lunes, 18 de febrero de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (NICOLÁS MADURO)


NICOLÁS MADURO MOROS
CUENTOS MADUROS
Maduro está en un lugar alejado en Siberia, en un apartamento sólo, le acompaña unos perros pequeños y un ruso alcohólico pero que habla español y fue de la policía secreta, y que ahora todos los días le pide la bendición mientras bebe un poco de vodka. Su mujer se quedó en alguna playa paradisíaca en el Caribe con sus mejores amigos, vendiéndoles a los turistas socialistas historias de revolución. Maduro entre el frío siberianos escribe sus memorias en forma de cuentos y lo titula: Cuentos Maduros, porque lo único que aprendió a escribir y a decir son cuentos cortos ficcionales que buscaron ser realidad porque sentía que tenía el don de la palabra. Hace mucho frío en Siberia pero sabe que esa tarde irá a visitarlo unos jóvenes comunista de Eritrea del Sur para tomarse fotos y saludarlo, a veces le llevan regalos como un kilo de azúcar o un aguardiente de la región, pero lo tiene que esconder porque el ruso borracho que lo atiende y vigila siempre le roba el alcohol. Ha adelgazado y eso lo hace sentir mejor. Escribe capítulo a capítulo su obra para exorcizarse del agobio que le hicieron Diosdado, los hermanos Rodríguez, Aristóbulo, Arreaza, Padrino, que lo volvieron títeres, pero que es esos momentos de gloria revolucionaria, él pensaba que era el iluminado de un pensamiento que Chávez había parido sin tintas ni argumentos. En los primeros cuentos Maduro relata cómo y dónde realmente murió Chávez y cómo fraguaron la última firma del caudillo para declararlo vicepresidente y así allanar sus pasos a la presidencia, también recuerda su Cúcuta natal y cómo nadie fue capaz de ver su partida de nacimiento y aunque es un documento público él pudo esconderlo de todos para siempre. También en estos primeros capítulos recuerda su admiración a la película Dr. Dolittle y sus momentos de epifanías cuando habla con pájaros, gatos y en la actualidad con sus perros, aunque estos le contesta en ruso. Los siguientes cuentos son cuentos de poder, de cómo atar conciencia con la ayuda de Shangó y menguar la economía, de cómo amalgamar fuerzas con Oshún en una asamblea constituyente, de cómo defenestrar intereses con Obbatalá y países cuyos presidente se han declarado inmortales, de cómo crear sumisión con la ayudas de Eleggúa y la repetición de una mentira, de un programa, de un cuento o por lo menos Andollo Valdés y varios miembros de G2 le explicaron y ejecutaron. Maduro pensó en escribir su historia de amor con Cilia, pero decidió prescindir de esas páginas donde su mujer le exigía a cada rato que tenía que ser un hombre, que tenía que ser fuerte, que era el hijo, el heredero del antiimperialismo, que era como un personaje de Marvel que ella admiraba, pero a la vez de cómo debía de ayudar a todos aquellos que le hacían la pleitesía a ella, mientras a veces, lo dejaba masturbar mientras ella hacía actos sexuales con algunos miembros de su guardia personal, la mayoría hombres negros cubanos de grandes penes, y mientras se la follaban ella le hablaba de Gala y Salvador Dalí, pero él no entendía mucho de metonimias y lo que siempre quería era correrse lo más rápido posible para luego fumarse un habano que le llegaban del gobierno de los Castro. Los últimos cuentos fueron sobre cómo le hicieron un jaque mate por malos cálculos de sus amigos y enemigos, de cómo al final los revolucionarios chinos se acostaron con el mejor postor capitalista y por algunas miles de hectáreas de terreno fértil para su soya, de cómo los turcos se contentaron con algunas toneladas de oro y a cambio le enviaron un avión con Salt Bae para que le cocinaba una carne de cordero en menta mientras huía del país, rumbo a Rusia, donde Putin pedía su culo, cientos de cuentas en paraísos fiscales, oro, diamante y coltán por las pérdidas que hizo a las empresas de sus amigos en Rosneft, Lukoil, Kaláshnikov. Ahora escribe los últimos capítulos de su libro de cuentos, mientras ve por Internet un país llamado Venezuela que no reconoce, pero eso sí, desde hace años tiene la costumbre de acostarse agradeciendo a cualquier Dios de turno que lo escuche el no haber terminado como Mussolini, Ceaucescu o Gadafi o con una vida miserable, aunque un cáncer de colón no lo deja evacuar bien por las mañana y a veces su mierda se desparrama en sus manos, en fin, Maduro debe terminar de escribir las últimas estrofas de su libro para pasar a la historia como otro bufón más.     

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