sábado, 23 de diciembre de 2023

CERRAR LOS OJOS - DOMINGO DE CINE (23)

 


PELÍCULA: CERRAR LOS OJOS

PAÍS: ESPAÑA

AÑO: 2023    DURACIÓN : 210 minutos

DIRECTOR: VÍCTOR ERICE

ACTORES: Manolo Solo, José Coronado, Ana Torret

SINOPSIS: Una película dentro de otra, un misterio sin detectives, unos medios de comunicación que buscan respuestas para mantener un público que olvida rápido el pasado, un filme que muestra a todo lo largo de su exposición que cada producción tienen sus ritmos y sus tiempos, y el de la memoria es el más aletargado y el de las emociones el más corto. Esta condensación y expansión de la memoria es el esqueleto que sostiene la película y que la vive un director de cine (Manolo Solo) cuando se dedica a recordar, a buscar a su amigo actor (Jóse Coronado) que desapareció sin explicación luego de rodar una toma de una película que realizaba hacía veinticinco años atrás. 


PENSAR LA PELÍCULA. En un año que nos saturan con películas manejadas con memorias afectivas de la infancia como es Barbie o llena de información histórica, como es Oppenheimer, ambas películas comentadas, alabadas o desechadas por la crítica y el público, mientras la película de Erice ha sido aclamada por la crítica y aplaudida por un sector "culto" del público y rechazado por miles de espectadores. Muchos comentan esta película como una obra de arte pero: casi nadie la ve. Apenas a recolectado 600.000 de dólares en taquilla, que si lo comparamos con los 1.441.820.452 de Barbie y los 952.011.450 de Oppenheimer; pues sí la obra de Erice le ocurre como a muchas obras actual del cine, nadie la ve, y sus principal público son algunos cinéfilos, curiosos, conocedores y personas que quieren gozar un cine lejos de los demás, quizás sin exhibir por las redes su gozo, como es la tendencia de las personas que van al cine, no para disfrutar y perderse en la película, sino para que la vean, como últimamente presencio cuando voy al cine. Quizás sean los jóvenes o personas cuya educación estética ha sido sólo conformado por superhéroes, series de Marvel y sueños de DC, quienes generen estas críticas que tomo de la red: "Terrible, espantosa, larga y tortuosa", "Los peores actores que he visto y mala dirección", "diálogos forzadísimos, sin ritmo, sin conflictos, sin sentido", "una historia llena de clichés, tópicos, frases vagas, en conclusión: inútil", y una de la que más gracia me da: "Varias personas abandonaron la sala; yo me arrepiento profundamente de no haber seguido su ejemplo. Sólo me marché de una sala de cine en una ocasión, en los años los noventa, con la película Showgirls, y eso que yo, adolescente en ciudad de provincias, podría haberme dejado seducir por los desnudos y el erotismo. Pero no, la película era terrible aun para un teenager pajillero. Lo trágico es que "Cerrar los ojos" es todavía peor película". Entonces algo ocurre, algo que estamos dejando pasar, algo que podía preocupar a las personas, a la industria del arte, a la creación, a los artefactos culturales como llaman algunos posmoderno y es una clarísima diferencia del gusto, de perspectivas, de criterios, de experiencias vitales, del gozo, de trascendencia sobre los productos de arte, del capitalismo banal como educador de opiniones. Leo las críticas de los expertos y todos hablan de la inteligencia de la película, de cómo el director nos muestra la fragilidad de la memoria, de los sentidos, de las acciones, una crítica que alaba la actuación de los protagonistas, de su fidelidad al papel y de sus reacciones emocionales variables y profundas que se necesitan actuar a todo lo largo del filme, pero aunque la crítica clasificada hable maravillas del filme, muchos comenta de los "forzados" de los diálogos, del sin sentido de las escenas, y de como todos abandonan el barco lentísimo que va hacia un iceberg de fracaso. Trato de entender a los que evalúan la obra como pésima, dándole la mínima aprobación posible, me imagino que ya hay una generación que sólo tienen placer en los excesos que le producen serotonina por las escenas de acción, en las respuestas rápidas e ingeniosas a problemas cotidianos y torpes, en inspirarse en dragones, lunas en galaxias desconocidas como hechos sensibles para entender su realidad. También me coloco en lo que califican como obra de arte la película, como un intento de conservar la belleza del cine, de mostrar momentos inolvidables que no requiere explicaciones, de dejarse atrapar por la historia que puede ser más común y corriente de lo que se pueda suponer. 

Pienso que la película de Erice es un test, un examen para conocer cómo estamos educados estéticamente, para reconocer nuestra capacidad crítica sin que nos hundamos en un tsunami de opinión con las masas, de saber cómo nos liamos con el tiempo, porque muchos acusan la película de ser larga y lenta, como si a mayor acción y diálogos profundos que ocurran en un tiempo es mejor el filme y no pueden observar la increíble cantidad de sentidos y belleza que la obra de Erice comprime en sus silencios, imágenes o en simples conversaciones o acciones como el de anudar una cuerda, y como podemos regodearnos en ellos, esta obra es un examen para reconocer nuestros sesgos sensibles, pero también es un examen opcional, que como eran algunas materias en la universidad, sabemos que no nos completan nuestra formación sino que la puede agrietar, así que veo el filme de Erice como un examen para conocernos, para enfrentarnos con las raíces de nuestra educación estética y observar nuestros cercos que nos pueden detener para disfrutar de otras perspectivas, artes, propuestas, para saber si aún los recuerdos que no estén en una nube o en las redes sociales aún nos importan.