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martes, 23 de julio de 2024

ELECCIONES DE VENEZUELA 28/07/2024 ・ BESTIARIO・


Los carnavales de 1992 no ocurrieron en febrero como siempre se tiene la idea, sino se realizaron por caprichos de la luna en la primera semana de marzo. En febrero de aquel año se realizó el Golpe de Estado o la Insurrección de los Militares, o como quieran llamarlo los sesgos de la historia, donde un Teniente Coronel tomó la responsabilidad de aquellos actos y dijo: "por ahora", volviéndose esa frase pasto verde para las vacas multicolores de las esperanzas. En esos carnavales, por el barrio, una vecina disfrazó a su hijo de "chavito", lo vi cuando pasaba por su casa y al ver al muchacho inquieto y feliz, con su boina roja y su banda tricolor, sabía que algo se quebraba en mí en ese momento pero no pude saber bien qué. Al preguntar a su madre la "razón" del disfraz, sabiamente dijo que ya no necesitaba disfrazar a su hijo ni de Superman ni de Batman, que ya teníamos un héroe propio. Luego vi a más "chavitos" o mini émulos de Chávez por las calles, era el fin de semana previo al Carnaval y las personas no entendía o no querían entender lo que pasaba. Otra vecina me arrinconó para explicarme cómo Chávez había vuelto a darle las esperanzas al pueblo y especialmente a ella, esperanzas que abría nuevos cambios, futuro y prosperidad. Ella me arrinconaba porque yo soy en esencia una persona desesperada, no en el sentido de angustia o por la necesidad de redimirme por un mal acto cometido, sino como indica la palabra: por no tener esperanzas, y eso a mis vecinos del barrio le molestaba e incluso a mi familia y ciertos amigos que me cuestionaban de vez en vez, ¿cómo alguien puede vivir sin esperanzas? Ante de darme a la tarea de explicar las diferencias entre virtudes teologales y dianoeticas, pues me sumía en silencio que es lo único que me hace estar vivo. 

Desde finales del siglo XX Venezuela es un país encasillado en una frase escrita por Rómulo Gallego en su Doña Bárbara, en el capítulo La Doma: "Tierra abierta y tendida, buena para el esfuerzo y para la hazaña, toda horizontes, como la esperanza, toda camino, como la voluntad". Es decir, mutatis mutandis, lo que muchos quieren hacer en el país son hazañas, a veces sin importar el esfuerzo o la importancia de la misma para el país o para los sacrificantes, ya que la mayoría actúa desde una voluntad que generalmente confunden con deseos infantiles y suponiendo que la única guía verdadera para ir a cualquier lugar es siguiendo un horizonte con velos de esperanzas. Son estos horizontes de esperanzas los que creó aureolas en las cabezas de Arias Cárdenas, Manuel Rosales o Henrique Capriles y hasta a un pastor protestante en las elecciones de mayo del 2018 para acceder a la presidencia en enero de 2019, ya que los caminos son tan anchos por el país, que ¿era lógico que un recién presidente esperara seis meses para tomar el poder?, pero no hubo necesidad, la voluntad de Maduro envuelta en remedos de trascendencias banales reafirmó cómo estas tierras tienen necesidades de hazañas y urgencias de esperanzas. Millones de venezolanos continuan oteando esos horizontes después de las últimas elecciones, antes con Juan Guaidó y su acompañamiento a la victoria con cincuenta naciones apoyándolo y ahora con María Corina y alguien que rima con "todo el mundo". Seguramente hacia el final de mi vida, no podré demostrar que el universo y la estupidez humana son infinita como tratan de hacer algunos YouTube, pero quizás podré demostrar que la esperanza tiende en sistemas de miserias y maldad hacia lo infinetisimal. 

Lo cierto es que la esperanza se ha buscado, vendido o comprado, porque se necesitaban horizontes que permitan avanzar hacia los cambios que todos quieren, eso sí, nadie ve, comprueba, analiza, investiga, mide, o teoriza sobre esos horizontes porque las esperanzas es lo suficientemente contundente y "lógica" para que nadie dude de ir hacia donde queremos ir. Así los "chavitos" fueron las primeras alegoría de una "nueva" esperanza, y en la medida en que recorría hacia ese horizonte revolucionario el país se quebraba o ¿se quebró?, pero no importa porque en el fondo a mayor miserias, indigencias, ignorancias, sumisiones, intranquilidades, pensamientos mágicos, injusticias y corrupciones, más necesidad de esperanzas habrá, más ansiedad por hallar horizontes para huir se buscarán. Por lo que estas elecciones de 2024, en 28 julio, en el día del cumpleaños de Chávez difunto, por lo que esta elecciones no se pueden ver como un regalo sino como una ofrenda, aunque según la ley escrita y poco sagrada ¿no debería realizarse el día de Santa Barbara o próximos?, lo cierto es que ya pasó el carnaval e intuyo que ninguna madre disfrazó a su hijo de "chavito" (quizás una que otra madre disfrazó a su hijo o hija de Super Bigote por ¿una promesa especial a las Ánimas del Purgatorio?). Lo cierto es que los últimos veinticinco años de carnavales lo que se ha visto es la expansión de una marabunta de jóvenes disfrazados de Tribilín (apodo del comandante Chávez en sus años de cadete como el mismo confesó varias veces), para esconderse por las calles del país o para emigrar en formación poco marcial y llegar a los caminos de ladrillo amarillos que aseguran algunos que los llevará hacia EE.UU., o Ciudad Esmeralda, camino donde hallaran a Dorothy y a su perro Toto que le contará historias del Mago de OZ, de un león que necesita valentía, de un hombre de hojalata que necesita un corazón y de un espantapájaros que necesita un cerebro.

La esperanza y el cambio sigue en la bocas de todos como avalancha, como horizonte, como líquido vital que le da sentido a las personas, un sentido sin límite, sin razonamiento, sin reflexiones, la esperanza es una furia, un fervor como la que acompaña a los hinchas en los partidos de fútbol, y mostrarla es desnudar una pasión sin forma, una masa controlada en cánticos o consignas, un aumento de aceptación sin movimientos dialogantes los cuales se cree que generan cambios en la sociedad, aunque estos siempre son enardecidos si se producen. Esto es lo que he visto durante estas semanas electorales en Venezuela por el Internet, una masa de personas que ven en María Corina la esperanza, el cambio, lo radicalmente otro, el horizonte, la actriz para la gran hazaña, del último esfuerzo, aunque me pregunto si saben los tribilines y tribilinas que ella no es la candidata sino un hombre mayor, amante a alimentar a las guacamaya con lechosas y cuyo espíritu no es mediático como el de Trump, sino adusto como fue el de Caldera, con sus mismas promesas de dialogar, discernir y clarificar. Pero como todo elección se necesita de libido, es María Corina la que coloca las feromonas que guía al enjambre electoral hacia una victoria final, sin saber bien luego, si nacerá otra esperanza entre las nuevas desdichas, sangre y sacrificios que tendrá que hacer el país una vez que la neblina de endorfinas producida por el consumo excesivo de esperanzas desaparezca, cuando las venganzas no sean llevadas y muchos busquen de nuevo horizontes y sus brújulas apunten a nuevas esperanzas.

Maduro espera, ya es una tarántula en el centro de una telaraña hecha con fondos militares y económicos, acompañado de hienas, lobos, chacales, conejos, burros, leones, tigresas, cuaimas, ratas, ratitas, cucarachas, e insectos de todas las especies porque el gobierno de Venezuela se ha transformado en los últimos años en un bestiario, en una zoografía novelada, y a veces recuerdo como uno de aquellas bestias usando un mazo, asemejándose así a los primeros homínidos, advierte en más de una ocasión de que no "chillen" la oposición una vez que los golpee. Los bestiarios describen lo fantástico, lo alegórico, lo fisiológico de los animales y con ello describen el mal de su esencia, así como lo insospechado que guarda sus formas y el terror que aparecerá al descubrirlos. Los bestiarios se hacen para "el hombre" con intensiones pedagógicas, para que no hagan metamorfosis, sigan o imiten a los animales, por lo que el bestiario político venezolano es una fuente de saber sobre lo que no debe implantarse en otras latitudes o longitudes del globo. Así que la elecciones en Venezuela será de nuevo ofrendas a dioses caribeños con la "esperanza" de que se eliminen el bestiario donde los venezolanos hacen su vida.  

Estas semanas mientras observo la fauna política venezolana donde resalta los gritos de las guacharacas y los cantos de las chicharras, veo noticieros internacionales donde zoólogos expertos comentan el futuro del país así como a ciento de YouTube que creen conocer a las hormigas porque han visto a una por la casa, reduciendo a que la victoria de un bando llevará a un proceso migratorio como hace las mariposas monarca o que con la victoria del otro bando comenzará un proceso predatorio, donde se orinará y cagará el país para ampliar los cotos de caza; entre los interines, leo partes del Kojiki, el libro de los orígenes de los dioses de Japón, y estos días he leído la presentación del dios de la sabiduría, y ha diferencia de Atenea que nace de los regazos de Zeus armada y emperifollada, en el Kojiki es un espantapájaros, pero no como el que presenta Dorothy sin celebro, sino una deidad que representa la sabiduría llamado Kuebiko (久延毘古), kanjis que transmiten la idea de "algo antiguo que ayuda a alargar el tiempo", aunque en la actualidad llamen por este archipiélago a los espantapájaros Kakashi (案山子), algo como "el hijo de la segura montaña". 

Kuebiko posee todo el conocimiento del mundo sin caminar, y me hace pensar que nunca vi un espantapájaros en mi país, mientras que por estas tierras donde ando sin horizontes, a cada cierto sector de mis caminatas encuentro espantapájaros, pero también en las grandes ciudades como Osaka donde viví. Así que pienso en la sabiduría de un espantapájaros y creo que radica en que no toma ningún camino de hazaña o tratar guiarse a través de los horizontes de esperanzas, sino de hacer su humilde función: cuidar el cultivo sin intervenir, ni agredir, sin prometer, dejando que la potencia de las semillas se desarrollen y den sus frutos, semillas cultivadas dentro de campos medidos por agrimensores, con personas que conocen precisiones sobre el clima, las tierras, la producción de alimento que se necesita para abrir todo el potencial de los cultivos y con ello abrir otros campos de cultivos o de culturas, más intelectuales, más técnicos, eso es lo que hace el espantapájaros sabio de Japón, deja que las semillas se desarrollen y den fruto lejos de los bestiarios, ya que su función es alejar a todas las alimañas que desean destruir la cosecha, sin necesidad de esperanzas, porque las semillas no la necesitas, ni crear colmenas con hazañas, porque los espantapájaros no son reinas o reyes de ningún desarrollo, solo están en el medio del campo, haciendo que la naturaleza complete lo que ha pensado el hombre, y no el hombre terminar lo que ha iniciado la naturaleza. 

Así, sea la opción de la reina abeja o de la tarántula la ganadora de estas elecciones, el bestiario continuará teniendo páginas imbricándose con la historia de Venezuela, genéranos una zoografía que entretendrá a investigadores universitarios y tendrá minutos en noticieros internaciones,  así hasta que el último animal de la arca de Noé halla descendido en esa Tierra de Gracia, por alguno de todos sus caminos, y quizás entonces, cuando la extinción nos avise del estado de esas tierras, veamos un espantapájaros cual discípulo de Parménides en el centro de un campo inarticulado desde las guerras de independencia por la soberbia de sus habitantes.  

  

sábado, 9 de septiembre de 2023

TEXTO, CONTEXTOS Y PRETEXTOS DEL "caso rubiales".


Texto es una palabra que en primera instancia nos señala lo escrito, pero también algo cultural que nos saca de la idea de prehistoria. RAE define un texto como enunciados coherentes escritos u orales, curiosamente esta palabra tiene su raíz en el término téchne, de donde proviene nuestra idea de técnica y es el concepto central del cual parte las reflexiones sobre la belleza en las obras de Aristóteles. Texto implica verbos como tejer, urdir, bordar; artes que siempre han sido manejadas por manos femeninas desde la antigüedad, desde los gineceos, aquella estancia de las casas de la Grecia Antigua donde yacían las mujeres, las esposas, las hijas, las esclavas, casi siempre ubicado en un segundo piso, lugar prohibido para los hombres que no fueran del hogar. Fue en un gineceo donde Penélope paso modelando el mito de la esposa fiel, antítesis de Clitemnestra, incluso de Helena. Nuestra tejedora pasó veinte años encerrada, tejiendo y destejiendo un sudario para el padre de su esposo: Laertes, mostrándose además como una buena nuera, como lo fue Alcestis, o más recientemente como la nuera protagonista de Cuentos de Tokio de Yasujiro Ozu, que nos muestra que no importa la cultura ni la época que se vive, una buena nuera es fundamental para la consolidación de la familia (del esposo generalmente sino pregúntele a Alcestis). Penélope desde entonces, y en todos los cursos de literatura clásica, se ha visto como mujer sabia y respetada porque resolvió su problema desde la casa y no desde el ágora donde los hombres resuelven los suyos entre gritos y ostracismos. Aunque la obra de Homero habla de las penas y agonías de Odiseo, bien es cierto que no se comentan las de Penélope, solo algo se su angustia, de su espera, pero mostrando siempre una dignidad que le permitirá seguir siendo aceptada por la sociedad en la que se desenvuelve. Serán otras tejedoras las que recrearán los pretextos que en la actualidad los usamos como modos de esquivar "argumentativamente" responsabilidades o justificar alguna acción o situación en desventaja, porque nunca hallamos pretextos para nuestros éxitos. Los pretextos eran bordados que se hacían para colocarlos sobre otros tejidos y así identificar a grupos de personas, tenemos el ejemplo de las praetextas una larga toga blanca con orlas púrpuras que usaban los niños ciudadanos, es decir, los miembros de las familias patricias hasta sus diecisiete años. Con el tiempo comenzamos a usar el pretexto como una capacidad para justificar nuestros comportamientos, opiniones y acciones que en el fondo hacemos sabiendo que las realizamos malamente, porque muchas veces no nos detenemos a pensar como realizar algo bueno, nunca hallamos muchos pretexto al respecto.

Contexto es nuestra palabra estrella, es un término que se asocia con nuestra capacidad de entendimiento, de crítica, de sabiduría. Contexto se forma con la unión del prefijo con- (junto, completo) y textos (tejido o enunciados escritos u orales), es un termino necesario para comprender todas las partes que intervienen en una confección, en productos, en ideas, y con el tiempo, poseer elementos gnoseológicos con los cuales lidiar las escenas del mundo que nos rodean. Alguna vez leí en un texto de Ernst Gombrich, o por lo menos lo recuerdo así, una reflexión sobre unos miembros de alguna tribu aborigen, bien de Papúa Nueva Guinea, bien del Amazonas, viendo por primera vez un La Última Cena de Da Vinci. El crítico de arte reflexionaba que era posible que ni siquiera uno de aquellos observadores "exóticos" reaccionaran o le importara, esa situación se debía a la "incapacidad" de leer los contextos que conforman La Última Cena, como son sus símbolos, personajes, elementos teológicos, cristianismo, época, así como nociones preestablecidas tales como: la traición, el asombro, la resignación; es algo tan sencillo como no tener la capacidad de leer un texto cuyo idioma desconocemos. Planteaba Gombrich que uno de los problemas del arte es su legibilidad, ya que el mismo depende de los contextos y de la capacidad del lector de proveerse de otros contextos para entenderla. Así El Beso, no el de Rubiales con Hermoso, sino la obra de Gustav Klimt qué leemos: ¿una agresión sexual?, ¿un abuso de poder de un esposo, jefe o incluso hermano?, ¿una respiración boca a boca porque leemos a una mujer desfalleciendo?, ¿dónde están, en un cuarto con alfombra o en medio de un jardín mágico?, ¿la mano de la mujer trata de quitarse la mano del hombre que parece querer ahogarla, o desea su muerte por lo que pide que le apreté más? Así, dependiendo de lo aborigen, de lo estudiado, de tener raíces asiáticas o menonitas, haremos una lectura de la obra, por lo que dependerá de nosotros exclusivamente para comprenderla, y lo más importante, buscar los contextos que "completen" nuestra observación. Claro, "el beso", ahora sí el de Rubiales con Hermoso, no posee una intención artística que llame a realizar una hermenéutica por parte del observador para comprenderla, es una imagen propia de los medios de comunicación, sazonada con políticas propias de cada medio, es una foto desde el espectáculo para el espectáculo, de la fiesta del deporte, de captar lo efímero, es una foto como millones que en la actualidad saturan nuestros smartphone y sus memorias virtuales, por lo que de un tiempo para acá, la abundancia de imágenes que consumimos, nos hace perder nuestras capacidades de contextualizar ya que cada año aprendemos solo a reaccionar a la imagen, como animales acosados por nuestras memorias emocionales. 

Vivimos en una época donde la imagen devora los contextos, esa expresión de que una imagen dice más que mil palabras, es realmente su ilegibilidad, la falta de ortografía de la imagen para poder leerse, permitiendo a la imaginación, al mito, a los simbólos, posesionarse de la verdad, porque al final la verdad será aquello que cada uno podamos soportar y sazonar con nuestras lecturas de las cientos de imágenes que consumimos diariamente. La imagen sobredimensionada por sus múltiples lecturas generan fascinación, aquello que nos hechiza y nos hace creer que el mundo es mas ancho y profundo de lo que nos enseñan, pero la trampa es que la imagen permite descontextualizar, sobrecontextualizar o simplemente eliminar contextos y crear otros que permitan manipular a "iletrados" contextuales o muy letrados en ciertos contextos, por lo que a veces pienso que no nos están dando la bienvenida al desierto de lo real, sino a realidades sin contextos que, como cintas pornográficas, sólo hay repetición de placer en orgías orquestadas. 

El "caso rubiales", todo en minúsculas para quitar importancia, me parece una exageración semántica para explicar una situación, porque la palabra "caso" siempre la asociamos a una fórmula judicial, a una seriedad tribunalicia,  prefiero pensar el "caso" como una serie de acontecimientos, fatuos o infaustos, cuyo resolución fueran sanciones administrativas, una jalada de orejas, o reuniones entre los miembros a quienes les competen la situación del deporte para evaluar multas, pero ¿volver todo político?, ¿jurídico?, observar posturas inmediatas, no mediadas de comunicadores, entrevistadores, youtuberos, así como de producir miles de sentencias sin sentido y ciento de disculpas sin contextos, ahora todos piden expiación si se cuela un audio, una imprecación, un cansancio. Pareciera que viviéramos en un Medioevo sin Dios, donde Yolanda Díaz da el pregón para la fiesta, y el toro, la cabra, el cerdo o cualquier figura totémica deberá ser destrozada por las mutas que celebran fiestas saturnales fuera de época.  

Vivimos en un Medioevo sin Dios, porque los contextos los perdemos, nos cansa buscarlos, pensarlos, así estas sociedades se saturan de imágenes por lo que cada vez hay más consignas, ideologías, posiciones puritanas que dan las guías de lecturas de las imágenes; esto era normal en el Medioevo porque las personas eran mantenidas en la ignorancia, en el analfabetismo, fuera de las riquezas de los contextos culturales, el otro, lo distintos era malo por definición maniquea; ahora, los nuevos herejes, apóstatas y malditos nacen de una cultura de cancelación, de un nuevo tribunal inquisitorial, cuyos miembros son de una iglesia cuya única valía son las endebles vinculación con el poder político, que como todo poder político que busca su eternidad: surge, trata de mantenerse en el poder entre infamias, para luego entra en decadencia, a veces entre guerras, revoluciones y hambrunas.  

¿Fue un kiss? ¿Fue una agresión? ¿Fue algo mutuo? Sea cuales sean las lecturas, hay un sentir, una opinión de que lo ocurrido debe castigarse con años de cárcel: ¿años? Entonces serán siglos los castigos a terroristas, asesinos múltiples, destructores de países, sociópatas sin inmolarse. Pareciera que en España nadie besara,  nadie oyera bolero o reguetón, que nadie se descontrolara por chute de adrenalina a ver un gol de Iniesta o Carmona, que todos los españoles son seres puros, impolutos, tolerantes, pensativos, amables, hijos de Machado, Unamuno, la Pasionaria o Manolo el del bombo.  Pero quiero pensar que los acontecimientos del "caso rubiales" se pueden reducir a un sin sentido porque se "exige" una lectura, una interpretación, un contenido, cuando lo que no tiene es precisamente esos elementos, porque si lo tuviera, si fuera una "caso criminal de agresión sexual", lo único que me hace respirar y tranquilizar es lo viejo que estoy, ya no soy el adolescente que tuvo unos éxitos y cientos de fracasos besando a las chicas que me gustaban o pensaba que les gustaba, besos que eran recibidos o rechazados, propio del aprendizaje de la galantería en los que me iniciaba, y que exigía errores típicos de todo aprendizaje empírico. Menos mal, y toco madera, que aquellas chicas que ahora son mujeres, casi todas casadas, con hijos, profesionales y risueñas, amigas algunas, nunca me acusaron por mi buen o torpe galanteo, por lo que ahora puedo escribir estas opiniones desde mi casa, con mis gatos y viendo el jardín, sino quizás estuviera en una cárcel cumpliendo una larga sentencia como acosador sexual, por haber dado quizás media docena de besos e introducir mi lengua en una cavidad bucal sin los permisos correspondientes. Así que entiendo a una juventud que prefiera explorar los catálogos de las Web pornos, estar en una zona segura como es habitar dentro de cuatro paredes sentados frente a una pantalla, en lugar de conjugarse con los contextos de la realidad, de expandir sus conciencias en el mundo, aunque omitan racionalmente que el mundo siempre será un obstáculo y por ende dolor porque no somos mundo sino conciencia precisamente, de interactuar diariamente con la presión de ver millones de videos sin tiempo para discernir los contextos, pero a los que se les exigen reaccionar, marcar en la Web sus visionarios, de dar a la campanilla o al like y demostrar así, juntos a las decenas de selfies que subirán a sus redes sociales sus existencias; pero no comprendo la miseria humana que hay detrás de los absolutismos ideológicos, que vuelven todo, absolutamente todo, en discursos políticos, hasta decidir cuál tipo de sopa debe preparar la sociedad, y ser ellos los únicos que acuñen soluciones, a través de los partidos o líderes iluminados con un poder contextualizar divino. Así que prepararé mi sopa de rabo con verduras ante de que sea un crimen capital.