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martes, 21 de mayo de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (JULIÁN ISAÍAS RODRÍGUEZ DÍAZ)


Julián Isaías Rodríguez Díaz
LA CARTA REVOLUCIONARIA.
Fui su secretario por mera envidia, quería tener su sabiduría que le permitía ver la verdad en los ojos de los demás como explicó a la Nación cuando investigaba en caso del asesinato de Danilo Anderson y vió la verdad en el discurso de su testigo estrella Giovanni Vázquez. Mi jefe no sólo veía la verdad, sino era un consagrado poeta, como lo debe ser todo buen revolucionario, además de lector, narrador y cristiano, siempre recordaba su versos: «Al él, le gustaba fregar / fregaba los platos / fregaba los cubiertos / fregaba las ollas / y fregaba la paciencia», lo que también me recordaba que todo delirio poético se vuelve realidad gracias a las instituciones que lo promueven, es decir, la institución llamada Revolución Bolivariana ha fregado la paciencia a cada uno de nosotros e inclusive a mi jefe Isaías Rodríguez, Julián para los panas, por lo que no es que la realidad imita la ficción, sino que ésta se vuelve real por las ineptitudes políticas que las promueven de ahí la novela kafkiana que vive Venezuela. Mi Jefe me confesó que deseaba renunciar a su cargo viendo que no tenía dinero para pagarme mis honorarios, ni la cuenta de la cafetería donde todas las mañanas desayuna un café y dos cruasán por doce euros, por lo que también me permitiría renunciar si quisiera pero eso sí, no podía tomar mas café gratis en la embajada, pero antes de renunciar me pidió que le ayudara a corregir su carta de renuncia y así lo hice con sus comentarios. Estimado Presidente: (aunque no estaba seguro si se dirigía a Maduro o a Guaidó). Desprovisto de alardes y con un inmenso respeto por esta batalla digna y valiente que ha librado contra el imperio declinante, me dirijo a usted en la oportunidad de presentar mi renuncia al cargo de Embajador Plenipotenciario de la República Bolivariana de Venezuela ante la República de Italia. (Le comenté que la introducción tenía un alarde épico-poético a lo que él preguntó ¿acaso los imperios no caen? ¿no ves lo cerca que el Imperio está por caer, está declinando por el peso de sus políticas estúpidas? Frente a esta sentencia de la persona que más envidio pensé en redactar un tratado sobre qué es la estupidez, pero creo que es inagotable, en fin, leí el siguiente párrafo donde detecté un arrebato iluminado). Debo reconocer que nací para martillo y del cielo me caen los clavos. No he aprendido a regatear indulgencias y ello es terrible y agotador en la política del día a día. Afortunadamente, el dolor proporciona confianza y seguridad; el dolor es necesario y opcional, cuando los pasajes duros se atraviesan frente a nuestra dignidad. Sepa usted, Presidente, que sigo senderos rectos como los de una lanza. (No pude evitar que una lágrima saliera de mí, ver a este recto hombre sufriendo por no poder regatear indulgencias, es decir, las vendía a un precio fijo y punto, sí, qué dolor que a veces no le pagaran su precio, pero siempre la poesía viene a su ayuda)  Su causa, que es la mía, me ha retenido como un campo de fuerza, como un imán. Con fe absoluta me he aferrado al chavismo, cual una tabla en este océano de contradicciones que rodea su Gobierno. He llegado, sin embargo, a comprender definitivamente que no puedo convertir el agua en vino, ni resucitar a los muertos. Muchos de sus discípulos tienen muy poco de apóstoles, y es cuando todos nos preguntamos ¿si es la iglesia o dios quien está fallando? (Cuando leí este párrafo tuve miedo de estar envidiando a Jesucristo y no saberlo, ¿cuándo se habrá dado cuenta que no podía convertir el agua en vino?, creo que en los momentos donde más contradicciones mostraba la revolución había menos milagros, obvio porque con Chávez y con muchos dólares los milagros aparecían y los apóstoles también). Como San Pablo, el gran faquir, renuncio a mi trabajo de recaudador y me largo al infierno. Puede usted estar seguro que cantando enfrentaré cualesquiera de las muertes que me esperan ¡Ya no aguanto más! Se ha irrespetado la Embajada donde lo represento, y tengo 77 años. Mi frente está y estará en alto, no soy de los que se quedan mirando los zapatos. Toda la vida he rechazado las injerencias que pretendan humillar o alterar mi consciencia y mi espíritu. (En este momento epistolar le pregunte si vivir en el Infierno era los EE.UU. o Venezuela, pero él apenas sonrió y no preciso, y es que la poesía nos llenas de metáforas y nos aleja de las precisiones). Quiero que sepa usted, que estoy y estaré a su lado. Pero espiritualmente. Es mi turno de ser abuelo. Lo he diferido mucho tiempo y no quiero morir sin ejercer este oficio que lo ha retardado la política. Me alisto en la Fuerza Espiritual de Operaciones Especiales para los Nietos. Necesito mucho de ellos para poder contar y escribir las historias de este tiempo, vivido desde 1.998 hasta la fecha en la cual suscribo esta carta. (No pude evitar verlo como el abuelo de Heidi, con su pipa y haciendo cabras de madera, eso sí, no importa si está en un Chalet en Suiza, él estará espiritualmente con Maduro, mientras éste lo ve en las fuerzas especiales espirituales para nietos, obviamente no es sólo poesía lo que leemos, es paradoja que zanja a una generación de otra).  La fe, Presidente, es una lección, pero también una elección. No tengo nada de que arrepentirme; he sido feliz entregándome a una de las causas más bellas de la vida: la libertad de mi país. He querido ser un compañero leal y no un diletante adulador y temeroso. No me metí en esto para sacar una espada de una piedra y convertirme en el rey Arturo. Creo en su causa y puedo bailar mazurcas con Ana Karénina. La cruz que he cargado durante estos años la acepto con benevolencia y afabilidad, como un gesto de gracia. No soy de quienes se rajan la camisa para luego decir: "mira lo que hice por ti". (En esos momentos le dije que abusaba de la fuerza de la metáforas, que era innecesario bailar mazurca con Ana Karénina en vez de tambor en la costa de Choroni con una hembra mulata, y que era mejor no burlarse indirectamente del presidente con la imagen del rey Arturo, porque cuando le recomendó la película “Los caballeros de la mesa cuadrada” y le explicaba que era una parodia del rey Arturo, Maduro preguntó si aún gobernaba). He visto mucho marketing al lado suyo y también al lado de Chávez. La gente constantemente se bautiza, pero jamás se libera de sus pecados; sepa usted, Presidente, que su pueblo no solo es insobornable sino, también, difícil de engatusar. Mucho más allá de los partidos, ese pueblo, es una gran familia que debe superar el odio. Con el tiempo sabremos quienes somos, y a quienes nos hemos parecido, a Bolívar o a Santander. (Aquí casi me decepciono de él, del hombre que ve la verdad en los ojos de los otros, porque aun no sabía quienes eran colombianos o venezolanos, sólo alentaba a superar los odios, aunque nadie supera sus pecados. No sé, le dije que era muy teológica esta parte y yo era santero. Él me hizo con la mano la señal de la cruz y me sentí liberado). Me voy (del cargo) sin rencores y sin dinero. Mi esposa acaba de vender las prendas que le regaló su ex esposo, para poder mantenernos frente al bloqueo norteamericano. Estoy intentando traspasar el vehículo que compré al llegar a la Embajada y, como usted sabe, no tengo cuenta bancaria, porque los gringos me sancionaron y la banca italiana me echó de su lonja. Clavaron mi honestidad en una pica, pero cuando muera sabrán exactamente cual patrimonio dejo a mis hijos. Guardaré los recuerdos que de usted tengo en una caja con pelotas de naftalina. (Le pedí que no escribiera esto, lo verían como un chulo, además de que buscarán por las redes quién es su esposa además de explicarle que no tenía que separar el prefijo ex de la palabra esposa, pero en fin él es un poeta, pero además seguramente buscarán a su exesposo por tarugo y rico o quizás bolichavista que le regalaba joyas, en esos momentos yo lo buscaba por Google; pero él fue enfático, la caja con pelota de naftalina tenía que aparecer en el texto como una visión de humildad. Sí, le dije en estos momentos, el pueblo venezolano lo verá como un Mahatma Ghandi en un futuro cercano). No tiene usted que aceptar o reprobar esta carta. La haré pública porque es definitiva. No es irrevocable porque nada es irrevocable en la vida. Es simplemente definitiva, señor Presidente. No me vea ni me sienta vulnerable. Esa expresión es "neonazi" y no suena bien. (También le advertí de la palabra neonazi, porque la gente puede pensar que el presidente es fascista, lo que es algo impensable si no usamos la lógica, pero a él le encanta la historia, las película y los libros que habla sobre los nazis, no sé es una afición que junto a ir a la iglesia a las 10 de la mañana, nunca he entendido) Créame que me siento orgulloso de haber sido su Embajador y su compañero, y que, en este momento, siento como si me quitara una de las tantas contracturas que tengo (son tres) en la columna. Renuncio, Presidente, a mis dosis de insomnio, estrés, aflicción y a las víboras con cabeza triangular que desde hace mucho tiempo lo acompañan. (Definitivamente renuncio, le dije a mi jefe al leer esta parte de la carta porque está proclamando a los vientos que además de que la Revolución Bolivariana es mala para la salud, está protegida por una Medusa que impide a los superhéroes venezolano terminar de entender el último capitulo de Juego de Trono).Me voy "pelado", como el ala de un murciélago, como si una ola turbulenta me empujara; sin ningún tormento, con la verdad de lo íntimo, de lo justo y de las convicciones intactas. Le juro que continuaré perfeccionando mi dignidad para reconocerla en mis silencios y poseerla hasta mis últimos días, y para emplearla como escudo y hacha frente a los adversarios (no tengo enemigos Presidente). (Pues yo también me voy, no tan poéticamente porque no me gustan los murciélagos, también pelando aunque nunca fui abogado, ni miliciano de Acción Democrática, ni Vicepresindente de un país, ni Fiscal General, ni embajador, pero si usted después de todos estos cargos sale pelando, no quiero decir cómo salgo yo). Su amigo Julián Isaías Rodríguez Díaz (Su Jalabolas secretario y miembro de PSUV).

martes, 26 de marzo de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (IVÁN HERNÁNDEZ DALA)


Iván Rafael Hernández Dala
LA LEALTAD DE LA REVOLUCIÓN
Iván Hernández Dala estaba detrás de un vidrio que lo protegía de algún posible atentado a su existencia, había tenido una vida dedicada a proteger con lealtad al Presidente de la República, ya que uno de sus cargos era sencillamente mantener a Nicolás Maduro a salvo de cualquier atentado, intentona o salvajada. En su silencio, mientras oía su juicio que se celebraba por sus responsabilidades en varios actos de lesa humanidad mientras fue el máximo encargado de DGCIM, la Dirección General de Contrainteligencia Militar, donde entre otras cosas oía los cargos que se le inculpaban como: torturas, desapariciones, entrega de armamentos a grupos ilegales, paramilitares y parapoliciales, asesinatos, exterminios, etc., se acusaba a este general de dar órdenes de maltratar y mancillar contra todos aquellos que atentaran contra el poder investido en el presidente, los que tenían más suerte eran dejados apretujados con otras docenas de personas en una celda infernal con el espacio mínimo para un retrete. Él nunca sonreír y aceptaba la vida de un militar con el acatamiento de todos los valores militares que orbitaban siempre sobre la heroicidad, sobriedad, gallardía, orden, compromiso, valentía; y nunca, nunca: sobre el huir, escapar, o ser cobarde. Toda su vida se preparó para no ser un cobarde, aunque como había escuchado alguna vez, sólo los caballos sobreviven a los héroes, cuando huyen. Recordaba aquel lejano agosto de 1984, cuando entró como aspirante a la Academia Militar de Venezuela, fue un día despejado donde sus familiares lo vieron vestido por primera vez de uniforme de soldado, sentía el orgullo en la mirada de su madre quien lo volvió valiente, quien le mostró cómo pelear en la vida y lograr tener lo que se quiere y lo que se merece, le enseño ser orgulloso y leal. Ese día agosto estuvo cinco horas esperando su turno para acercase a la bandera del país, besarla y jurar su lealtad para defenderla por el resto de su vida. La lealtad significaba todo, lo aprendió como cadete junto con el hábito de obedecer, de no sentir miedo, de disparar fusiles, de aprender a enfrentarse con el enemigo con la victoria siempre en el horizonte. Algunas tardes en el casino, oía a los alférez hablando sobre lo que hace un buen militar: ser un buen militar implica recibir y ejecutar una orden y respetar las jerarquías que siempre implica orden y control; no obedecer una orden, no aceptar la jerarquías implicaría un cinismo y el cinismos no puede ser aceptado en el ejercito, tampoco una resistencia sin sentido que en el fondo es una cobardía disfrazada, la naturaleza del ejercito, de los militares era elevarse a través de sus valores a la categoría de héroe. Ser heroico es el baluarte de un buen militar, esto lo oía también del capitán Chávez cuando se quedaba los fines de semana de guardia. El capitán le enseñaba aquella historia de lealtad y heroicidad cuyo ápice siempre estaba Simón Bolívar. Desde esos adolescentes años decidió hacer actos nobles y seguir el camino de la lealtad, especialmente al capitán Chávez que le mostraba el camino. Ahora era acusado de asesinatos, torturas, desapariciones, de dar ordenes que fueron ejecutada violando los derechos humanos. Él miraba en silencio a su alrededor, se acordaba de cómo después de la muerte de Chávez, Maduro confió su vida en él y a algunos miembros del Órgano de Seguridad del Estado de Cuba quienes cooperaban en organizar y precisar a los saboteadores del procesos revolucionarios bolivariano. Había que defender esa revolución, aquella creada por el heroico Chávez, no había que tener miedo a los enemigos de la revolución, había que mostrar lealtad sobre cualquier otra emoción o pensamiento. Él entendió las órdenes, entendió su misión, entendió la gallardía que hay en la defensa de aquello que se quiere, por lo que se lucha, así que consideraba que todas sus acusaciones eran propias de hipócritas cobardes. Cuando el juez le peguntó si tenía conciencia de todos aquellos actos de lesa humanidad, sobre los desaparecidos, sobres las muertes hechas en el DGCIM, sobre los mercenarios rusos que masacraron el pueblo con su venia, con el ataque a civiles quienes intentaron detener al presidente en su huía, mientras él con un grupo de soldados les disparaban para salvar a Maduro. El general sólo respondió: yo sólo soy un militar que seguía órdenes de poder ejecutivo, un venezolano para mantener la paz de la República, yo sólo soy un soldado que cumplió su misión que era la seguridad de mi país, de mi presidente, de mis valores. En ese silencio alguien comentó cerca de un micrófono que luego se pudo oir en algun podcasts, la banalidad de mal que siempre está en los núcleos argumentativos de los militares, quienes en última instancia, por mantener un orden azaroso, como cualquier orden, dentro de una jerarquía vetusta y corrupta, anula cualquier capacidad de pensamiento crítico, cínico, humano.

miércoles, 13 de marzo de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (NERVIS GERARDO VILLALOBOS)


Nervis Villalobos
LAS LUCES DE LA REVOLUCIÓN
Llevaba años en una cárcel española, la Corte Penal Internacional, pedía su extradición. Mañana decidirían su futuro y aunque estaba nervioso en su celda, fumaba un ducado mientras veía, en un pequeño televisor, un partido de la champions league entre su real amor: El Real Madrid vs. un equipo desconocido francés: Stade de Reims. Siempre se ha sentido fanático del Real Madrid, cuando veía sus partidos por el canal del gobierno, allá por los años ochenta con los comentarios y voces de Turi Agüero, Pedro Zárraga y Reyes Álamo, por lo que llamó a su equipo se futsala de la escuela de electrónica de la Universidad del Zulia: La Real LUZ. El partido estaba cero a cero, en la mesa había un dossier de la Corte Penal Internacional que tenía su nombre: Nervis Gerardo Villalobos Cárdenas, este dossier se lo había dado uno de sus abogados que eran contratados gracia a su esposa, Milagros Torres, quien se mantenía anónima en Andorra. La Corte Penal Internacional quería procesarlo con un cargo novedoso: genocidio culposo. Al ser un sujeto activo y miembro del gobierno revolucionario en un puesto clave; su negligencia y corrupción generó la muerte de miles de personas, su ineficiencia produjo uno de los apagones más grandes que ha ocurrido en cualquier país desarrollado en el siglo XXI ocurrido en el mes de marzo de 2019, semanas sin luz ocasionó la pérdida de comida, de suministro de agua, inoperancia de hospitales, así como una crisis económica que produjo saqueos y muertes violentas. Leía con tranquilidad el expediente mientras veía el partido. El dossier demostraba que durante sus gestiones como directivo en diversas empresas estatales de Energía así como su desempeño como director general de Energía del Ministerio de Energía y Minas, y a veces encargándose del Ministerio durante la ausencia del titular se profundizaron los males. Se precisó que durante su período como director general se deterioraron los servicios eléctricos con inmensas gestiones de corrupción que llevó a la muerte culposa de unas a más de 65.000 personas certificadas, le acusaba junto a exministro, y amigo personal, Rafael Ramírez Carreño, ambos acusados de genocidio culposo, pero Rafael Ramírez poseía otro dossier y otra historia. Leía y veía, repasaba algunos nombres que también aparecía como acusados del deterioro y la muerte de miles de persona, pero le extrañaba que muchas personas no fueran acusadas y que tuvieron una acción directa como Ramiro Valdés Menéndez, el estratega cubano que apostó por el blackout eléctrico, fue éste cubano con el título de Comandante de la Revolución Cubana, quien en una reunión donde estuvo él, Rafael Ramírez, Nicolás Maduro, Hugo Chávez y tres generales con muchos soles, le comentó en ese momento, cómo mantener la revolución en un ataque final, la idea era suspender el servicio eléctrico, así el caos mantendría una disolución de fuerzas, además que los empeños por sacar al régimen disminuía en la medida en que se le acusará a la oposición de dicho blackout. Lo acusaban por saber, lo acusaban por lavar dinero, lo acusaban por homicidio y genocidio culposo, lo acusaban, pero él veía en esos precisos momentos cómo el Stade de Reims le introducía un gol de cabeza al Real Madrid. No lo creía, tampoco creía que fuera el único responsable directo o indirecto del apagón, él siguió ordenes, de resguardar dinero para oxigenar la revolución en caso de bloqueo económico, de abrir puertas de salida para Europa para familiares del régimen ya que en España vivían muchos hijos y padres de los principales jerarcas de la revolución bolivariana. Nervis hizo lo que debió hacer, pero él no fue el quien realizó los cambios necesarios para que el sistema dejara funcionara, sentía que en ese dossier era mínimo si lo comparara con dossiers donde aparecieran los nombres como el del inepto de Ángel Rodríguez, que fue el primer ministro de energía eléctrica de Chávez, el furibundo de Alí Rodríguez Araque, quien se dedicaba más en mantener los lazos de amor con Cuba que de arreglar los problemas eléctricos, fue él quien trajo bombillas y equipos de Cuba obsoletos e inservible para mejorar el sistema eléctrico y quizás por ese patético amor murió en La Habana; pensaba en el guabinoso, intercambiable, camaleónico de Héctor Navarro, que ahora representaba la bancada chavista de oposición, mostrando la débil memoria de la política venezolana, y cuya mejor jugada fue declararse antimadurista, sin mostrar sus fallos, errores y muertos durante su gestión como ministro de Chávez, sino sólo los que ocurrieron a partir de 2013, pero el quien posibilitó realmente ese apagón fue el maquiavélico de Jesse Chacón Escamillo, quien prometía, con su cara de pureza y honestidad, sobre lo transparente de sus acciones para mejorar el sistema, de conseguir las divisas para mejorarlo, pero al final lo que hizo fue armar las posibilidades de un gran apagón y dejarle todo presto para que Diosdado Cabello, Motta Dominguéz y Nicolás Maduro, tuvieran ese botón de apagar la luz por semanas y hundir al país para luego ellos pasar por héroes, salvadores, redentores, Jesse Chacón por tal vil acción fue recompensado con cinco años como embajador en Austria, para desde ahí, huir con facilidad a algún país con poca relación con la modernidad y con las extradiciones como Albania o Moldavia, pero le compensaba el suicidio por cobardía que realizó Motta Domínguez cuando lo iban a apresar para llevarlo a una cárcel en Texas, también en esos momentos le compensaba el gol que acababa de anotar el Real Madrid para que tuviera aún opción para pasar a los cuartos de final. Sólo su nombre en rojo aparecía como genocida culposo, algo que pensaba era injusto, porque él fue apenas un mensajero que buscaba dar luces de la revolución.

martes, 5 de marzo de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (DELCY RODRÍGUEZ)


Delcy Eloína Rodríguez
LA LOCURA DE LA REVOLUCIÓN
En el ala psiquiátrica del Hospital de la Pitié-Salpêtrière se encuentra la internada número 3461. Lleva dos años encerrada y aunque la quieren extraditar a otros países, aun tiene varios cargos en el territorio francés. Desde que era estudiante en Nanterre a mediados de los años 90, ella y un grupo de soñadores quisieron revivir la revolución del 68, destruyendo vidrieras, haciendo grafitis vulgares que señalaban, supuestos negocios que no respetaban la representación sindical; hasta el trágico final de un adolescente, un día a finales del 2019, hecho que ocurrió cuando un grupo de sus compatriotas rodearon su automóvil, ella salió con un bate junto a dos hombres, pero ella, a diferencia de los hombres que sólo asustaban a la pequeña horda que la odiaba, le acertó a dale a la cabeza a un quinceañero a quien mató mientras le gritaba escuálido, siendo curiosamente este adolescente una victima inocente que deambulaba por el lugar y que no era ni compatriota, ni estaba en la horda del ataque. Ahora el juez Charles Ropagnon comienza a leer con detenimiento el informe forense que le ha dado el equipo de médicos psiquiatra del hospital. La paciente, mujer caucásica, de 53 años presenta un cuadro severo esquizofrenia paranoide, resaltando alucinaciones, ansiedad, ira, retraimiento, humor hostil y suspicaz, mostrando en su conjunto una serie de trastornos de conducta que pueden poner en peligro su vida o la de otra persona. Es posible que su núcleo traumático este dado por acontecimientos tumultuosos y violentos durante su infancia, debido a la muerte trágica de su padre quien fue un dirigente político y parecía tener una compulsión con el poder y un trastorno oposicional desafiante. Ella muestra un duelo sin resolver, manteniendo un síndrome postraumático que infirió seguramente a desarrollar alucinosis vívidas con carácter real, propios de trastornos esquizofreniforme e ilusiones, propios de un trastorno histérico-paranoide. Nos comentó la paciente dentro de una narración despersonalizada, propio de un trastorno de disociación, con énfasis confabulatorio, principal rasgo de un trastorno histriónico de la personalidad, que luego de la muerte de su padre fue a vivir al país de Alicia, personaje del libro de relato de Lewis Carroll. Nos precisó que anduvo por los mismos sitios por donde había paseado Alicia, incluso vivió con el gato Cheshire en su cuarto por años, que tomó café con el Sombrerero en los pasillo de la universidad y que el Rey de Corazones la desvirgó, además especificó que el Conejo Blanco fue su mejor amigo durante el último año de la carrera de derecho que terminó exitosamente. Sabemos que al culminar sus estudios entró por tres años en un cuadro de trastorno distímico, desde ese período fue tratada por su hermano, quien ejerce como psiquiatra, administrando una cantidad de medicamentos entre los que hallamos: Nortriptilina, Citalopram, Venlafaxina, Trazodona, Litio, y especialmente fármacos del grupo de las benzodiacepinas, creando un coctel de antidepresivos y ansiolíticos que pensamos ayudaron al aceleramiento sus procesos alucinatorios y disociativos con la realidad, a la vez que mostraba la ineptitud profesional del hermano, al quien hemos podido recabar información y también poseía diversos trastornos, todos vinculado con el uso y abuso del poder. Al salir de su estado depresivo vino a la Universidad de Nanterre a cursas estudios de posgrados, pero las dosis médica la empezó a descuidar y comenzó a perder el sentido de la realidad nuevamente, de hecho nos dice la paciente, entre algunos delirios, que había tenido cientos de amantes: desde el coronel Aureliano Buendía, hasta Oliver Mellors, sin olvidar que su principal amor frustrado como fue Aragon, el personaje de Tolkien, por esos años, además de dominar el francés y hacer una tesis de maestría titulada “La Participación y control de los trabajadores en la negociación colectiva”, se sintió una elfo y nos comentó que estudió lenguas élficas las cuales domina con facilidad. También relató al grupo de evaluadores que no terminó su tesis doctoral, porque, aunque le faltaba pocos capítulos, no pudo abandonar las lecturas de Harry Potter, nos juró que había estado en Hogwarts, donde aprendió hechicería y donde compró unos lentes de pasta, iguales a los de Harry Potter que nunca más se los quitó de su rostro, de hecho cuando lo hace observamos un aumento del trastorno obsesivo-compulsivo, además de exhibir algunas fobias específicas, mostrando por lo tanto aumento del trastorno de ansiedad que en innumerables noches le genera insomnio. Para este paciente, con ésta cargar de trastornos y ciertos bordes de demencia, el mundo que ve o percibe, es real. Pensamos que éste trastorno disociativo fue el que impuso a establecer en su carácter como funcionaria pública de su país, generando varios cuadros de esquizofrenia que mermaron la calidad de vida de sus ciudadanos. La paciente comentó que con esos lentes podía ver la verdadera realidad y le fueron útiles para describirle a los miembros del gabinete de la extinta República Bolivariana, las cosas maravillosas que ocurrían en un proceso revolucionario con rasgos de stalinismo que cundió al país por unos veinte años. Nosotros, como personal médico que buscamos la salud de la paciente, pero también el equilibrio psíquico de la sociedad, recomendamos al juez que la paciente número 3461 que responde al nombre de Delcy Eloína Rodríguez Gómez, sea encerrada de por vida en la prisión de la Santé, ya que lejos de cualquier forma de poder se transforma en una persona inofensiva y hasta frágil que se escuda en su mundo de fantasía, pero cerca del poder o poseyéndolo desarrolla su psicosis volviéndose peligrosa y dañina para la sociedad; además pagará a la sociedad por la muerte culposa del ciudadano subsahariano a quien mató con un bate de béisbol. Se le administrará clorimipramina de por vida, además de psicoterapia individual y programa ambiental, para sufragar los gastos que generará al gobierno francés, exhortamos al juez a embargar sus millonarias cuentas bancarias que posee en Andorra, Francia y Suiza, sustraer los gastos que ha generado y generará, así como un pago de compensación a la familia dela victima a la que diezmó; los excedentes deben ser devueltos al Estado Venezolano. Firma un grupo de seis médicos con firmas ilegibles.  



jueves, 28 de febrero de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (JUAN BARRETO)

JUAN BARRETO CIPRIANI
EL PESO DE LA REVOLUCIÓN
La noche anterior el capitán estudió los mapas y fotografías que el coronel le dio, por afuera parecía una casa común y corriente, como otras tantas casas que se levantaron por la calle 13 de los Jardines del Valle, pero subterráneamente esa casa poseía tres plantas. La construcción total era de unos 2000 metros cuadrados, poseía dos motores generadores de electricidad, un depósito de 50000 litros de agua, sistema de refrigeración, controlador de humedad y varios sistemas de calefacción. En el primer piso subterráneo había información sobre la existencia de neveras industriales y espacios de almacenamiento, seguramente para comida no perecedera, los otros dos pisos mostraba espacios amplios donde posiblemente habría equipos modernos de tecnología, electrónica y comunicación. El bunker poseía una sola entrada, lo que preocupaba al capitán, pensaba que era una trampa mortal para un comando, no sabía cuántas personas podían estar en aquel espacio, ni cómo se distribuían, cuántas armas, lo único que sabía era que desde años se ocultaba uno de los lideres chavista: Juan Barreto. El capitán tenía la misión de llevarlo a testificar para los juicios sobre crímenes de lesa humanidad que le hacían a algunos jerarcas del gobierno de Maduro en la Corte Penal Internacional. Luego de muchos estudios se supo que, de vez en vez, venía un repartidor de pizza llevando algunas cajas para esa casa, decidieron esperar ese día. Un sábado hubo una orden de 10 cajas de pizza para esa dirección. Cambiaron al repartidor y al abrir la puerta entró un comando armado para tomar el bunker. El capitán llegó al medio de una sala, una estancia común y corriente donde una vieja, con una dentadura muy blanca para su edad, les preguntó si quería algunos cafecitos. ¿Ca-fe-ci-tos?, pensó el capitán, algo le hizo sacar su arma automática y ordenar a su comando a preparan sus armamentos para empezaran a peinar las diversas zonas y tomar el control de cada una de los niveles del bunker. Al final había ocho mujeres de diversas edades y dos hombres musculosos que se presentaron como el chofer y guardaespaldas respectivamente, todos cuidaban el día a día del doctor Barreto. El capitán pensó que la situación que vivían era muy “folclórica”, pero de lo folclórico pasó a lo grotesco, a lo extravagante, a lo absurdo cuando bajó al último piso y vio al doctor Barreto sobre una cama especial de hospital, rodeado de tres computadoras, dos televisores de pantalla plana, a su lado una mesa plegable donde se podía ver vasos de diversos colores o bebidas y algunas arepas fritas con queso de mano dentro de una cesta y muy, muy cerca, una pequeña nevera. Al principio el capitán y parte del comando no pudieron reaccionar, se necesitó de un proceso de actualización, de aceptación, de realidad. La persona que buscaba estaba allí, sentado, con una sonrisa a la vez que invitaba al capitán a sentarse a su lado, pero el capitán lo que veía era un rostro redondo, con barba y pelo largo y encrespado de Juan Barreto cuyo cuerpo estaba amorfo, y aunque cubierto con una manta roja, se podía apreciar algunos edemas y celulitis en parte de sus pies, es posible que tuviera más de 250 kilos. El capitán se sentó a su lado abrumado ante la imagen de un ser que le comenzó a hablar mientras veía como su cuerpo deforme por la grasa acumulada se movía a cada gesto, a cada palabra hecha con ahínco. Le preguntó al hombre si realmente era Juan Barreto Cipriani, la masa humana le confirmó que sí. Comenzó a hablarle de su vida, sus títulos universitarios, su doctorado y posdoctorados, su ir por paraninfos en diversas universidades del mundo, su actividades periodísticas y políticas desde que perteneció a la Liga Socialista, su actividad como alcalde de Caracas y cómo y por qué fue apartado del proceso revolucionario que tanto abrazó. Explicaba que todo fue por culpa de una caída. Si, comentó con cierta ironía, una caída de una tarima cuando era gobernador, por usar unos crocs, como tuve unas semanas de reposo aumente varios kilos, debido a mis adiciones y compulsiones al control, desde entonces mi comandante comenzó a burlarse de mí, de mis zapatos capitalistas, de que aprendiera a usa alpargata; una ansiedad me empezó a rellenar, aumentaba de kilo mes a mes, el comandante reprochaba en público mi obesidad que cubría, según él, con camisas de mal gusto, siempre bromeaba de que tenía que hacer ejercicio como él, de hacer dieta, se burlaba de mi forma de hablar y de corregirlo cuando buscaba batallar entre ideas posmodernas de socialismo y citar a sus autores, me acusó de vicioso por fumar cuando todos sabían que él fumaba por los pasillos más intricados de Miraflores, me dijo que si no me controlaba terminaría como un Heliogábalo, me lanzó al ostracismo cuando me criticó el uso de la imagen donde ambos salíamos en los periódicos, una imagen paterna que en algún momento le molestó, me mandó a cancelar todas las publicidades donde saliéramos juntos, porque yo estaba muy gordo, también me criticó mi visión socialista de los problemas de vivienda porque decía que lo imitaba con el uso de las expropiaciones, y eso de expropiar al Country Club, le pareció una burla no al pueblo sino hacia él, pero creo que en el fondo su progresivo odio hacia mí fue porque sencillamente al comandante no le gustaba los gordos, quizás un resabio de los que sufre muchos  militares, en la medida en que alguno de su equipo engordaba, se desproporcionaba su silueta, lo rechazaba; dicen que por eso se divorció de Maríaisabel, porque su mujer engordaba mes a mes a punta de empanadas y Chávez definitivamente le tenía miedo a la celulitis, siempre he pensado que sufría de cacomorfobia, es decir, fobia a las personas obesas y por esa fobia, me apartó de cualquier proyecto, ministerio o proceso de la revolución. Aunque seguí con el proceso a mí manera, todos pensaron que era un loco intelectual que no encajaba con el devenir autentico de la revolución, una revolución que por culpa de los hermanos Rodríguez se transformó en un barco de ira que recogía las inversiones iracundas de las personas con la promesa de una venganza total o del advenimiento de una justicia global, esa fue mi última advertencia al comandante, del rumbo que tomaba la revolución en nuestra última conversación privada, sus últimas palabras hacia mí fueron: ¡ponte a hacer ejercicio!, ¡gordo de mierda! El capitán se levantó de la silla, subía los piso pensando qué equipo especial necesitaría para sacar a una persona con un cuarto de tonelada en su cuerpo desde un tercer piso subterráneo, obviamente necesitaría a un médico bariatra y personal especializado para estos casos, ¿habría en Venezuela? o sencillamente dejarlo morir de hambre como hizo la tiranía de Maduro al pueblo y donde él y su familia perdieron kilos, masa muscular y su padre parte de su visión por falta de nutrientes y vitaminas, pero la Corte Penal Internacional se lo prohibiría seguramente.

domingo, 24 de febrero de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (HÉCTOR RODRÍGUEZ)


Héctor Rodríguez Castro
JUVENTUD REVOLUCIONARIA
El almuédano sube las escaleras del alminar para el adhan, para comunicar la hora de la oración del Asr, comienza su canto: all ahu àkbar, los presentes reunidos en el patio de la mezquita se quitan sus calzados y realizan pequeñas abluciones antes de entrar al recinto para comenzar el salat. En una equina del patio está Hakem Alí, oía tranquilamente las voces de sus hijos y de su esposa que le explicaba que todo estaba bien en su casa de Londres, una vivienda de estilo clásico que mantenía una tradicional chimenea y su respectivo jardín, tenía años que no podía visitar a su familia, pero se sentía bien porque ellos vivían cómodamente, sus hijos estudiaban en las mejores escuelas y su esposa no pasaba necesidades. Apagó su móvil y rememoró cómo compró esa posesión; fue por casualidad, además estaba en oferta y muy cerca de la vivienda en la que Francisco de Miranda, el gran prócer, había vivido. La compró en el 2012, cuando estuvo algunas semanas visitando los principales puntos de interés de Inglaterra, además de asistir a los Juegos Olímpicos y aunque no era un amante de los deportes, ni siquiera los practicó, desfiló justo detrás de Fabiola Ramos, la abanderada de la delegación criolla como el flamante Ministro Popular Para el Deporte en la inauguración de esos Juegos. Rememora también cómo antes fue Ministro del Poder Popular para el Despacho de la Presidencia, con apenas 26 años, quizás uno de los ministros más jóvenes del país, aunque pudo haber sido ministro unos dos años antes, pero esto violaba la Constitución en su artículo 244 que dice que para ser Ministro en Venezuela se debe tener más de 25 años, por eso supo su destino desde muy joven: ser político. Lo supo en los pasillos de la Universidad Central de Venezuela, cuando todo era un caldo de cultivo y nadie tenía claro sobre el qué hacer político, él intuyó que el problema no es hacer discursos como si se contara con categorías que explicara la realidad, porque cuando se está inmerso en la acción política, no se trata de predicar la justicia o la democracia, ni repetir los análisis de los que se disponen con anterioridad y cuya insuficiencia se ve claramente; se trata de intentar devolver a la actividad aquellos conceptos de los que se dispone, y que se puede ajustar al momento histórico y por aquellos años el momento histórico se llamaba Hugo Chávez, él se logró insertarse en aquél momento histórico porque el comandante le agarró cariño luego de mostrar y demostrar a través de diversos argumentos y puestas en escena que los conceptos que disponía para aquel tiempo funcionaba, así compuso frases como: todo ser humano es un ser político, así que nadie es neutro, además el socialismo debe tender cada vez más a poner el poder y la propiedad en las comunidades, ya que en el fondo la democracia que había existido en Venezuela se había adormecido mostrando que la democracia es un debate de idea y se había apaciguado por la ineptitud de los adecos y copeyanos. Todos sus argumentos brillaban por saber usarlo en el momento histórico preciso, obligando en un programa de televisión que titularon: Lideres Estudiantiles de Ideas Distintas, que Jon Goicochea, su opositor en el debate, cayera en contradicciones, en la medida en que éste predicaba justicia, democracia, etc., muchos líderes revolucionarios de vieja alcurnia vieron entonces que ese joven universitario podía ser la cara de una juventud revolucionaria que necesitaban en ese momento histórico. Desde entonces recorrió ministerios, luego de guiar a los atletas del país por las calles de Londres, buscó dirigir a la juventudes socialistas desde el Ministro para la Juventud Venezolana, luego el presidente Maduro fusionó los dos ministerios, pero él saltó para el Ministerio de Educación, y así brincaba hasta llego a ser gobernador de su Estado natal. Durante años todo el mundo lo llamaba ministro, diputados, luego lo llamaron gobernado y en su más oscuro territorio de avaricias y momentos históricos soñaba con que lo llamaran presidente. Los cierto es que usar la retórica, los conceptos en los momentos claves de la historia funcionaba, y aunque él estuvo por mas de 10 años dentro de las principales carteras para la juventud revolucionaria, para la educación de los venezolanos y cargos legislativos, poca gente recordaba alguna obra precisa hecha en su período histórico, de hecho su frase más celebrada por sus detractores fue cuando siendo Ministro de Educación dijo: “No es que saquemos a la gente de la pobreza para llevarla a la clase media para después ser escuálido”, dejando un vacío epistemológico para aclarar: ¿qué hay después de sacar a alguien de la pobreza?, ¿qué es ser clase media?, ¿qué es ser un escuálido?; pero su frase se truncó, en el fondo quería decir: sacar a los pobres para que consigan la felicidad en unas escuelas diseñadas con modelos de Bakunin, con pedagogías libertarias, en aulas ácratas, creando escuelas semejantes a la de Summerhill en cada rincón del país, pero su frase trastabilló, se desconcentró y desde entonces sus argumentos se iban desvaneciendo, los momentos históricos apaciguando, proceso similar a los que vivía el poder al presidente Maduro. Ahora nadie le llama ministro, ni diputado, ni gobernador, ni Héctor Rodríguez, ahora camina por la calles de Estambul, reuniéndose en café con algunos colegas o hermanos de la fe, se ha dejado la barba y siempre usa la taquiah que cubre su calva, poca gente reconoce que él fue un líder de juventudes revolucionarias que nunca cuajó, juventud la cual la mayoría perdió la esperanza, sus estudios, muchos se exiliaron, no se consolidaron como hombres y mujeres de provecho para la sociedad, o entes civiles con valores éticos y morales que les permitiera construir una Estado más equitativa y justa, así que mucha de esa juventud terminaron en trabajos miserables, con hambre y con innumerables problemas de salud, entendimiento y vida. Ahora camina por bazares donde siempre compra alguna trivialidad o viendo los centenares de gatos que pululan por las calles o cruzando la plaza de Taksi, yendo hacia Nişantaşı, donde vive en un cómodo piso lleno de sueños sin momentos históricos, ya no es un ser político, reflexiona sobre sus esencia y se contenta ahora abrazando a la fe, sólo se le ocurre orar a Allah, quien no cabe en los cielos y en los mundos, y contentarse en silencio por la selección de su nombre musulmán: Hakem Alí, que posee el sentido de ser un altísimo gobernador.  

miércoles, 20 de febrero de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (FRANCISCO SESTO NOVAS)

Francisco Sesto Novas
POESÍA Y REVOLUCIÓN
Había escrito una vez que la poesía es revolución y la revolución es poesía, porque una revolución es un trastocar la realidad que es la esencia de la poesía: ver la realidad con otros ojos; ahora sus ojos ve sus posesiones que se reparten a lo largo de los ríos Miño, Alvia y Barbantiño, donde unas 300 hectáreas de viñedos le producía unos vinos blancos con la denominación de origen “Ribeiro”, además de poder recorrer con su amigo y crítico literario, Basilio Losada, su bodega dentro de una grieta en un acantilado donde albergaba más de 20.000 botellas a temperatura y humedad ideal, de diversas cepas y años. Poseía una casa que él diseñó y construyó con su constructora española y que estratégicamente salía como un manchón blanco en Google Map, y cuya única carretera era de uso privado por lo que era imposible acercase a ella sin su consentimiento. Colocada la casa en la cima de un peñón que daba al Oceano Atlántico frio y ventoso, que le había inspirado sus versos: Galiza nai e lume das asas destemidas, / Galiza nai e día dos eternos meniños, / terra xeitosa e queda facedora dos ventos. Se sentía bendecido, poeta como Neruda en su Isla Negra. Desde sus ventanales veía los atardeceres que siempre arropaba su Vigo natal y desde su biblioteca, llena de ejemplares firmados por escritores poetas que admiraba como Ernesto Cardenal, Norbeto Codina, Saadi Yousif, Octavio Paz, y así cientos, todos colocados entre dos incunables, uno era la Opera Latina de Francesco Petrarca de 1496 y el otro De Efficacia Orationis de Johannes Gerson de 1467. Así pasa los días Francisco Sesto, entre su biblioteca, sus constructoras y viñedos, está algo pasado de peso y con una larga barba, pero no importa, ya la poesía lo había investido. Bebía una copa de vino de Ribeiro mientras esperaba para la cena a su amigo escritor y político nacionalista Xosé Méndez Ferrin y a su colega arquitecto César Portela. Venían para hablar de poesía y de proyectos, como cuando se reunía, en su mejor época revolucionaria, con su amado Chávez. Ambos se reconocían como personas únicas, Chávez leyó y publicitó su opúsculo ¿Por qué soy Chavista? mientras el comandante le daba escritos suyos donde buscaba rimas entre la vastedad del llano, los ojos aguarapados de una quinceañera que ve una cabalgata de hombres rebeldes y aliados de Bolívar y de fondo, melodías de Alí Primera. Sí, su relación con el poder fue poética, lleno de musas y oportunidades, por eso trató de volver a Caracas la capital de la poesía a través del Primer Festival Mundial de la Poesía, los primeros festivales buscaron solidarizar la voz social con la conciencia proletaria, los últimos, las emociones con la lucha antiimperialista, así debía desenvolverse la poesía en tiempos de revolución. Él trabajó seriamente para aumentar la producción cultura del pueblo, Chávez lo apoyó en todas sus iniciativas con gruesas suma de capital, creía en él, le dio recursos para crear empresas editoriales trayendo impresoras ultras modernas de Alemania y de generar un libro por día para el pueblo, de productoras de discos con maquinaria para hacer CD y equipar instalaciones, y su corona, la realización de una Villa de Cine que equipó construyó para realizar grandes producciones donde Román Chalbaud u Oliver Stone, desenmascaran las raíces podridas del capitalismo dirigiendo a actores como Roque Valero, Fernando Carrillo, Tim Robbins, Kelvin Spacey, Sean Penn o Danny Glover, todos ellos curiosos activistas y actores que habían visitado al país y apoyado a Chávez, en sus conversaciones dieron ideas, como Glover, de hacer una película para rescatar la historia de Toussaint L’Ouverture, el célebre líder de la independencia de Haití, claro con un adelanto en dólares para Glover y quizás un mínimo de porcentaje para el midas de la cultura. El gallego habló con arquitectos, escultores, conservadores, músicos, artistas, en fin, con todo aquel que quisiera expresar las mieles de la revolución, donó y trajo a muchos artistas extranjeros, periodistas, fotógrafo; apadrinó las danza, el teatro y auspició la creación de la Universidad Nacional Experimental de las Artes, expropiando El Ateneo y defenestrando a su aristocrática directiva que nunca supieron sobre las fuerzas productivas populares y se escudaba en ferias navideñas llenas de capitalismo, amiguetes y drogas; editó parte de El Quijote prologado por Saramago y Los Miserables de Hugo para que la gente tuviera esperanzas y valores morales. Francisco Sesto era el mecenas de la cultura, había que tener ojos de poetas para ver la realidad desde la cual debías educar a un pueblo para que apreciara con otros ojos la revolución, proceso que Chávez mimaba. Luego comenzaron los cambios por la ineptitud de los otros, por lo que Chávez lo llamó para el Ministerio de Vivienda y Hábitat, pero la poesía no lo acompañó, la burocracia y la estulticia de los otros lo atormentaron, nunca había forma de disfrutar de una producción artística entre ingenieros, administradores y constructoras. Chávez lo intuyó, dándole todo el poder poético para la Transformación Revolucionaria de la Gran Caracas y finiquitara de una vez con los problemas de Río Guaire, los espacio de La Carlota y hacer que la ciudad dejara de ser vista como un ghetto y se transformara en una gran metrópolis que atrajera a los revolucionarios y las revolucionarias del mundo, pero Chávez murió demasiado rápido y al nuevo presidente no le gustaba la poesía sino la música de Juan Gabriel. No pudo mostrarle a Maduro lo necesario que era mantener la poesía transformadora, porque éste no sabía nada sobre rimas, de construcción de imágenes, a lo sumo algunos chistes y anécdotas sin florituras. Se volvió sombra, lo que le fue crucial para salir de una Venezuela esquizofrénica luego de que el dictador huyera a Siberia, gracias a su pasaporte español y a una carta donde explicaba pertenecer a la Real Academia Galega, además de mostrar que la palabra farruco no aparecía en ningún documento que enseñó, es decir, Galicia era su patria y Venezuela había sido una amante momentánea. Seguía esperando a sus amigos para cenar, pero de repente recordó su Premio Nacional de Cultura mención arquitectura 2015, algo que lo orgullecía pero le amargaba al recordar que muchos facinerosos de derecha lo habían obtenido como Sofía Imber, Orlando Urdaneta o Rafael Cadenas, lo que le daba cierto amargor a su garganta que diluía con otro trago dulce de su reserva especial de vino de Ribeiro.

martes, 19 de febrero de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (NELSON MERENTES)

Nelson Merentes
EL ALGORITMO DE UNA REVOLUCIÓN
Era su segundo café con un toquecito de cognac, este combinación le daba un sabor afrutado, que con el amargo del café, constituía uno de sus brebajes favoritos para soportar el grueso frío que acaecía en las riveras del Danubio. Veía por la ventana de su apartamento en la calle Andrássy, todas aquellas riquezas y ruinas que contenía Budapest como sombras de su pasado. Ese día había hallado otra posible solución a su problema favorito dentro del espacio de Hibert: dx(t)={Ax(t)+Bu(t)+f(t,ω,x(t),u(t))}dt+{Σ(t)+σ(t,ω,x(t),u(t))}dw(t) un espacio donde U,A:D(A)⊂X→X los unía en semigrupos logrando al final reducir todo a dx(t)=Ax(t)dt+Bu(t)dt+Σ(t)dw(t) obteniendo así crear una interesante fórmula para comenzar otras investigaciones matemáticas. Estaba contento con lo que escribía en esa tarde asoleada de invierno, pero también quería salir, ir de compras, quizás cenar en Kéli Vendémo, aquel restaurant con más de cien años de historia y que estaba situado bajo el puente de Arpad, allí podía saborear platos húngaros que sólo podían existir en las pulsiones de los más sibaritas; pero desde que, en varias ocasiones, viendo la iluminación del Parlamento desde el Bastión de los Pescadores, grupos de venezolano lo atacaban, salía cada vez menos. En su mente recuerda las imágenes de profundo odio en las caras de sus conciudadanos, le llamaban ladrón, hijo de puta, mal parido y especialmente coño de madre; una vez le lanzaron un gran vaso que se estrelló en su mesa salpicándolo de vidrios y cervezas. Alguna vez intervino la policía, pero no entendía nada de lo que ocurría, entre los gritos de los venezolanos que insultaban y quería golpearlo y el regular húngaro que Nelson Merentes había aprendido en su estada doctoral en la universidad Eötvös Loránd. Cuando dejó Venezuela, antes de la caída del régimen, decidió renunciar a su cargo, el problema había sido la imposibilidad de complacer al nuevo líder. Cuando Chávez gobernaba y él era el presidente del Banco Central de Venezuela, sólo tenía que ajustar cuentas con algunos algoritmos para darle el dinero y complacerlo. Llegó a pensar en tener una vida cómoda al jubilarse y para ello consideró que el arte de complacer abriría todas las oportunidades y ganancias, así que complació al presidente, a sus amigos, a sus familiares, especialmente a Adán Chávez, a los colegas revolucionarios de otros países y por supuesto se complacía a sí mismo, por lo que no era extraño que con unos amigos, en cada oportunidad y desde el Club Puerto Azul, salían en algunos de sus yates que siempre colocaba al nombre de un amigo que lo complacía para ir a la Tortuga, aquella legendaria isla que ocultaba piratas, con algunas botellas de cognac, whiskey o tequila y por supuesto, con algunas animadoras y aspirantes a Miss Venezuela que le divertían y le hacía olvidar sus penas de juventud. También dio caprichos a todas sus novias, donándole operaciones de senos o cirugía de nariz, pero luego de que Hyser le robara 300.000 mil dólares creando un petit scandale en la prensa nacional junto con una investigación a su pupila, Mariana, luego de su Miss Venezuela, lo habían cabreado. Al final logró parar los escándalos de su avatar como sugar daddy, complaciendo con dólares, porque ya los billetes en bolívares que firmaba valían cada vez menos, a algunos enemigos y periodistas sin escrúpulos. Pero no fueron sus pequeños caprichos, cabreos o complacencias lo que lo hizo renuncia sino la cantidad de personas alternas que asesoraban al presidente Maduro; desde Luis Salas, quien fue su Ministro de Economía explicando que: "la inflación no existe en la vida real", pasando por los españoles Serrano Mancilla quien escribió un texto titulado Las pruebas del crimen económico contra Venezuela, donde enfatiza las orquestaciones internacionales para quebrar la economía del país y especialmente a Juan Carlos Monedero, al quien no soportaba porque en varias reuniones repetía que Venezuela es un laboratorio de donde nacerán las nuevas consignas para la trasformación de la humanidad, hasta individuos del gobierno como Tareck El Aissami quien siempre tenía uno o dos amigos sirios o libaneses que podían arreglar la economía del país con bonos o advertirle a Maduro que con el Consejo Nacional de Economía Productiva todo se solucionaba, pero lo que realmente le molestó, es que a diferencia de Chávez, Maduro no entendía lo más elemental de las matemáticas, ni colocándoles las cifras en notación científica para que no se perdiera entre la cantidad de ceros que agobiaba la economía. Así que hizo sus cuentas y renunció ante las certezas matemáticas del que el país se iba al carajo y su estatus de sugar daddy menguaría. Ahora, a veces, se reúne en su casa con algunas adolescentes húngaras a las que le enseña matemáticas gratis y entre sonrisas y algunos pagos en florines húngaros, trata de divertirse, pero ve últimamente que algunas vienen acompañadas hasta la puerta de su casa con alguien con aspecto de matón a los que llaman hermanos, y a veces, algunos policías miran a su vivienda desde la calle señalándo sus ventanas, en fin, siempre teme que un anónimo termine su vida o robe su dinero, así que trata de regresar a las formulas matemática para olvidar sus miserias que nacieron un día en su Naiguatá natal.


lunes, 18 de febrero de 2019

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (MARIO SILVA)




MARIO SILVA GARCÍA
METAFISICA REVOLUCIONARIA.
Mario Silva se toma su vaso de ron mientras mira el mar desde su cuarto de seis metros cuadrados que le alquila la familia Valdés, lo hermoso de esa habitación es que  puede verse la Bahía de la Habana y a lo lejos su faro. Es un cuarto pequeño pero lleno de libros, especialmente de metafísica y de teoría revolucionaria, en una esquina algunos libros del Ché Guevara, Gramsci y un ejemplar del libro IMPERIO firmado por Negri y Hardt. En la mesa hay unos cuatro discos duros portátiles, aquellos que guardó para su seguridad y que no entregó en el lote de veinte discos duros que cedió a la CIA para que le permitiera llegar a La Habana y no terminar en la cárcel de Guantánamo como lo consiguió Padrino López al no permitirse detener las matanzas. Recuerda de pies, mirando por la ventana, cuando el mismísimo Chávez lo llamó el Robin Hood comunicacional, que robaba y se burlaba de las ricas empresas de comunicación, sus verdades, para contarle al pueblo la realidad de la revolución. Él nunca se ha sentido un personaje oscuro, manipulador, maquiavélico, cínico y charlatán como lo quisieron vender sus enemigo, él se sentía como maestro que tenía que educar al pueblo para que no fueran ignorantes y lograran reconocer los bulos y los fakes news con los que atacaron la revolución bolivariana, por eso siempre daba la cara, por eso siempre decía que verdugo no pide clemencia. Mario Silva se sienta frente a su computadora portátil, la cual no tiene Internet, así que no sabe lo que ha ocurrido en Venezuela en los últimos años, pero por los rumores que le llegan se imagina una Venezuela totalmente distinta a la que dejó. A veces, le han comentado por las calles y en reuniones por La Habana, que la Revolución Bolivariana del siglo XXI fracasó, pero eso es falso según él porque en realidad nunca la dejaron Ser. Desde que está en La Habana ha tratando de explicar esa función metafísica del Ser dentro del quehacer de una revolución; por eso abre el documento en su portátil que ha titulado: Metafísica Revolucionaria, un ensayo que lo alarga, mes a mes, para tratar de llevarlo a un libro. Lee y escribe, y reescribe el capítulo siete, trata de tomar el argumento principal de Aristóteles de que si el Ser se dice de varios sentidos, pero que sólo hay un sentido propio de éste, y según Aristóteles es la esencia. Mario Silva se toma otro trago de ron y se sigue preguntando cuál era la esencia de la Revolución Bolivariana, ¿sería como aseguraba Norbeto Ceresole, que la esencia de la revolución era Chávez porque el pueblo Venezolano le dio un mandato “claro y terminante” a una persona física y no a una organización genérica o una idea abstracta?, o ¿quizás, sea esa idea de substancia que Aristóteles define en su Metafísica, libro XII, y que se caracteriza porque es inmóvil en y para sí, pero que al mismo tiempo infunde movimiento a todo lo demás, por lo que su esencia es la actividad pura sin materia? Mario Silva escribe sus reflexiones pero cuando está a punto de termina cinco páginas de análisis y teoría derivada de aquella esencia que es actividad pura sin materia, se va la luz. Mario Silva se levanta y golpea la mesa, recuerda cómo su mal humor se disparaba al igual cuando hablaba con Diosdado sobre Cuba y éste se reía sarcásticamente jurando que sería el último país que visitara. Mario Silva quiere saber por qué se fue la luz, sale del edificio y al frente están: Luisito, Carmencita y Celestina, le pregunta si la luz se fue en toda la cuadra, responden que sí. Mario Silva se siente en el rellano de la entrada, recuerda que cada vez hay más apagones, para algunos, porque cada vez hay menos petróleo para los generadores eléctricos. De repente algunos amiguitos de Luisito entran juntos con él. Se reúnen cerca de Mario Silva, éste con su mística pedagógica le comienza a explicar metafísica revolucionaria. Uno de los amiguitos de Luisito le pregunta si en verdad conoció en persona a Fidel Castro. Mario Silva saca un smartphone y le enseña fotos de él con Fidel, de él con Chávez y de él sólo con una gorra de béisbol. De repente le cuenta un partido de béisbol entre Cuba y Venezuela donde el presidente Chávez fue pitcher, tercera base, cuarto bateador y casi madrina del equipo; ¿y Fidel?, preguntó Luisito. Fidel fue manager, desde el dugout hacía señas y cambiaba los jugadores, he inclusive engañó a Chávez mandándole unos negritos anónimos barrigones y barbudos pero que eran Orestes Kindelán, Germán Mesa, José Ariel Contreras. ¡Cuba ganó! Sentenciaron al unísono la voces de los niños luego de oír con alborozo las tácticas de Fidel y los nombres de esos jugadores. Sí, Cuba ganó y Mario Silva regresó a su cuarto después de subir los ocho pisos de un edificio cuyo ascensor dejó de funcionar una generación atrás. 

CUENTOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CONTADOS POR SUS CREADORES (NICOLÁS MADURO)


NICOLÁS MADURO MOROS
CUENTOS MADUROS
Maduro está en un lugar alejado en Siberia, en un apartamento sólo, le acompaña unos perros pequeños y un ruso alcohólico pero que habla español y fue de la policía secreta, y que ahora todos los días le pide la bendición mientras bebe un poco de vodka. Su mujer se quedó en alguna playa paradisíaca en el Caribe con sus mejores amigos, vendiéndoles a los turistas socialistas historias de revolución. Maduro entre el frío siberianos escribe sus memorias en forma de cuentos y lo titula: Cuentos Maduros, porque lo único que aprendió a escribir y a decir son cuentos cortos ficcionales que buscaron ser realidad porque sentía que tenía el don de la palabra. Hace mucho frío en Siberia pero sabe que esa tarde irá a visitarlo unos jóvenes comunista de Eritrea del Sur para tomarse fotos y saludarlo, a veces le llevan regalos como un kilo de azúcar o un aguardiente de la región, pero lo tiene que esconder porque el ruso borracho que lo atiende y vigila siempre le roba el alcohol. Ha adelgazado y eso lo hace sentir mejor. Escribe capítulo a capítulo su obra para exorcizarse del agobio que le hicieron Diosdado, los hermanos Rodríguez, Aristóbulo, Arreaza, Padrino, que lo volvieron títeres, pero que es esos momentos de gloria revolucionaria, él pensaba que era el iluminado de un pensamiento que Chávez había parido sin tintas ni argumentos. En los primeros cuentos Maduro relata cómo y dónde realmente murió Chávez y cómo fraguaron la última firma del caudillo para declararlo vicepresidente y así allanar sus pasos a la presidencia, también recuerda su Cúcuta natal y cómo nadie fue capaz de ver su partida de nacimiento y aunque es un documento público él pudo esconderlo de todos para siempre. También en estos primeros capítulos recuerda su admiración a la película Dr. Dolittle y sus momentos de epifanías cuando habla con pájaros, gatos y en la actualidad con sus perros, aunque estos le contesta en ruso. Los siguientes cuentos son cuentos de poder, de cómo atar conciencia con la ayuda de Shangó y menguar la economía, de cómo amalgamar fuerzas con Oshún en una asamblea constituyente, de cómo defenestrar intereses con Obbatalá y países cuyos presidente se han declarado inmortales, de cómo crear sumisión con la ayudas de Eleggúa y la repetición de una mentira, de un programa, de un cuento o por lo menos Andollo Valdés y varios miembros de G2 le explicaron y ejecutaron. Maduro pensó en escribir su historia de amor con Cilia, pero decidió prescindir de esas páginas donde su mujer le exigía a cada rato que tenía que ser un hombre, que tenía que ser fuerte, que era el hijo, el heredero del antiimperialismo, que era como un personaje de Marvel que ella admiraba, pero a la vez de cómo debía de ayudar a todos aquellos que le hacían la pleitesía a ella, mientras a veces, lo dejaba masturbar mientras ella hacía actos sexuales con algunos miembros de su guardia personal, la mayoría hombres negros cubanos de grandes penes, y mientras se la follaban ella le hablaba de Gala y Salvador Dalí, pero él no entendía mucho de metonimias y lo que siempre quería era correrse lo más rápido posible para luego fumarse un habano que le llegaban del gobierno de los Castro. Los últimos cuentos fueron sobre cómo le hicieron un jaque mate por malos cálculos de sus amigos y enemigos, de cómo al final los revolucionarios chinos se acostaron con el mejor postor capitalista y por algunas miles de hectáreas de terreno fértil para su soya, de cómo los turcos se contentaron con algunas toneladas de oro y a cambio le enviaron un avión con Salt Bae para que le cocinaba una carne de cordero en menta mientras huía del país, rumbo a Rusia, donde Putin pedía su culo, cientos de cuentas en paraísos fiscales, oro, diamante y coltán por las pérdidas que hizo a las empresas de sus amigos en Rosneft, Lukoil, Kaláshnikov. Ahora escribe los últimos capítulos de su libro de cuentos, mientras ve por Internet un país llamado Venezuela que no reconoce, pero eso sí, desde hace años tiene la costumbre de acostarse agradeciendo a cualquier Dios de turno que lo escuche el no haber terminado como Mussolini, Ceaucescu o Gadafi o con una vida miserable, aunque un cáncer de colón no lo deja evacuar bien por las mañana y a veces su mierda se desparrama en sus manos, en fin, Maduro debe terminar de escribir las últimas estrofas de su libro para pasar a la historia como otro bufón más.