO 2011     DURACIÓN 121 minutos.
DIRECTOR   Sasabe Kiyoshi  佐々部清
ACTORES Miyazaki Aoi 宮﨑あおい, Sakai Masato 堺雅人.
SINOPSIS  Mikio (Sakai Masato) es un hombre casado, es obsesivo, ordenado, silencioso, trabaja como salaryman en una empresa de seguros, mostrando el estrés "extra" que crea empresas japonesas a sus trabajadores por su sistema jerarquico, de culpas y desprecios. Progresivamenten Mikio cambia, comienza a tener desganas y ansiedad, le diagnostican depresión. Desde ese momento su esposa Haruko (Miyazaki Aoi) empieza a tratar de entender la enfermedad que le aqueja a su marido. Han estado casados por 5 años y mientras su esposo trabaja en una empresa Haruko dibuja comics pero sin mucho éxito comercial, por lo que el grueso del dinero provienede Mikio, siendo así que su esposo es el sostén principal del hogar, pero el agobio y la inestabilidad psicológica hace que Mikio renuncie y ella comience a culparse por no darse cuenta de ningún signo previo y piense creativamente para generar economía. Después de que Mikio deja su trabajo, su condición mejora, pero la dinámica de su relación cambia, y a todo lo largo del filme vemos cómo la depresión se presenta como un gran tabú en el país del Sol Naciente.

PENSAR LA PELÍCULA Hay cientos de películas que giran alrededor del problema de la depresión, presentándolas a veces de una maneras tragicomedia como en los films: Los Tenenbaums, 2001, Wen Anderson, Pequeña miss Sunshine, 2006, Jonathan Dayton y Valerié Faris, Una historia casi divertida, 2010, Anna Boden y Ryan Fleck, ésta película japonesa sigue estas líneas, pero mostrando a su vez cómo ésta particular enfermedad es vista en ésta sociedad donde el decaimiento, la melancolía, la tristeza, son asociadas como debilidad del espíritu y no como enfermedad, de ahí el constante がんばって, (Ganbate) que es el esforzarse hasta el máximo para lograr así aparecer frente a los demas como alguien que tiene voluntad, genio, agallas, tesón, de ahí la expresión 根性がある (Konyoo ga aru) que implica el buen espíritu de las personas y que tanto las empresas, relaciones amorosas y sociales buscan que posean sus miembros; pero algo que trata de enseñar la película es que esta presión de la cultura japonesa de esforzase hasta el máximo es uno de los generadores de depresión que afectan a los habitantes de la isla, bien lo descubre Haruko cuando aprende que lo que menos hay que decirle a un deprimido es precisamente "ganbate", o si lo vemos dentro de la òptica Occidental, lo menos que habría que darle a un deprimido son formulas de autoayuda, de positivismos pendejos, o buscarle un coaching individual o, regalarle una fiesta o viajes, como vemos en las películas y a veces en la vida misma con amigos y familiares. Lo que debería ser una persona frente a un deprimido es algo muy difícil: oírlo. Al deprimido hay que escucharlo con atención lo que siente y realizar empatía con sus sufrimientos sin enjuiciarlos ni aupar posibles soluciones, este es un proceso complejo y que requiere tiempo, precisamente estos dos conceptos (complejo y tiempo) en el mundo actual, se tratan de simplificarse con experiencias expurias y monetizar las horas a conveniencia de los egos. Esta situación encumbra tanto en Oriente como en Occidente porque vivimos en sociedades imbuídas en "razonamientos" para seguir adelante, para continuar, para lograr éxitos, triunfos, logros, sin percatarnos de que estas sociedades en la mayoría de sus núcleos discursivos están enfermas. Japón en particular trata de invisibilizar el problema, la depresión se divide, se diversifica en palabras extrañas como "hikikomori" o en una "simple" estadística de suicidio. Una parte de la juventud japonesas está abrazada a un palabra que para los lectores Occidentales despierta exotismo: "hikikomori", como si fuera una curiosa enfermedad que sólo afectara a los japoneses, cuando en el fondo presentan todos los sintomas depresión. Esta depresión juvenil además está inducida y amplificada por la misma sociedad, presentándola como una acidia, aquel mal que aquejaba a los monasterios desde el siglo XII y que Dante los manda a habitar el quinto círculo del infierno, pero como la acidia de los tiempos medievales se fue suavisando con el tiempo tomando conceptos como fastidio y pereza, con éste último se acuña como pecado capital, así desapareció la acidia en el lenguaje cotidiano del español, y que implicaba originalmente un embotamiento del espíritu que no permitía una comunicación con Dios, terminado en la actualidad como un sinónimo de aburrimiento, como hoy puede sufrir alguien por algunas horas al no tener Internet, así los hikikomori "no" tienen depresión para una gran parte de la sociedad japonesa, en el fondo es un fastidio por no querer ser agentes sociales o vivir en un hogar que los consienten, al final lo que muestra es que estos jóvenes no muestran su konyoo, que no logran las expectativas que le dan sus padres y la sociedad. Un hikikomori es un adolescente deprimido como en la película Una historia casi divertida, y tienen cosas en común como aquella escena de la película que muestra las concatenaciones del pensamiento del depresivo, piensa el protagonista de esta película, que si no asiste a una escuela especial no podrá ir a una buena universidad, ni tendrá un buen trabajo, ni familia y así su mundo de hunde, se deprime por una situación particular hipotética, igual les ocurre a los jóvenes en Japón, una vez oí de una exhikikomori que su "aislamiento" o depresión comenzó al empezar la secundaria, el primer día de clases, el director que les daba la bienvenida, lo único que le dijo es que le quedaban cinco años para preparar los exámenes de ingreso a la universidad, esas fueron sus palabras de bienvenida, ella ingresaba a lo que debía ser unos años de aprendizajes, experiencias, crecimiento... nada, todo esos años era para preparar unos exámenes que clasifican en cuál estatus viviras en Japón, así que todos esos años los jóvenes pasan todas las horas estudiando para presentar exámenes, bien en la escuela o los (Yuku) que son academias privadas que dan clases personalizadas por largos períodos con el único fin de aprobar un examen, siendo uno de los mejores negocios  que se puede instaurar en el archipiélago. La depresión de los hikikomori se suma la depresión como enfermedad y que se sintomatiza con la pérdida del trabajo, familias, konyoo, pero en lugar de ver estos procesos como consecuencia de una depresión, se pasa a la estadística suicidio, de sin techos, de vagos, no atrapando así el problema sino desgastándolo con el tiempo. La depresión como enfermedad sigue sin estadisticas exactas. Otro problema para añadir es lo mal visto en Japón que una persona vaya a consultas con un psiquiatra, es sencillamente un tabú porque muestra debilidad, y en una sociedad que posee hilos de un darwinismo social en sus estructuras, al final es preferible suicidarse o desaparecer que aceptar la condición de enfermo como podemos apreciar en decenas de peliculas japonesas como Tokyo Sonata, 2008, Kurosawa Kiyoshi. A diferencia de Occidente donde la melancolía, el término que los griegos usaban para la depresión, posee una historia que pendula entre la locura y la genialidad, en Japón la depresión posee una historia confusa, así como el kanji que se usa para indicar la enfermedad. Este kanji es uno de lo más complejo, con sus 29 trazos se ubica como el kanji que usa la mayor combinación de líneas en un diccionario japonés estándar de kanji, por lo que es complicado deducir, a partir de su origen pictorico sus significados: (Utsu); pero en principio, en los trazos inferiores, hace referencia a unos efluvios provenientes de un compuesto de vino y curcuma que no pueden salir por estar sellada su salida, y este sello en su parte superior es dado por un bosque. Me parece que la depresión se asociaba en los orígenes de los pictogramas chinos, con una persona que acumulaba desespero, tristezas, alegrías, emociones en general, pero que no podían expresarlo por estar en el medio de un bosque, separado, deambulando, sin familia ni amigos. Eso es lo que me imagino con el kanji, aunque es raro verlo, lo común es ver en los libro la palabra  うつびょう 鬱病  para indicar a alguien con depresión o quizás alguien que no puede comentar sus perdidas, dolores o ideas por estar perdido por el bosque de la vida, quizás por eso ir a un bosque a suicidarse sea la alegoría más completa de la depresión siendo por lo tanto el bosque de Aokigahara la síntesis de un kanji que nadie quiere usar.

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viernes, 6 de julio de 2018

EL PERFECTO ARRECHO LATINOAMERICANO

A veces he sentido las obras de Francis
Bacon como retratos arrechos sobre arrechos
Hay un video que observé por casualidad, en él, un actual jerarca del gobierno de Maduro, Ernesto Villegas, días antes de las elecciones del 2012, vocifera que Chávez viene arrecho y podemos ver su actuación aquí. Esos días Chávez sabía que su fin humano era inminente debido a un cáncer que solapaba entre bendiciones y ayudas divinas, aunque lo mas prudente era dejar el camino para que la República se definiera democráticamente por medio del método electoral, pero Chávez venía arrecho y dentro de su arrechera galopante ganó arrechamente los comicios del 2012. Al final Chávez fue proclamado presidente de forma arrecha, ni siquiera apareció para recibir la presidencia, y murió arrecho. Aunque la arrechera comenzó a recorre el país, para mí, desde finales de la década de los ochenta del siglo pasado en Venezuela, todo, progresivamente todo se ha convertido en un mar de arrecheras, guiadas por arrechuchas tropicales que enzarzaron con canticos arrechos a algunos arrechos que muestran su temeridad con arrecheras hasta llegar al perfecto arrecho latinoamericano resumido en Maduro, pero, ¿cómo podemos reflexionar estos hechos arrechos?
Pienso que una de las palabras que de niño oímos por las calles de Venezuela y no sabemos su significado inmediato es: arrecho. La oía en el colegio, en la calle, a veces en la casa, con diversos tonos y escalas, mostrando en un primer momento una furia contenida o a veces siendo acompañada con una sonrisa. “Estoy arrecho”, “eso es arrecho”, “que arrecho”, “es arrecho”, “tengo arrechera”…  en fin, lo único cierto es que para comprender sus significados implicaba un contexto, sin ese contexto la palabra se desvanecía de significados. Quizás por eso la palabra arrecho sea una de las más coloquiales que merodean en el habla del venezolano, extrañamente la he visto escrita, para la mayoría de las personas, esta palabra automáticamente la consideran un vulgarismo, pero no como se debe entender el vulgarismo, como una expresión morfológica, sintáctica o fonética errada de una palabra correcta, por lo que cientos de titulares de periódicos como, Últimas Noticias, en Venezuela, están lleno de vulgarismos y la gente no lo comprende; pero en general en Venezuela se considera vulgar la palabra arrecho porque implica erotismo, sexualidad, y es que arrecho etimológicamente posee una relación con lo fálico. Según el diccionario de la DRAE, arrecho viene del latín arrectus cuyo participio pasado es arrigere que significa enderezar, de ahí que la primera acepción y segunda acepción en el DRAE sea lo dicho propiamente del pene y lo relacionado con su sexualidad, es decir, la arrechera en el contexto de la testosterona implica excitación, cachondeo, morbo; aunque su uso en relación con el pene es extraña, aunque dentro de este significado técnicamente no es vulgar. Este verbo indican un estado de excitación sexual en el hombre exclusivamente, pero como enfatizo, no creo que alguien en la actualidad diga que su pene está arrecho y tampoco comente que está arrecho como preámbulo de un coito. Cada vez que de niño oía la palabra arrecho y veía los contextos lo asociaba con rabia, ira, indignidad, acepciones indicadas en el DRAE y que se desenvuelven especialmente en Latinoamérica. El estar arrecho como sinónimo de iracundo, furioso, indignado, curiosamente es el vulgarismo de la acepción “estar arrecho”, por lo que describirse arrecho o mostrar arrechera como emociones propias de la cólera o vinculados con un estado emocional violento, me mostraba uno de los vulgarismo más usados en Venezuela: “tengo arrechera” e inmediatamente se podía oír como tiraban una puerta, lanzaban un grito, o se veía un golpe. Curiosamente hay otro vulgarismo con la palabra arrecho y es cuando no hay una relación erótica o una vinculación emocional violenta, indica esta acepción: valentía, coraje, admiración, audacia, exceso, de joven oía mucha veces expresiones o sentencias como: ¡que jugador más arrecho!, ¡que moto más arrecha! y nadie lanzaba una puerta o se iba a follar.
Así, la palabra arrecho se convirtió en un mecanismo que implica diversas funciones dependiendo del contexto en que se usara. Muchas personas evitaban usar la palabra porque les parecía vulgar, es decir, muchas personas asocian la vulgaridad con lo erótico-pornográfico, pero la usaba vulgarmente cuando comentaban que estaban arrecho luego de percibir algo que les indignaba; así conocí a muchas profesoras que criticaban de vulgar a un hombre cuando usaba ésta palabra, pero que singularmente se daban permiso de expresarla cuando algo les ofendía. Podríamos especular que ésta palabra es más usada por los hombres que por las mujeres, marcando algo curioso en el lenguaje español y es el uso de una palabra por género. Esto en Japón es normal, hay una cantidad de palabras que sólo usan las mujeres o los hombres, pero en el español es raro esta clasificación, sin embargo en una reunión de hombre la palabra arrecho y sus variantes salen sin censura o consideración mientras que, en una conversación de mujeres, sólo aparece bajo un estado de alterado emocional de furia o de arrebato de dignidad, por lo menos eso es lo que he podido apreciar, es decir, el hombre usa la acepción de arrecho como valentía o indignidad con más frecuencia que las mujeres, mientras ellas apenas la usan como expresión rabia. Ahora bien la forma culta de arrechera poca gente la utiliza, pero curiosamente este uso es el que controla los previos, es decir, muchas veces son las mismas mujeres que al oír a un hombre expresa: estoy arrecho, o ese partido fue arrecho, acusan al hombre de vulgar, casi pornográfico, exclusivamnte libidinoso, como si hubiera un inconsciente colectivo lingüístico que marcara y censurara los usos sin saber ciertamente por qué. Básicamente la arrechera se transforma en una palabra que refleja la audacia o la indignidad, mostrando por un lado la cólera, la ira, el desprecio, pero también la admiración, la valentía, el exceso, a veces juntas. Así podemos oír frases como: ¡ese hombre sí es arrecho, me cobró de más, estoy arrecho por eso! Podríamos decir que en el primer caso hay una admiración con una carga negativa, mientras en el segundo implica un estado de indignidad por abuso. Y es que podemos pensar que parte del pensar del venezolano se ajusta a esta dualidad de una forma perfecta, es decir, el venezolano vive entre el juicio de valoración de las cosas adjudicando un: ¡qué arrecho! o, ¡eso es muy arrecho!, y la indignidad que causa: ¡me arrechó!, ¡estoy arrecho!
Hace años, exactamente en 1996, se publicó un libro que fungía como manual para explicar al perfecto idiota latinoamericano, allí se explican los carácteres del idiota que se han usado desde y a través de las ideologías y algunas políticas concretas que han cundido por América Latina. Este carácter se caracteriza por un fomento a la envidia, un auspicio al victimismo, desarrollos teóricos que sustentan hipocresías y un auge sobre lo anecdótico que desprecia al conocimiento adquirido a través de una educación sistemática con el fin de sustituir saberes por intuiciones derivadas de las experiencias. El libro marca una abdicación de la facultad de pensar por cuenta propia, de no cotejar las palabras con los hechos que ellas pueden describir, de no cuestionar las retóricas y argumentos que hace las veces de pensamiento político. Muestra dicho libro, que hay idiotas que se pueden perdonar con facilidad por ser breves, risueño, que se enmarcan como demócratas a la vez que diluye un país, que generan una verborrea donde asumen valores y axiomas que no pueden cumplir porque el modelo de donde los toman no se parece en nada a las bases culturales y económicas del país que dirigen, cometen error tras error y persiguen culpable tras culpable, buscando así afianzarse del poder con las tentativas e intenciones de mejorar el país y para ello, esto idiotas y su élite realizan experimentos sociales, apuestas económicas y pastiches ideológicos (no sé porque me acuerdo de Pérez, Lusinchi o Caldera en este momento); también hay idiotas asfixiantes rodeado de jerarcas que explican cosas como la opción por la pobreza es genuina comprensión del cristianismo, o se debe pasar por la lucha de clases, o desarrollar el centralismo democrático, o generar guerrillas dentro de un marxismo poco digerido o resaltar bodrios económicos que, a cañonazos estadísticos o con tablas comparativas de ciencia ficción, demuestran que cada dólar contabilizado como beneficio por una empresa estadunidense o europea consagra el triunfo del modelo capitalista que es amasado con sangre, sudor y lágrimas tercermundistas (no sé porque me acuerdo de Chávez y Maduro). Pareciera así que el perfecto idiota latinoamericano dirige al perfecto arrecho latinoamericano, es decir, el idiota propone modelos políticos (socialismo del siglo XXI), económicos (trueque del siglo XXI), y sociales (una vida en la isla de la felicidad) en las cuales el perfecto arrecho debe expresar a toda voz una arrechera admirativa, una exclamación fuerte y en mayúsculas: ¡QUE ARRECHO!
Hasta aquí la relación idiota-arrecho logra un equilibrio deseado, pero el problema radica en que la palabra arrecho es polisémica y el perfecto idiota latinoamericano es: latinoamericano, por lo que se arropará de vez en cuando con la arrechera en su acepción violenta. Esto ocurre casi inmediatamente al percatarse de que las propuestas de modelos caen, los culpables se forman en filas, desde el imperialismo hasta el equinoccio (para aquellos que no entienda la referencia, éste año un funcionario de la gobernación del Estado Zulia en Venezuela acusó al equinoccio, aunque dice equiñoqui, de los apagones eléctricos, podrán verlo aquí), logrando así que el perfecto idiota latinoamericano se arreche en la acepción de violencia. Esta arrechera anula a cualquier arrecho o arrechos que le jugueteen el poder al idiota, pero también y, quizás lo más grave, es que el idiota arrecho asume una soberanía sin obstáculo, la arrechera le genera una necesidad de ser único, autónomo, creando un mundo perverso porque anula al Otro. Un mundo perverso es un mundo sin Otro, sin alteridad, por consiguiente un mundo sin posibles, ya que es el Otro el quien posibilita. Así el sádico, el que golpea a una mujer, el mandatario venezolano que duerme como un bebe mientras su pueblo desaparece entre el hambre, las enfermedades y las migraciones, son sádicos en la medida en que anulan al Otro de su alteridad y no por hacerlos sufrir, como podría pensarse inicialmente.
Ser un perfecto arrecho latinoamericano implica anular al Otro, de subsumir la alteridad en la Nada, en masificar admirativamente desde el ego, y si le sumamos la idiotez que presenta políticamente podemos entender los porqués que han llevado a algunos países a sus propia destrucción, a eliminar a una generación de sus habitantes, a impedir el desarrollo y los derechos humanos, a cerrar las posibilidades de ser un país moderno, y es que el perfecto idiota latinoamericano y arrecho, al eliminar al Otro elimina toda potencia, logro, forma, acto. Arrecho es pues, una palabra cotidiana que posee una carga semántica dura, profunda, con la que podemos afectar al Otro anulándolo, y que en varias ocasiones exige más de nuestro sentido de humor que a nuestro sentido común para seguir existiendo. Esta instalación gnoseólogica que nos define e identifica, ¿cómo podemos deconstruirla, como podemos leer la arrechera entre líneas cuando carece de márgenes, de grafía en los textos universitarios, en las novelas? quizás en los poemas. El poema “El Té de Manzanilla” de la arrecha poetiza venezolana Miyó Vestrini y que dedicó al también arrecho poeta venezolano Víctor Valera Mora, hallamos esta posibilidad:

Le puse su nombre a una vieja palmera africana
sembrada junto a la piscina de mi apartamento.
Cada vez que me tomo un trago,
y lo saludo,
echa una terrible sacudida de hojas,
señal de que está enfurecido.
Me dijo una vez:
La vida de uno es una inmensa alegría
o una inmensa arrechera.

Desconstruir la arrechera en Venezuela y quizás en Latinoamérica es pensar la inmensidad que nos rodea. La inmensidad de riquezas que nos han dicho que poseemos, de la inmensidad de felicidad que nos depara las promesas políticas, religiosas o familiares, de la inmensidad de satisfacciones por los esfuerzos que realicemos anulando a los demás, la inmensidad... ésta palabra que simplemente nos indica que algo no se puede medir, es posible que nos indique nuestra principal falta, nuestra obvia carencia que es una incapacidad para medir, mesurar, dimensionar, provisionar y que son consecuencias de una arrechera que obnubila y nos encumbran, haciéndonos seres que nos debatimos entre una inmensidades sin coordenadas ni norte, es decir, estar en un desierto de soberanos. El perfecto arrecho latinoamericano no puede preveer el futuro, porque al eliminar al Otro las reales posibilidades de construcción de un país, de una sociedad se pierden, los arrechos se eliminan entre sí: las élites intelectuales, artísticas, empresariales, se arrechan con los idiotas, los acusan de ignorantes, simplones, corruptos; pero los idiotas también se arrechan y desde su poder muestran cómo las élites también han perdido su capacidad de conmensurar la realidad, de calcular el bienestar de los Otros que a veces llaman ciudadanos y a veces llaman pueblo y en ese vaivén mantener descalibrada la cultura, la modernidad, la inteligencia; unos y otros, idiotas, élites, pueblo, ciudadanos, se mantienen arrecho, se mueven en inmensidades abstractas y absurdas, logrando así indeterminar razones de Estado, de leyes, de bienestar.  
Puedo pensar entonces que la palabra arrecho que oí de niño y no entendía sus significados, que lo usa con destiempos muchos hombres y con indignidad las mujeres, esa palabra que abarca significados eróticos, admirativos y violentos, en el fondo marca una mirada a nuestra falta de educación en medir, evaluar, estableces, tasar, racionar, graduar, dosificar nuestras emociones, nuestras pulsiones sexuales, nuestra capacidad de asombro, nuestro entendimiento de los Otros. Nosotros los perfectos arrechos latinoamericanos aún nos cuesta entender lo que nos pasa porque nos han educado más dentro de sueños libertarios del siglo XVII, de ocultar nuestras faltas, nuestras historias personales, nuestras herencias a través de narraciones picarescas del siglo XVIII, nos enseñan psicologías positivas de grandeza, de inmensidad de sueños sin límites propias del siglo XIX y consumir pastiche de ideología y modelos de perfección que se hallan en libros que los perfectos idiotas promueven y asumen como biblias y en los mitos del perfección que empresarios, ídolos y asesores inyectan a los ignorantes; todo muy alejado de una educación ciudadana, de un programa educativo que ya ha sido expuesto ciento de veces, desde Aristóteles, de un concienciar y educar en las vitudes dianoéticas, en especial la prudencia, aquella precisamente que media, que calcula, que da razón al acto, es decir mientras mas arrecho estamos menos prudentes somos, por lo que cuando Ernesto Villegas auyó que Chávez viene arrecho, nos mostraba el camino de la imprudencia que nos han llevado a una Venezuela caótica del siglo XXI y, si seguimos arrechos, nos anulará como nación.   

martes, 5 de junio de 2018

LA ERA DE GEORGES BATAILLE O EL SIGLO DE YOUTUBE


Fotos: "Contacto Humano 1", realizadas en Indonesia
Veo un video de un viejo alumno que promociona el canal de su hijo de diez años en YouTube, quiere volverlo un youtuber o youtubero. El primer video de su hijo busca temas para hablar y le pide a sus seguidores que le envíen ideas. Una persona mayor de Mi Amiga Japonesa crea su canal de Youtube, me pide que lo siga, tiene catorce videos de osos pandas, él los edita, se apropia de la imagen volviendo algo de otro, suyo legalmente. Veo cientos de youtuberos que hablan de las cosas que odian o aman de Noruega, Japón, Kenia, Venezuela o comida mexicana; mostrando las fases de la ilusión y desilusión que conlleva todo encuentro con la realidad, también se consiguen youtuberos que tiene las siete cosas que nadie sabía sobre cómo hacer algo o pensar la vida y ellos te enseñan desde cómo controlar el colesterol hasta cómo hallar ofertas de maquillajes, también hay youtuberos que poseen las cinco verdades suprema sobre la política, amor, dinero, Dios, cine y a veces sobre la realidad, o aquellos youtubers que se burlan de cualquier hecho, cultura o drama para así volver su canal mas ligero, aprehensible, cómplice y autodenominarse humoristas. Los youtuberos hablan de cualquier cosa, remarcando siempre sus experiencias, opiniones o puntos de vistas, por lo que siempre, en algún momento de sus discursos dicen: es mí opinión, mí experiencia, mí punto de vista, siempre sobre los temas que hablan o aluden, claro, sus discursos nunca apuntan al cálculo, historia o técnicas específicas de ahí la preponderancia del pronombre personal. Veo algunos youtuberos inteligentes, que usan la historia para mermar el pronombre personal, otros muy tontos que sólo saben usar pronombres personales y otros perdidos en el mundo digital que no saben ni siquiera que es un pronombre personal, en fin hay para todos tipo de degustación linguística.
"Contacto Humano 2"
A veces, en la soledad de mi cocina, preparo mis alimentos acompañado de un vino chileno cuya botella cuesta dos veces menos que un kilo de carne en Japón, mientras tanto me distraigo viendo la pantalla de mi computadora programas de YoouTube;  “siento” que estoy viendo un televisor, a veces creo que son programas que me entretienen de fondo, haciendo ruido a mi soledad, mientras me hago una pasta, pero últimamente y, a diferencia del televisor, percibo en estos entretenimientos dados por los yuotuberos mas que ruido de fondo, mas que mero entretenimiento, son confesiones de primera fila acompañadas con exceso de imágenes, información, positivismo, sentencias, que hartan mis sentidos y entendimiento, llegando a pensar de cómo en mis años de estudiante universitario asumía una postura positiva sobre la necesidad de la sobreabundancia, del exceso, de la exuberancia que ahora no puedo digerir. Lo desmesurado es el patrón de Internet, siento que he cambiado de ser en mi juventud un lector de los excesos de Georges Bataille, a ser en estos años un lector de lo mínimo de Musō Soseki, yo he cambiado, pero Internet, aquella que conocí como el súmmum del enciclopedismo en mi juventud, también se ha modificado hacia un mínimum de saberes.
"Contacto Humano 3"
A diferencia de lo que pensamos sobre la candidez  de los espectáculos que se promocionan en YouTube, es posible que YouTube sea un gran confesionario del siglo XXI, donde todos sus miembros  y especialmente sus Youtube Partner deben y promueven la confesión. El cine y la televisión e inicialmente la literatura y filosofía, poseen espacios para las confesiones, desde la obra de san Agustín, pasando por Las Confesiones de Rousseau, llegamos a documentales donde “Popeye”, John Jairo Velásquez, sicario de Pablo Escobar se confiesa y pide perdón a sus víctimas, al igual de cómo algunas producciones de Hollywood le dan su toque a la confesión fílmica como en la película Molly´s Game (2017) de Aaron Sorkin  con la interpretación de Jessica Chastein, donde observamos las confesiones de una mujer por sobrevivir en un mundo de competencias y azar. Los medios han preparado programas especiales donde las confesiones emergen: los artistas, los políticos, los jugadores, los cantantes, las victimas y los victimarios se confiesan; la farándula y las revistas del corazón reciben sus principales aportes económicos de las confesiones de los ídolos, de los amantes, de los maliciosos. Es sabido que las confesiones aumentan rating, ahora bien ¿esta misma lógica se aplicaría a los youtuberos? ¿Ellos se confiesan para aumentar sus seguidores, para ser un influencer? En principio podemos pensar que sí. Hay un mínimo común denominador y es que todos ellos en varias ocasiones se confiesan dentro de una habitación, dentro de un auto, en la calle, solos frente a la cámara, al lente, al ojo de un confesor anónimo, amorfo, configurado por una  masificación de link y comentarios sosos en su mayoría.
"Contacto Humano 4"
Al final el confesor perdona a sus penitentes sus pecados con la condición de que sigan confesándose, así que se vuelve un patrón, aportando dinero por su tiempo, por colocar un vídeo diario, pero para ello deben manejar miles de byte de información en imágenes, en narraciones y editarlo, o hacer livestream y pasar horas comentando, confesando, narrando todo lo que ocurre a su alrededor con clientes, fans y amigos virtuales, lejos, fantasmales. Los youtuberos con sus puntos de vistas, buscan ser influencers, buscan desarrollar markenting, tratando así de idealizar un círculo mórbido, un ying-yang armónico entre los que se confiesan dando una interpretación mediocre de los hechos verdaderos para mantener un poder evanescente o ascendente y los confesores que son aquellos que aceptan estas interpretaciones porque los hechos verdaderos se les desvanecen por su adicción a sus ignorancias o creencias. Esta relación crean vértices en una sociedad descentrada desde el siglo XVII, vértices que permiten escapar de los dramas barrocos que nos inundan; pero vamos por partes.
"Contacto Humano 5"
Lo dicho por el penitente, aquel que da “todo su punto de vista”, en el fondo describe un sitio, una manera de ser, un modelo que se percibe singular, algo particular en una lista de serie, por lo tanto, “un punto de vista” es una potencia de ordenar los casos, pero no es relativo como se cree aunque se exprese como: “mí opinión”, “desde mí experiencia”, “yo creo”, etc., marcando así sus narraciones con un aura de exclusividad, veracidad, certeza; como insinúan los youtuberos a sus confesores. “Un punto de vista” no es relativo, no indica una relatividad de lo visto, porque es una potencia, una manifestación de un género de verdad, las conjeturas de las cosas exigen un punto de vista, los putos de vistas son condiciones dadas para las manifestaciones de la verdad, es decir, es un perspectivismo. Quien dice punto de vista dice que hay una pluralidad de puntos de vistas, posibilidades de series, y por ende, una distribución de puntos de vistas que crean vértices que se unen como poliedro conformando la realidad. Por lo que los puntos de vistas de los youtuberos es una parte de la conformación de la realidad, estos youtuberos presentan un valor en crecimiento y necesario, un perspectivismo, un orden de una serie de causas que nos permite entender algo de la conformación de la realidad, como podría ser la realidad de Japón que hace el youtubers Kira (https://www.youtube.com/user/KiraPepelu) , pero esto son excepciones, la mayoría de los youtuberos, aunque se presenten con un perspectivismo, mantienen un discurso arrogante, presentando su visión como la totalidad de la realidad aunque digan que es su opinión, lo que narran son pseudoverdades, esto deriva por las maneras de usar el discursos perspectivista que siempre parece políticamente correcto y es constantemente usado desde los puestos de poder, claro, hasta que toman las decisiones. Este discurso perspectivista es complicado en narrarlo ya que un perspectivismo implicaría la aceptación de otros puntos de vista con igual valor de aquel que se confiesa observando la cámara, como si miraran entre las rendijas del confesionario, buscando expiar sus pecados, ¿cuál pecado?, ¿Apocalipsis 3:16?, ¿cuál acto de maldad asume el youtuber?
"Contacto Humano 6"
La confesión proviene de la palabra latina confessus, que posee el prefijo con- que indica todo o junto, y el verbo fateri en su participio pasado que implica admitir,  decir; confesar es expresar: ¡he dicho todo! Lo que para el cristianismo implicaba en eso dicho llegar a la dicha. El admitir una culpa, una falta, un fallo presagiaba una penitencia para luego llegar a un destino favorable.  El pregonar la culpa en el cristianismo permitió la disciplina penitencial, a partir de la segunda mitad del segundo siglo y la ascesis monástica, a partir de finales del tercero. Estos dos tipos de prácticas no produjeron un mero reforzamiento de las prohibiciones, o exigió en las costumbres un rigor mayor. Definieron y desarrollaron un cierto modo de relación del individuo consigo mismo, así como una cierta relación entre el mal y lo verdadero; digamos más precisamente entre la remisión de los pecados, la purificación del corazón y la manifestación de las faltas escondidas, de los secretos y de los arcanos del individuo en el examen de sí, en la confesión, en la dirección de la conciencia y las diferentes formas de «confesión» penitencial; éste transitar que proveía la confesión, este desvincularse con el mal para hallar la pureza se ha trastocado. La confesión de los youtuberos no implica una exoneración del pecado, un traspasar de estado, pareciera todo lo contrario, el youtubero “ha dicho todo” para anegar los sentidos, para saturar el pensamiento, para exacerbar las creencias, para quedarse, creando un trasgredir virtual, pasivo, un mal que no legitima ningún poder sino rutas hacia una libertad total, como lo escribió otro pensador de las confesiones: Bataille.
"Contacto Humano 7"
Para Bataille la libertad se vincula con la transgresión, una trasgresión que se vincula con el mal, porque solo es posible designar la libertad cuando no se tenga apoyo del bien tradicional u orden establecido, así el mal se presenta como un deseo enloquecido por la libertad, claro Bataille explica claramente que no es el mal como fuerza de abuso, de destrucción, funesto, banal como aplica actualmente el gobierno venezolano a su población, no, es el mal como transgresión necesaria para la libertad y esto es lo que podemos percibir en las confesiones de algunos youtubers; además, si Bataille une el erotismo con la imposibilidad de comunicación y la economía en el exceso de consumo, el potlatch, todo condesado en nuestras partes malditas que es el lado oscuro de nuestra conciencia que nos impulsa hacia el exceso, el despilfarro y también la destrucción; los youtuberos confiesan sus partes malditas, profundizando indirectamente las nociones de Bataille, expresando una economía de derroche y de deseo, profundamente irracional, que es el quid del capitalismo y que mantiene los confesionarios, además de marcar un erotismo que se expande por la incomunicación que satura la Web.
"Contacto Humano 8"
Podemos pensar que estas partes malditas que funde la incomunicación del erotismo y el potlatch de la economía batailliana con el ansias de libertad, es lo que los youtuberos alimentan con sus perspectivismos, generando las ansiedades de confesarse, mostrando una cantidad de imágenes que solapan vacío, replanteándose el exceso, no en tanto un signo rebosante, donde la política y la ética la tachan por se una falta de carácter, sino como un signo de libertad que ya está presente en la estética desde las concepciones del barroco. La estética barroca y la estética del siglo XXI contienen innumerables bases de vacíos, que se abren en el lugar donde el lenguaje toca lo real y donde surge la falta de un significante primero. Si la filosofía repudia con folclor ese vacío, declarando todo lo real racional con jerga hegeliana, la estética le da forma, con el riesgo de denegar lo real tal y cual se percibe en YouTube. Esto sucede así con la poética del exceso, entendida como su puesta en formas y en escenas de la multiplicación de los significantes, de las imágenes, de los efectos, del perspectivismo, transformando el lenguaje en un teatro que recubre el vacío que nos rodea, pero que, sin embargo, no deja de significarlo. Transporte metafórico, figuras de la hipérbole, retórica de lo inefable, gongorismo, acumulación carnavalesca, según la lógica de la denegación, conllevan a la afirmación redoblada del vacío real que tratan de tapar; por lo que los excesos de los youtuberos que usan sus confesiones como hilo conductor de sus canales, son puestas de escenas que cubren los vacíos de ellos mismos, de alguna manera viven, perciben y confiesan y que se sintoniza con el vacío de sus confesores, vacíos marcados por el tiempo excesivo que poseen, en su mayor parte, y en otra por la falta de juicio estético que hace que este poder del exceso se pierda, no trasgreda y quede en unos like dado por una simple empatía de burla, de drama o sorpresa. No es el exceso de las confesiones lo que crea el morbo, es que la mayoría de confesores están enfermos, paralizados en ver y escuchar para no pensar en una acumulación de tiempo libre que nunca se había tenido antes en la historia de la humanidad.  
"Contacto Humano 9"
Hay tanto tiempo de ocio que no sabemos que hacer. A veces decidimos ver maratones de series, lograr romper record de horas dedicadas a un video juego, aislarse en las pantalla para surfear por la información y compartirla aunque no entendamos sus causas o consecuencias. Aunque digamos que no tenemos tiempo para leer los clásicos o ver aquella película la cual nunca tenemos tiempo de verla o para ver un amigo en un café, no tenemos tiempo para la trivialidad de la cotidianidad y a veces para el contacto humano, pero si para el exceso de la Web, para el perspectivismo, para el espectáculo, alejado de nosotros, volviéndonos fantasmas, anónimo, potencia. La época de los youtuberos y confesionarios es dada por el tiempo excesivo que se posee en el vacío, así nuestras computadores y Smartphone se saturan de videos de media hora o una hora, películas completas, colecciones de discos, podcast de cinco horas, youtuberos, y presenciamos como cada vez las películas son mas largas y las series cruzan los años como Juego de Tronos, mostrándonos un tiempo que no corre, pasivo, abundante, podemos estar viendo series con diez años de transmisión y a veces ese tiempo no se percibe. Siempre se ha tratado de organizar el ocio en las diversas sociedades, con clubs, aficiones, entretenimientos mensuales, anuales, pero fue el Internet quien logró organizar el ocio diario que implica exceso… o carestía…
"Contacto Humano 10"
Los confesores están enfermos, están mórbidos en el tiempo vacío y con el tiempo, el morbo del exceso de tiempo une a los youtuberos con sus espectadores. Los youtuberos son discípulos de Bataille, de sus axiomas sin saberlo, dejando la política, la religión, la economía y a cientos de filósofos como anotaciones a pie de página. Los confesores se alimentan de excesos para percibir sentidos, perspectivas, aniquilación de horas que dan los youtuberos, las redes sociales, las lecturas vanas, los juegos de feedback positivo inmediato como Candy Crush o Tetris o el elemental chismoseo o cotilleo que siempre entretiene desde la nobleza hasta al plebeyo.

domingo, 6 de mayo de 2018

EL COLECCIONISTA DE GRANIZO (MINICUENTO IX)

Sabía que tenía que irse, lo que no sabía era lo que ocurriría luego, que se convertiría en el mejor coleccionista de granizo. Salió del país porque resultó ser una región propicia para los experimentos ideológicos, para las éticas sin centros, para aumentar las amarguras, las impotencias, los odios entre las miradas. Llegó a otro país donde él no le interesaba a nadie, donde no tenía ni amigos, ni familia, ni historias, ni muertos, ni idioma. Llegó a un país lleno de mitos que no podía conocer, narraciones que nunca imaginó que existirían, soledades adosadas al silencio y al pasar. Él no era nadie, su subsistencia provenía de un trabajo intercultural que halló por error: laborar en un restaurante. Reflexionó que la comida es el principal medio de transculturización pero luego no poseyó metodologías para seguir merodeando los pensamientos ajenos y propios. Trabajó en el restaurante, en todos sus recovecos, en lavar platos, en picar cebolla y pimentón, en freír papas fritas y limpiar la nevera y la cocina hasta dos veces al día. Allí olía la canela ahogada en mantequilla blanca, la carne desvaneciéndose en los jugos de un tomate sin patria, la pasta desovillándose de sus envoltorios y dejando un leve rastro de harina en la mesa. Ayudaba en la cocina, lavaba por horas platos, vasos y tazas y siempre el piso, la nevera, la cocina, el baño; así, año tras año, mientras veía las noticias de su país que se arropaba con ilusiones, mientras leía los mensajes de su familia pasando hambre, de sus amigos declarando guerras sin armas y alguno de sus amores sufriendo por enfermedades nuevas sin esperanza de curación, se sumía en una profunda depresión que sólo el mordisquear de sus uñas calmaba. Luego de dejar la cocina y de comer lo que sobraba como frituras, sopas, panes, tortas, jugos y a veces porciones de pasta o papas rebosadas de crema agria; recordaba el hambre que pasaba su padre que había perdido doce kilos, al igual que su madre, sus hermanas, sus sobrinos, sus cuñados, sus amigos. El hambre no espera, consumía todo, todos lo días la desnutrición afloraba en los rostros de sus connacionales, no había forma de ayudar a engañar el hambre en el país, no había forma de mitigar el dolor por falta de medicina o revisar futuros inciertos, no había remedios, ni libros, ni café. Todo era devorado por una economía hiperinflacionaria que mermaba las esperanzas y desaparecía las previsiones. Él dolor lo embargaba y mientras sabía que todo lo que había dejado en su país se moría de hambre, observaba a los comensales del nuevo país dejando pan, torta, arroz, café en los platos; dejando algo que no podían consumir, engullir, tragar y él terminaba por obligación botándolo. Durante sus años trabajando en el restaurante lo único que siempre observo fue que nadie dejó su porción de carne, no importaba cómo, cuándo, dónde, se cocinó, adquirió y sazonó, siempre se comían la carne. Una noche supo que sus padres desfallecía de hambre, había pasado muchos meses sin comer completo, trató de enviar comida por alguna organización internacional, pero todo era tergiversado: las cantidades, los precios, los productos. Esa noche la impotencia le hizo comerse más que sus uñas, morderse los dedos, arrancar sus cutículas. Desde entonces, cada cierto tiempo se devoraba trocitos de piel arrancados con sus dientes, pedazos de sangre coagulada que recordaba una angustia o lamía sus impotencias entre lágrimas insonoras. Él tiempo pasaba, su país se desdibujaba en cuentos grotescos,  su pueblo se transformaba en fantasma. Su padre murió, luego su madre, sus hermanas, ya casi nadie sobrevivía, y cuando lograba conectarse con sus sobrinas o cuñados había un leve tono de psicosis derivado del hambre, de la miseria, del control ideológico. Cuando murió su padre se corto un gran trozo de su dedo pequeño del pie izquierdo y lo masticó por horas. No sabe si fue un homenaje, una pulsión caníbal, una sensualidad nuclear derivada de una ansiedad antropófaga; pero continuó, al morir su madre se cortó casi una falange de algún dedo de su mano derecha. Su cuerpo se había llenado de cicatrice, casi todas de cortes precisos y pequeños, haciendo su piel ajada. A veces cuando hacía el sexo con una prostituta que paseaba algunas noches cerca del restaurante, ella le preguntó por esas heridas, él le habló de las torturas, de las revoluciones, del socialismo, del poder; la prostituta entendía más de lo que él suponía, porque también había llegado a aquel país para escapar de las debacles propia de un ego fascista que había tomado el poder, con seducción infantil su país, trazado futuros sin arte y sin perplejidades. Él supo que no podía regresar, ¿para qué? Sus padre y hermanas habían muerto, sus amigos habían desaparecido en el tiempo, en el espacio, su memoria había disminuido. Trató por años de no saber más de su país, ni de sus hambres, ni de sus muertos, ni de sus políticos; pero no podía dejar de cortarse, de morderse, de chupar gotitas de sangre, de succionar pequeños pedazos de su piel. La culpa, la impotencia lo embargaba, buscó una solución en aquella prostituta con las que pasaba las noches de frío o calor en la pequeña habitación donde él organizaba una vida de pobreza. En algún momento ella le dio una respuesta, la misma que le había funcionado a ella y le permitió reconciliarse con lo efímero de la vida, una respuesta inquietante y casi sin agarres: coleccionar granizo. Al principio no entendió, pero ahora, cuando abre su pequeña nevera, ve los frascos de vidrios con etiquetas de los lugares y las fechas donde granizó, silenciosamente se olvida de la carne, de la mala suerte, de las tragedias carnavalescas que se desarrollan entre los telones de los actos revolucionarios.